No me gusta la mala comunicación, la comunicación poco efectiva. Es decir, nuestras sociedades están donde están debido a que en algún momento hace unos dos mil o tres mil millones de años pudimos empezar a poner en común las reflexiones que ya parecía eramos capaces de hacernos en privado; nos preguntamos por qué le quitabamos la cáscara al banano y luego se lo dijimos a uno de los nuestros que, quizá, estaba preguntándose lo mismo. A ver, antes de que se desarrolle cualquier sociedad es necesario que se produzca comunicación entre sus miembros, pero, para que sea humana, antes de que haya comunicación entre sus miembros es necesario que haya auto–reflexión, pensamiento autoreferido y autocomparado; esto es: la comunicación humana es una transferencia de datos cuestionados y reflexionados, ergo, revisados, dudados, analizados.
Auto–reflexión + comunicación = sociedad. Los animales no tienen capacidad de auto–reflexión, aunque tengan comunicación. Los humanos a veces tenemos comunicación, aunque no usemos nuestra capacidad de auto–reflexión. Hacerse preguntas a sí mismo es quizá más difícil que hacérselas a alguien más; pedir consejo es quizá más fácil que entender nuestros más internos dilemas, nuestras más personales dudas, nuestros más dolorosos recuerdos. Por eso digo: no me gusta la mala comunicación, la poco efectiva. Ser auto–reflexivo es ser capaz de comunicarse con aquello que está en nuestro interior, con nuestra conciencia, nuestro conocimiento, nuestros recuerdos y nuestra esencia. Preguntarse cosas no es encontrarse a sí mismo. No estoy hablando de espiritualidad, de hacer yoga o meditar tratando de dejar nuestra mente en blanco; estoy hablando de conocimiento, de razón. Estoy diciendo que: es bueno preguntarnos cosas.
En nuestra memoria (en nuestro cerebro, en todo nuestro cuerpo) está nuestra vida, y nuestra vida no es otra cosa distinta al cúmulo de nuestras experiencias, de nuestras acciones, de nuestras respuestas. ¿Pensar antes de actuar, actuar sin pensar? ¿pedir consejo, dar consejo? Pues sí, y no, también, o no. Más importante aún, al menos para mí: pensar antes de hablar, antes de decidir, antes de poner en común aquello que no te atreves siquiera a pensar en privado, antes de pontificar sobre lo que ni siquiera te has cuestionado, antes de proponer aquello que ni tú mismo harías, o que no sabes porque no te lo has preguntado ¿ya pensaste si lo que quieres decir es, en efecto, lo que te conviene decir; o si esa decisión es la correcta, o si ese insulto es el correcto? ¿No sería mejor una palabra distinta, tomar el camino difícil o usar ese otro improperio más indecente y apropiado? Y es ahora que me pregunto ¿publico o no publico este post, sigo o no sigo en este blog, abandono o no abandono la puesta en común de mis reflexiones? No lo sé, al menos me lo estoy preguntando; soy la única persona que me puede responder. Pongámoslo, pues, por ahora, en común.
¿Oiga y para cuándo la invención del calzoncillo aromatizante, no estaría mal una unioncita entre Gef y Glade? ¿Se imaginan el comercial? ¡ohhh Nariiices! ¿y los aromas: Tommy 'Gazzz' Hilfiger, Popo's Number Five, 360 Back Door Essentials –with vanilla Flavor–? Bendito, en serio ¿para cuándo el Calzoncillo Aromatizador? El taxista que me trajo hoy a casa podría usar uno, es más, creería que con carácter urgente.
"El movimiento de la cámara, reflejado en ese desenfoque que la recorre, no es casualidad. Mi pulso mermaba, mi nariz lloraba, el ambiente enrarecido por el gas estaba. Sobreviví".
Algo le cayó mal, seguro almorzó frijoles, aunque las lentejas también tienen su tumbao ¿o debería decir buqué? Quizá no tolera la lactosa, a lo mejor maneja lo que llamamos facilidad digestiva, y de pronto tiene una solitaria, no sé, a lo bien pobre hombre. Hace mucho no entono una oración y creo que hoy lo haré; una buena acción al día, decíamos en el Champagnat, es lo que nos hace mejores humanos y, mereciéndose este pobre señor un rosario, antes de dormir rezaré por el bienestar de su alma. Su cuerpo ya no tiene salvación.
Imagine usted: pide el taxi, es tarde, tiene afán, hambre, frío, en casa lo espera su familia, está cansado, ya puso alarma a la oficina, no tiene muchos minutos en el celular, llega el taxi, usted se emociona, sale contento, revisa que la placa sea la adecuada, lo es, usted se tranquiliza, camina hacia él, abre la puerta, siente algo raro pero supone que puede ser el perro del vigilante, entra al carro, el olor se base más evidente, usted se inquieta, da la clave de su teléfono, la dirección, cada vez huele peor, baja la ventana, saca su celular, toma una foto del victimario, se imagina muerto por intoxicación, simula escupir por la ventana queriendo eludir un poco el hedor, agradece vivir cerca, piensa en escribir sobre el señor, de quien usted ya no siente miedo sino pesar, lo cree enfermo, moribundo, desahuciado, le gustaría rezar por él, pero también deshacerse de él, se imagina un calzoncillo aromatizante, se ríe, por el olor por poco y se vomita, siente una piquiña en su nariz, cree usted que los calzoncillos podrían oler a vainilla, o chocolate, o limón, a lo que sea, pero no este hedor.
Va uno por la vida estudiando, leyendo, entreteniéndose y tal, y de una forma u otra cae en la cuenta de que sus libros no se guardan solos, de que un cierto criterio de organización es necesario y de que el negocio de la literatura no se ha reinventado como debería. En serio, nómbrenle a uno una revolución de mercadotecnia valiosa en las editoriales y uno dará por terminada su incursión en el mundo del emprendimiento ¡uno!.
Es decir, uno –premodernista, postrenacentista, variopinto y monicagellerista con sus libros– tiene una gran biblioteca en pdf, sí, carga algunos libros en el Ipad, sí, los tiene organizados por nombres en el computador, sí, les está poniendo etiquetas por tema, sí, pero también tiene libros en papel, libritos que huelen a nuevo, que huelen a viejo, que están subrayados, doblados, catanos y que se pesan en gramos y no en kilobytes; libritos, ellos, que uno quiere tener bien organizaditos.
Y entonces uno se imagina yendo a comprar una biblioteca, un mueblecito donde guardar los libritos. Uno se imagina comprando cosas modulares, se imagina no teniendo plata, no encontrando la adecuada, encontrándola pero no teniendo espacio pa meterla, se imagina peleándose con el vendedor, torturando al hacedor; se imagina, uno, que no encontrará el aparatico ideal, se imagina poniéndose a armar ¿será que sí, a armar?
Pero, y he aquí el pero ¿si las chocolatinas tienen albumes con figuritas, los periódicos colecciones de motos–carros–superhéroes; las revistas modelos a escala, los supermercados tarjetas de puntos, las gaseosas tapas premiadas, los pasquines cupones de descuento, los políticos tejas–tamales–notarías–embajadas por qué, coño, por qué a los libreros no les da por ofrecernos una bibliotequita modular, una?
Uno se imagina, entonces, una librería en la que por la compra de un libro le den a uno un pedazo de biblioteca (modular, uno modular, una modular), y por la compra de otro libro: otro pedazo de biblioteca, y por la compra de otro: otro pedazo de biblioteca. Es más, uno se alcanza a imaginar a dicha librería asociada con Lego, con una empresa de muebles, se los imagina recuperando a la Estralandia para el mundo y se los alcanza a imaginar asociándose, incluso, con una empresa de algo modular.
Uno es muy ingenuo, sí, pero uno lo que quiere es un cosito para organizar sus libritos, un cosito modular.
Del mismo productor –en plena quiebra–, guionista –venido a menos– y director –últimamente redirigido– de "Querido Ejecutivo", "Querido Ejecutivo II, maldita cotización" y "Querido Ejecutivo III, no hay derecho", llega una mini producción que partirá la historia de este blog en dos, bueno, en más de dos pedazos, todo depende de cuántos madrazos he de recibir, de cuántas otés le advenirán. Sigamos.
La jácara:
!Richieeeeee! gritó el director, creativo sí, no se burlen, el director creativo ¿Entoeees qué? le respondí mientras seguía mi camino; con gente de personalidad tan ambivalente uno nunca sabe cuándo un saludo puede pasar por graznido, y viceversa. Te necesitoooo, espetó al verme caminar hacia la luz, el gran ventanal que divide la oficina del jardín de las monjas que cuidan el reclusorio religioso de al lado ya no me vería bajar por las escalas para cambiar el aceite, mala cosa para mi bejiga. Me devolví, saludé, amable como siempre (porque créanlo o no, yo soy un tipo amable, a lo bien), y le pregunté ¿qué necesita compañero? un videíto viejo Richieee, sencillo, anotó ¿qué hay qué hacer? inquirí. Simple papá, dijo mientras sonreía, hedía confianza y veía orgulloso su presentación de power point. Al verla, sin exagerar, no pude dejar de pensar: ¿a dónde hemos llegado, cien diapositivas, cada una para una frase, que podría haberme mandado por mail en un, digamos guión, para no pedir demasiado? no es justo. Yo le paso estas diapositivas que estoy haciendo y usted me monta un video con la musiquita y los textos, apuntó ¿Si es tan simple por qué no me manda un guioncito de los textos, la música que quiere y yo le monto el video de una vez? le pregunté. No, no, noooo, viejo richie, aquí en el power point se lo voy montando paso a paso, una por una. Bueno, cuando acabe me las pasa y todo bien, dije, si algún día las acaba, pensé, y de aquello ya hace 7 días.
¿Cuándo perdimos la costumbre de escribir? me pregunté mientras proseguía mi camino al lugar del goteo ¿será muy díficil coger una hoja o abrir una aplicación para escribir textos en un computador y escribir un guión o, por si el término guión causa estupor cognitivo, algo más sencillo: un listado de frases ordenadito de principio a fin? me pregunté mientras sacudía mi masculinidad ¿Son estas las luchas que se viven en toda agencia, en toda empresa, en todo lugar donde proceder no es sinónimo de aprender, de conocer, de imaginar, de observar? me pregunté al sentarme nuevamente en frente de mi computador. Mejor me callo, mejor espero, sí, mejor, cuando venga con sus diapositivitas le haré su video y todo bien ¿qué más puedo hacer? me dije al terminar ese día, y me lo repetí al terminar esa semana, y lo recordé al iniciar esta.
Anteayer, cuatro días después, pasadas cinco horas de la jornada laboral nuestro amigo regresó. Richie ¿cómo vas? no te molesto con lo del video porque te veo estudiando, mejor mañana, dijo ¿y cuál es el problema con que esté leyendo? pase eso de una vez y lo hacemos que si estoy leyendo es porque tengo tiempo, y mañana no voy a tener, le respondí.
No viejo Richie mañana mejor / yo mañana no voy a poder, tengo que hacer los comerciales, usted ya sabe cuáles, de cada semana y a las cuatro y treinta salgo para clase / Ahhh pero mira que es para una licitación súper importante y lo necesitamos, y si nos va bien te voy a invitar a un fiestononóooon / Ajá, fiestón, jajaja ¿y a usted quién le dijo que yo voy a fiestas? además ¿y si es tan urgente por qué no me lo ha pasado? / es que no he acabado con las diapositivas, pero ya casi, ayúdame / ahhh ¿pero no era urgente ya desde el jueves? / Risas, miradas incongruentes, una palmadita en la espalda y: vamooooj don Richie, usted me va a ayudar / Claro que le voy a ayudar, ese es mi trabajo, lo que no quiere decir que vaya a hacerlo contento. Hay métodos de métodos. Tráigalo cuando pueda.
La lucubración:
Parece ser cierto aquello de que la cultura del power point atrofia, que pensar en diapositivas es peligroso para la coherencia mental y que pensar en hacer las cosas tan sencillas como se pueda ya no es costumbre, no sé si alguna vez lo fue. Parece, también, que el problema no es solo de pensar powerpointianamente, el problema está en la actitud que se tiene ante los procesos mismos, ante el conocimiento mismo, ante el método. Hagamos un ejercicio, mi ejercicio.
Digamos que no soy productor, que no soy postproductor, que no sé hacer videos. En ese caso, si necesito un video en el que a un dossier de textos le pongan música para intentar convencer a un cliente de que soy su mejor opción, y si además tengo afán, verdadero afán, auténtico afán ¿qué hago?: 1) Hago un listado de las frases en orden de aparición (asumiendo que, contrario a lo que se supondría como ideal, no tengo ni puerca idea sobre qué es un guión, una escaleta o un storyline), 2) escojo la música, 3) mando un mail a quién sí sabe editar y le digo: 'Adjunto textos en orden para armar un video en relación al ritmo de la música que también está adjunta, gracias; y 4) si tengo alguna idea estética pues la transmito, así: 'Por favor tratar de: no usar tipografías con serifas, que los textos queden siempre en una sola línea y que el cambio entre texto y texto esté marcado por un cambio en el ritmo musical, gracias' ¿qué tan putamente díficil puede ser?
La ley:
"La creatividad, como la humanidad: nace, se reproduce y muere".
Las notas:
* Mera ficción, por supuesto, lo escrito aquí –al menos en este caso– es pura ficción.
* Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Pasaron los días, muchos días, demasiados días, y seguía estudiando; él. No sabía, en efecto desconocía, ni siquiera intuía, qué era de su vida, de sus vidas. Hace días no vamos a comer, le decía; ella. Hace días no vamos a cine, hace días no nos tomamos un vino, hace días no te veo, hace días no te hablo, le decía.
«Me manipulas, me modelizas, me realizas, me sancionas»
¿Él oía? tal vez no sea hoy el día, ese día, nuestro día, pensaba. Pero es nuestra vida, hoy es nuestro ayer recogido y nuestro mañana en cocción, hoy es lo que pasó hace días y lo que no pasa hace días, lo que pasará en unos días, escribió. Sabes, poderte de lejos no mejora mis días, saberte lejos desesquematiza mis días.
«Eres el actante manipulador de mi querer–amar, de mi querer–querer;
eres, entre otras cosas, mi objeto modal de deseo, mi poder–amar y mi poder–querer;
me realizo, sí, si amarte puedo y si quererte puedo»
Pasaron los días: verte quise y poder no pude, olerte quise y saber no supe. Él, que escribe y lee, que se va y se queda, que está y no está, decidió meterla en su lectura, sucumbirla en su locura, extrañarte en tu presencia. Iremos a cine, cenarán un día, tomaremos un vino, hablaremos como hace días.
«Eres, más que todas las cosas, el objeto de valor de mi esquema narrativo»
*
R¹ ⋃ OV[J]¹ = Sujeto 1 (R¹) está en disjuncióncon ( ⋃ ) su objeto de valor (J¹).
R¹ ⋂ OV[J]¹ = Sujeto 1 (R¹) está en conuncióncon ( ⋂ ) su objeto de valor (J¹).
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En caso de buscar más información sobre el modelo actancial de Greimas favor no preguntar.
País endemoniado y de doble moral en el que residimos, nación corrupta y malintencionada a la que pertenecemos, sociedad xenófoba y separatista la que nos congrega, no somos nada, ¿país?.
Ley #1: Reconocernos como diferentes es lo que nos hace excluyentes.
Un día el director técnico de la selección nacional de fútbol de su país, a la salida de un bar de chistoso nombre y dudosa procedencia, golpea 'brutalmente' a una mujer; el asunto se vuelve público y los testigos son entrevistados en todos los medios de comunicación. La nación se escandaliza. Grandes plumas, padres de familia, voces de influencia, amas de casa, políticos de renombre, políticos en busca de un nombre, políticos sin nombre, periodistas en declive, periodistas en ascenso, hermanas, tíos y otros muchos indignados escriben en su contra, hablan de su crimen, le exigen que renuncie, piden su cabeza.
Otro día, algunos meses antes del otro –el día en el que aquel técnico cascaba a la dama que le acompañaba–, el gerente general del equipo de fútbol de una ciudad intermedia (muy intermedia), en una reunión de fraternización entre empleados, directivos y equipo técnico, rompe la nariz de uno de los jugadores; el asunto se vuelve público y los testigos son entrevistados en todos los medios de comunicación. La ciudad casi se escandaliza y el puñetazo se vuelve –más o menos– noticia nacional. Pequeñas plumas, algunos padres de familia, voces con alguna influencia, una que otra ama de casa, algún político, uno que otro periodista, el papá de la víctima, el tío y algunos otros indignados se manifiestan en su contra, hablan de su crimen, le exigen que renuncie, piden su cabeza.
Oráculo #1: Negro con saco, se pierde el negro y se pierde el saco.
A la mujer golpeada por el técnico nunca le vimos la cara, no denunció el ataque ante las autoridades; el técnico, a través de un escueto comunicado de prensa, aceptó que la había 'levantado', pidió disculpas y renunció a su cargo. Al jugador le oímos relatando cómo su jefe le había golpeado sin ninguna provocación, no hubo denuncia; el púgil, digo: el gerente, también aceptó haber atacado al jugador de su equipo –su empleado– sin previa provocación. Pidió disculpas, se justificó y no renunció. Los jefes del técnico decidieron no aceptar su renuncia, los jefes del gerente decidieron no exigirle la renuncia.
Ley #2: El problema no es la violencia, el problema es que decidamos perdonarla.
Los hinchas de la selección, pasado el escándalo del 'manotazo a la dama', hoy se preocupan más por saber quién será el nuevo técnico; los hichas de aquel equipo de ciudad intermedia hoy se preocupan más por saber si su equipo perdió o gano ¿No nos importa si la federación de fútbol patrocina el maltrato o la exclusión, cierto? ¿no nos importa si nuestro club profesa amor por el encarcelamiento, no nos importa si aceptan la vejación? Nación olvidadiza y ambibalente.
¿Por qué es más grave que le peguen a una mujer? ¿acaso es más fácil aceptar que le peguen a un jugador de fútbol? ¿será porque es negro, porque no fue a la universidad, porque no quiso seguir trabajando en un equipo en el que no le pagan? Somos un combinado de racistas escondidos detrás del título de sociedad humanizada e incluyente. Pareciese que nos limpiamos la suciedad de entre las posaderas con las páginas de esa constitución pluriétnica y multicultural que tanto celebramos, que tanto modificamos, que tanto ignoramos.
Oráculo #2: A la mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa
Eso dicen, yo diría: a nadie se le pega ni con el pétalo de una rosa, y ahí si vamos jugando. Sí, hay hombres que le pegan a las mujeres y hay mujeres que les pegan a los hombres, hay maltrato físico y psicológico, hay maltrato laboral y familiar pero asumamos de una vez que la violencia es mala en cualquier presentación y empaque, negarla no es la solución; hace parte de lo que fuimos, somos y seremos. Ahora, si vamos a juzgar actos violentos hagámoslo en territorio de igualdad, no en uno en el que unas cosas son más graves que otras. Si vamos a dar segundas oportunidades, con las que estoy totalmente de acuerdo –porque todos las hemos necesitado alguna vez– , hagámoslo desde un discurso de perdón y reconciliación, pero no desde uno que olvida y clausura, no desde uno que prefiere negar que discutir. La ambigüedad de los discursos con los que defendemos nuestros intereses va a acabar con aquello que llamamos ética, con aquello que nos deja diferenciar el bien del mal. No nos echemos pues el cuentico de que el futuro de la humanidad depende de olvidar lo que nos averguenza y desprendernos de los que no están a nuestro nivel, a otro tintero con ese descafeinado. País.
Esto del equilibrio es una cosa dura, en serio, uno cree que ser bueno es bueno y que ser malo es malo, pero no ¿o sí? uno cree que estudiar es bueno, que no hacerlo no ayuda, uno cree que descansar es bueno pero que en exceso cansa, también; uno cree que trabajar es provechoso y que no hacerlo es inapropiado ¿acaso tendré alguna vez la capacidad para no pensar desde el mirador, desde detrás de la cámara, desde la mano que escribe, desde la boca que habla, sino, por variar, desde el ojo que traduce la luz, desde el cecedé que la vuelve binaria –no binaria, binaria, no binaria–, desde el lapiz que escribe el guión, desde las ondas que se vuelven palabras? ¿será? o ¿será que lo que quiero es no pensar desde ninguno de los extremos? ¿será que el problema es mío? todo es un asunto de perspectiva y la mía está, para resumir, en receso; en suspensión.
Ley #1: "Confiar es rendirse, es dejar de dudar. Dudar es rendirse, es dejar de confiar".
Y es así como, en el transcurso de un buen tiempo y tras una serie de inquietudes de variadas procedencias, llegamos a la pregunta ¿escribir o no escribir?.
Inquietudes: 1) Mi mamá, lectora número uno de esta esquina de la red, pregunta: ¿Richi por qué no ha vuelto a escribir en el blog?, lo tiene como abandonado. 2) El editor jefe de La Patria, comedido profesor que me enseñase redacción noticiosa en una época en la que aún veía mi futuro como reportero de algún periódico y que por no se cuál razón le da rienda suelta a este blog en la web de su diario, me dice: "Y a usted, señor, se le acabó el mundo y no nos dio más en su blog. Manos a la obra, jovencito". 3) Mi hermana (ita, hermanita), lectora número dos de este conjunto de ceros y unos, le pregunta a mi mamá: ¿mami a Richi qué le pasa que no volvió a escribir en el blog?. 4) Mi esposa, presidenta (!CIO = C.E.O!) de la sociedad Bustamante-Ramírez y razón sine qua non mucho de lo mío no tendría propósito, me dice en medio de una jocosa charla: "Deberías escribir en el blog sobre... (lo que probablemente sea la próxima publicación".
Oráculo #1: "El que duda no sabe de cosa alguna"
Respuestas: 1) Le digo a mi mamá: Ahhh mami es que estoy descansando de todo, no tengo mucho afán por escribir en estos días; a lo que ella me dice: bueno richito, descanse pues que uno siempre necesita tiempo {tiempo para dudar, pienso yo} 2) Le digo al ex-profe: estoy de vacaciones, a lo que me responde: hasta ahora me entero que los blogueros tienen vacaciones, y le digo: los bloggeros no tienen reglas, afanes, horarios; escriben cuando pueden, quieren o necesitan, y yo estoy descansando, por ejemplo {y en serio estoy descansando, aunque aún no digo porqué ¿cierto?}. 3) Le digo a mi mamá: Dígale a Gloria que estoy al pelo má, mejor que nunca, pero que sigo descansando; uno de estos días vuelvo a escribir. 4) Y le digo a mi esposa: "(...) jajajaja sí, debería escribir sobre eso, las señales son cada vez más claras; uno de estos días vuelvo a escribir por allá (acá).
¿Y por qué no estaba escribiendo?. Porque no quería.
Ley #2: "El equilibrio como armonía entre extremos no es más que el principio de toda desviación".
No quería escribir porque de tanto hacerme preguntas fundamentales olvidé cuestionarme las nimiedades y el mundo no está como para que se lo anden cuestionando tanto ¿o sí?. ¿Qué bien puede traerle a mi vida, al devenir de la humanidad, al almuerzo que comeré mañana, al partido de fútbol del domingo, al paseo que le daré a Arnulfo el próximo jueves o a las elecciones que se den en un mes que yo, o cualquiera como yo, o cualquiera que piense distinto a mí, se las dé de crítico, pose como escritor y termine como escribidor?, ninguno diría yo. Tampoco le hace mal ¿o sí?. Toda opinión es libre de ser escuchada, leída, apreciada o despreciada y el que aquí viene lo hace por sus propios medios, mi magnetismo (si acaso lo tengo) tampoco es ley. El caso es que no me cansé de opinar, no me cansé de pensar el mundo ni de pensarme a mi mismo, simplemente me cansé de escribir, me cansé de narrar, me cansé de procesar información desde mi punto de vista, porque todo es un asunto de perspectiva y la mía está de vacaciones.
Oráculo #2 "Preguntar es gratis"
La verdad es que me gustaría armar un tropel y sacarle la rabia a alguien, quisiera orquestar una tormentica en un vaso de agua, una discusión por una palabrita, una pelea por un errorcito; quisiera, en serio, argüir por lo no defendible, satisfacer una vez más mi sed de debate con la única intención de contemplar, desde la distancia, desde el futuro, lo sabrosa que estuvo la escena, lo potenciadas que salieron esas palabras de la boca de mi contendor, lo agitadas que estaban nuestras manos en el proceso y lo rojos que se pusieron los rostros de uno y otro; pero no, no lo haré. No sudaré ni salivaré, no hablaré ni gritaré; no descansaré luego de horas y horas de lucha retórica, no dormiré en paz tras presenciar el sufrimiento en las palabras de mi oponente, no dormiré en paz tras sentir el sufrimiento en mis propias palabras. Yo ya estoy en paz.
¿Quiere decir esto que como ya no escribo lo que pienso entonces ya no pienso, que como mi perspectiva está de vacaciones entonces todas mis dudas están resueltas, mi mirada sesgada y mis oídos tapados? ¿será que ya no soy capaz de sostener una buena discusión? ¿acaso ya no me interesan las discusiones?. Tal vez no, tal vez sí. Estoy en un proceso de desasnamiento, estoy tratando de repensarme, estoy tratando de reaprenderme, y para eso uno necesita tiempo, como diría mi mamá.
Hace casi 9 años escribí este texto sobre una señora amabilísima llamada Luz Eliza Martínez como parte de un ejercicio universitario; nunca salió publicado, seguramente no lo merecía. Pasó el tiempo, abandoné Manizales, cerraron el hospital, lo reabrieron (¿sigue siendo un hospital?, yo aún no entiendo) hicimos un remedito de documental con ella y, luego, nunca la volví a ver ¿qué será de ella?, qué historia tan bonita la que me contó. Se las comparto.
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Si de sobrevivir se trata, la desgracia de los demás también sirve.
“Ni prostituta, ni ladrona, ni asesina”
Es viernes, son las 6:30 am. El Sol se asoma con disimulo, Luz Elisa ya alista empanadas, buñuelos, tortas de choclo y todos los productos que vende para vivir. Su jornada se prolongará hasta las seis de la mañana del sábado siguiente.
La semblanza de una mujer Gordita, vestida siempre con un delantal blanco, que organiza sus grandes gafas de vez en cuando y fuma de cuando en vez, como dice, no es siempre la primera imagen que se ve en la sala de urgencias del hospital Universitario de Caldas pero sí es el recurso más inmediato para escapar del frío y la incertidumbre que genera la espera del ser herido... perdón, querido.
Luz Elisa Martínez de Cuervo es una de las tantas personas que vive de la muerte, las enfermedades y la tristeza de otros. La Gordita, como le dicen en el sanatorio caldense, sitio en el que trabaja, es una mujer de 45 años de edad, madre de Alejandro y Santiago, viuda hace 24 años, abuela de Santiago y Laura, y dueña de tantas enfermedades como décadas de vida. Lleva 8 años levantándose con los pájaros y acostándose con los búhos en el afán de vender sus cositas.
“Ella es una señora muy graciosa y trabajadora, uno la ve todos los días en el hospital vendiendo de todo y cualquier hora, además siempre está riéndose”, comenta Juan Carlos Pineda Ruiz, interno en Medicina general y uno de sus más fieles clientes. La señora Martínez de cuervo se levanta de lunes a viernes a las 6 de la mañana para trabajar la jornada entera hasta las 6 de la tarde; los viernes, cuando inicia el fin de semana, trabaja hasta las 2 o 3 de la mañana porque, con exactitud, a las 18 horas militares cambia su sitio de venta.
Entre semana La Gordita se ubica todo el día a unos cuantos metros de la entrada principal del hospital, pero los viernes, “muy a las 6 de la tarde estoy cambiándome para urgencias porque es donde hay más movimiento por aquí”. Luz Elisa no sabe si trabajar de día o de noche le da más dinero, sin embargo, sí está segura de que las historias de muerticos y heriditos que conoce los fines de semana nunca se le van a Olvidar.
“... uhmmm, es que por acá me toca ver cosas muy tristes, por ejemplo 2 historias que recuerdo mucho. Una pareja que trajeron en un tasi muertos todos 2. Eran un par de jóvenes, les pegaron y les dieron tiros. Cuando llegaron ya no había nada qué hacer y...” no sólo historias como esta narra la única vendedora de tintos, cigarros y confites de las noches hospitalarias.
Esta mujer siempre cuenta lo que recuerda de forma calmada, con una delicada sonrisa en su boca y muchos ademanes en sus dos manos, que por cierto, pequeñas y gorditas se parecen a las Winnie the Pooh. “...el 8 de diciembre del año pasado un muchacho que trajeron de Anserma con una puñaleta clavada acá en la Cabeza (señala el centro de su cráneo con una de sus manos), lo recuerdo mucho porque vino vivo, normal, pero con la puñaleta acá en todo el centro. Ese día no pudieron hacer nada porque no estaba el cirujano, al otro día que le sacaron la puñaleta el muchacho falleció.”
“ENFERMITA Y TODO, AMO LA VIDA”
“Puede que desgraciadamente yo sobreviva de la desgracia de las otras personas pero qué podemos hacer, soy muy necesitada y muy enferma y de algo tengo que vivir”. La Gordita es una mujer fresca que charla rico y vende tintos a las personas que siempre esperan la peor noticia.
A los 15 años se casó con el Señor Arturo Cuervo García de 56, según ella porque lo que le interesaba no era “la plata ni que era adinerado, sino la persona, la personalidad”. Su esposo era dueño de 3 panaderías, 3 hijos y unos cuantos pesos más que ella. Cuenta Luz Elisa que cuando él murió, 6 años después de haberse casado, sus 2 entenados (o hijastros) la echaron de la casa, le quitaron todo el dinero y sólo le dejaron su ropa, los conocimientos en hornería, panadería y pastelería que le había pagado don Arturo en el Sena y 2 bocas hambrientas que alimentar.
“Después de que me dejaron en la calle me tocó ponerme a trabajar a lo bien, porque yo nunca he sido ni prostituta ni ladrona ni asesina. Yo he trabajado honradamente. He sacado gravilla y arena de los ríos, cargado volquetas, pintado casas, he sido empleada de familia y pues ahora vendo mis cositas, desde que me enfermé”.
Sí, desde que se enfermó. La Gordita es una mujer que carga a sus espaldas problemas asmáticos causados por los fríos que recogió trabajando en los ríos y los residuos de polvo que acaudaló cuando hacía bolsas para empacar papa con las que sobraban del cemento de las construcciones.
Martínez de Cuervo es -si el asma parece poco- una mujer que no sabe si por sus genes o por el estrés de la vida que ha llevado ya tiene un preinfarto encima, lleva 22 años como paciente siquiátrica y está semi-invalida por culpa de una sobredosis de anestesia que le aplicaron hace 10 años en una operación de várice en el Hospital Universitario, lugar en el que consigue la platica para vivir.
Su hijo Gustavo dice que su “mamá es un alma de Dios que ha sufrido mucho y que se lo merece todo”, pero hay un problema: no lo demuestra. Siempre está allí sentada, echándole ojo a lo que pasa en urgencias, a cuantos muerticos pasan para la morgue y cuántos heriditos logran vivir más de una noche.
La Gordita dice que no va a dejar de vender tintos, milo, aromática, buñuelos, pan, empanadas, sanduches, leche caliente, dulces ni cigarrillos, ella y solo ella va a proveerle a los desdichados y a los tristes un tinto para pasar la pena, para esperar el milagro o simplemente para sobrellevar el frío de las noches manizaleñas.
PS: aquí les dejo el documentalito, depronto la reconocen.
Me llamo Ricardo Bustamante Echeverry, soy manizaleño de nacimiento y de corazón, tengo 27 años (hasta nueva orden) y desde 2004 resido en Bogotá. Salí de mi ciudad buscando abrir mi panorama, desarrollar la profesión que escogí y compartir mi vida con una hermosa mujer, caldense también. Llegué a la capital, pues, con varios objetivos en mente pero siempre con uno clarito clarito dibujado en mi inconsciente: volver, algún día volver.
He trabajado sí, creo que me ha ido bien. Cada tanto, si la deplorable carretera que osa llamarse vía Manizales-Bogotá y el charco que tenemos por aeropuerto lo permiten, viajo a encontrarme con los míos y con lo mío. La familia, el calor humano y la tranquilidad que se vive en el adorado terruño son incomparables; absolutamente, pero, son muy pocos los que pueden disfrutarlo y decir que hacen lo que les gusta, que tienen un trabajo estable o que están laborando en aquello para lo que se prepararon.
Cuando decidí invertir mis ahorros en un bien ubicado en Manizales muchos de mis conocidos se preguntaron ¿por qué?. No hay respuesta sencilla a esa pregunta, hay muchas variantes, pero lo que sí puedo decirles es que el deseo permanente de volver influyó demasiado.
No sé cuánto valió el predial el año anterior, bueno, en realidad no recuerdo, pagué lo que debía; pero es que el aumento de este año fue desmesurado. Mi papá, gran ciudadano él, vio aumentar el suyo en un 40% con descuento, sin descuento hubiera llegado casi a un 60%. No sé qué pensarán ustedes pero el palo no está pues para cucharas.
Yo pago impuestos no por miedo, lo hago porque reconozco el valor que tienen en el sostenimiento de la sociedad, pero no me digan que esto es normal, no seamos tan incentes. Lo normal es quejarse; lo normal, en serio, es que mi papá llevase la carta que dejó ante la administración pública para hacer notar su inconformidad, lo normal es que haya abogados demandando (y si no los hay apúrenle pues) y periodistas investigando; lo normal no es quedarse callado y aceptar, lo normal es discutir por nuestros derechos, y si estos son atropellados de manera tan evidente lo normal es que haya gente protestando, gritando, marchando; lo normal es que, digo, sería, que tanta queja no fuera en vano.
El carro que tengo tiene placas de Manizales, sus arreglos y mantenimientos prefiero hacerlos allá; prefiero los odontólogos de mi ciudad y allá, en Manizales, operé mis ojos hace casi nada; si pienso (cosa que a veces hago) en montar algún negocio lo imagino en Manizales, Manizales; ay! Mi manizales del alma siempre estás en mi mente, para bien y para mal.
Me gustaría disfrutar la tranquilidad que tanto profana mi ciudad, la calidad que tanto pregona, pero no es así; hoy tengo los bolsillos casi vacíos y el corazón de manizaleño aporreado. No hay explicación para que las sillas del estadio valieran más, para que el alcalde viaje más que Héctor Mora, para que el TIM no funcione, para que las industrias cierren y para que los Call Centers sean la insignia de la ciudad alguna vez universitaria, alguna vez cultural, alguna vez polo del desarrollo nacional.
No hay derecho, no lo hay. Yo sí estoy con Manizales, Manizales parecer no estar conmigo; y al no estarlo, le está dando la espalda a todos los que partimos y quisieramos volver, a todos los que parten, a todos los que están.
Richitelli.
(Y Bogotá no colabora. Una hora metido en un trancón es la responsable de tanta cháchara en este Post; hasta el próximo tac)
Sí, quiero estudiar semiótica y por esa mera razón me tocó escribir un ensayo para aplicar a la maestría. Pase o no pase el trabajito quedó hecho en medio de los afanes del día a día laboral y demás vicisitudes de todo hijo humanado. Ahí se los dejo por si quieren leerlo, no es nada del otro mundo pero no deja de ser una parte de mí, y pues lo mío está aquí. Suerte gente.
Es decir, ¿qué tan díficil es diferenciar el olor de un saco guardado humedo de uno que se guardó seco; qué tan complicado es cederle un puesto a una mujer embarazada o dejar pasar un peatón en una cebra? ¿acaso es muy complicado pensar antes de hablar, cotizar antes de prometer, calcular antes de arriesgar?.
En este pequeño espacio de lo intangible -que no es tanto así, o sí- se odian muchas cosas y se quieren otras tantas. Aquí se detestan las toallas cuadradas y las chanclas blancas; la ropa brillante, el tiempo perdido sin deseo de pérdida y el amor por la insensatez. Es decir, aquí se gerencia con una premisa clara: la felicidad radica en tener claro qué gusta y qué no.
Es más fácil, según el saber de esta administración, satisfacer lo que se quiere si se puede excluir lo que no. Esto es: si no le gustan las matemáticas entonces no estudie ingienería, si no le apetece la cebolla pues no coma cebolla, si no le gusta la religión pues entonces sea ateo. Sin embargo, trate de ser un poquito comprensivo y no atormente al resto de la humanidad con su introversión.
Ley:La insensatez es la madre de todos los males; sensata la decisión de aquél que la definió. Sensato-insensato.
Yo -y me pongo como ejemplo porque no conozco nadie más insensato y todos tenemos algo de eso- detesto los labiales, las faldas cortas, los escotes, el maquillaje extremo, el calor, el sudor, las discusiones inútiles y la repetición; detesto la repetición, me debilita que me tomen por tarado y reiteren sobre lo reiterado aquello que ya me han dicho. Yo, gerente y obrero de esta maltrecha e insensata bitácora; desprecio la falta de oficio, la falta de norte, la falta de decisión. Es decir, yo sí creo que uno tiene que ser firme hasta para mamar gallo, claro, si vamos a descansar es a descansar, si es a trabajar es a trabajar, si se trata de desobedecer pues se trata de desobedecer, pero pa'l carajo con las medias tintas.
Algo va de ser comprensivo, por supuesto, a ser un pelele de profesión. Si es dulce es dulce pero no me le echen arequipe a la arepa pues que no me gusta. Me encanta el libre pensamiento y que todos puedan pensar lo que les dé la gana y hacer lo que quieran, pero a mí si no es con argumentos no traten de convencerme con fé. La fé es un asunto personal e ineludible y cada quién cree en lo que quiere y puede; porque asúmamoslo: cada cultura circunsbribe las fronteras de nuestras creencias, de lo que aceptamos y negamos, de lo que queremos y odiamos.
Oráculo:Del tingo al tanto y del tango al tingo.
Porqué no seré un sensato más, seré un insensato más. De insensateces, docilidades, extremos y cosas atroces está lleno el mundo, pero de sensateces también. Sensato es aquel que actúa con prudencia e inteligencia, es decir que: insensato es su contrario. Seré el némesis de los extremos, el paradigma de lo indefinido. Yo quiero ser un Sensato-Insensato equilibrado y mallugado, canoso y cariñoso, quizá un poco odioso y riesgoso, tal vez un tanto débil y lloroso. Quiero ser, y soy y no lo soy, un sujeto del común y del corriente que calcula su vida tanto como puede, tanto como quiere.
Llueve agua, llueve granizo, llueve felicidad, llueve impaciencia. Caen montañas, caen personas, caen árboles, se cae el mundo. Pasa la vida que son días a gotas; pasa el día, que son horas a gotas. ¿Es momento de pensar en la lluvia o es momento de pensar en la vida?
No soporto la levedad del aire, sí acaso es leve, si acaso es límpio. No soporto la pesadez de una media mojada, de un zapato roto. No soporto la estúpidez de la espera, la democratización del tiempo.
Llueven derrumbes, llueven los ríos; llueve la tierra, llueve la vida. Cierran vías, se cierra la vida; caen los días, caen manías. Pasa la hora, que son momentos de otrora; pasa el hoy, que mañana será ayer. ¿Es momento de contar las gotas o es momento de contar historias?
No quiero álborotos estómacales, no quiero perder el tiempo. No quiero derrumbes, ventiscas, inundaciones, ahogados ni cierres. No quiero, quiero y no quiero, perderme un minuto de lluvia.
Oráculo #1:"Esta tarde vi llover, vi gente correr y no había bus"
Hace 15 días estuve encerrado 2 días en el aeropuerto de Bogotá porque el clima no me dejó salir y porque el país se nos quedó tan cortico que transitar por él se convirtió en un nuevo deporte extremo. ¿Qué pasó con la navegabilidad del río magdalena? ¿dónde están las autopistas y doble-calzadas? ¿en qué va el tunel de la línea? ¿por qué Manizales-Bogotá no tiene una vía más decente? ¿por qué la llegada a Pereira siempre está en arreglos? ¿en dónde demonios está el avance en Aero Palestina? ¿por qué nos dejamos explotar y maltratar de aerolíneas como Avianca y Aires? ¿en dónde están los derechos de los viajeros? ¿por qué en el aeropuerto un buñuelo vale $2.000, acaso es importado de París? ¿Cuál es la razón para que no evacuemos, o al menos intentemos evacuar, tanto pueblo en las orillas de nuestros ríos? ¿por qué el tinto en los aviones es tan decididamente maluco? ¿Quién le dijo a Virgilio Barco que acabar con los trenes (y el Cable Aéreo de Manizales) era buena idea? ¿cómo hacemos para que Bogotá no se inunde cada 15 días? ¿cuál es el plan de choque para cuando a SamuEL se le ocurra cerrar la circunvalar? ¿hay alguna posibilidad de que las sillas de los aviones que van a Manizales no me toquen calientes?. Lluvia de ideas, perdón, de preguntas.
La ley #1"Ver llover es vivir un poco".
No es culpa de la lluvia, es culpa nuestra. Ella es una excusa, otra, para creer que hay un destino que nos espera, escrito y predeterminado. Si nos mojamos es porque no llevamos sombrilla, porque olvidamos el impermeable, porque decidimos salir. Hay derrumbes porque diseñamos mal nuestras vías; no hay trenes porque, ehmm, pues porqué no hay. Los aeropuestos los cierran, bueno, no sé por qué pero seguro es nuestra culpa. La lluvia es una excusa, sí, una bonita.
A mi me gusta mucho ver llover, me gusta mojarme y me gusta dormir bajo los arrullos de las gotas. Un día caía un chubasco en la oficina y lo grabé, otro día caía una llovizna y escribí, hoy llovió un poco y terminé. No quiero, quiero y no quiero, perderme un minuto de lluvia.
Oráculo #2:"Más se perdió en el diluvio (pero no nos confíemos)"
Absurdo es, por ejemplo, querer dominar al mundo, y hay gente que lo ha intentado. Absurdo es querer entender la feminidad o la masculinidad y creer que la razón o el corazón son uno, o el otro, camino directo a la felicidad. Absurdo es creer que un pito sostenido y repetitivo acabará con un trancón o que intentar tumbar un árbol es tan fácil como permanecer vivo para ver otro crecer. Absurdo, lo que se dice absurdo, es saberse dueño de la razón o perderla sin razón, criticar a un suicida o matar a un pecador.
Absurdo es querer dar peleas de otros y no dar la propia, ver tus defectos y no los del otro ¿o es al revés? El reverso es tan absurdo como el torso, el frente y sus laterales. Absurdo, también y además; es discriminar razas, colores, tamaños. Excluir e incluir, diferenciar y desconocer. Absurdo es un mundo en el que los únicos conscientes nos matamos unos a otros por deporte, un mundo en el que la ley del más fuerte es la principal y en el que el amor no es suficiente para traer la paz.
Absurdo, por ejemplo, es sentarse a pensar en el absurdo sin parecer absurdo, escribir sobre el absurdo y no saber que se es absurdo. Absurdo, entre otras cosas, es absurdamente absurdo.
"Un busetero se come un pare, otro lo ve. Como la guerra del centavo los trae obsesionados, este se lo traga también. Con su buseta atropella de frente a una niña que pasa la calle de la mano de su padre. Es 31 de octubre; día en que los niños piden dulces, sonríen y se contonean por las calles disfrazados de aquello que no son pero, tal vez, quisieran ser. La cabeza de la niña queda estampillada contra el sardinel. El casco de su disfraz de astronauta rosadita, de ícopor, se ha resquebrajado en tantos pedazos que sus residúos parecen unos copos de nieve falsa manchados con sangre real. Su padre; atónito, perdido e irreconocible intenta recoger los pocos dulces que Dianita, su nena, había alcanzado a guardar en aquella destrozada coca rosada. No es momento de pensar, no es momento de rezar; es momento de llorar.
El busetero escapa ráudo. No tiene pase, debe 3 millones de pesos en multas de tránsito y en la fiscalía lo buscan por una demanda de alimentos que tiene pendiente en Belén de los Andaquíes, su tierra natal. Allá, en los hermosos adentros del Caquetá su hija no reconocida está vistiendose de hada madrina, también de un rojo casi blanquito, para salir a decir: "Triqui, triqui, halloween, quiero dulces para mí. Y si no me das, se te crece la nariz". Estamos en el 2010, un año más en la era de la conectividad. Un transeunte aterrado por el hecho toma una foto con su celular y la pone a circular por la red con este texto: "Busetero de placas BBB-666 atropelló niña en la 28 con 5 en #bogota se volo, debe ir x la circunvalar hacia el sur http://tinypic.pirovo.co". Ariel, padre de la niña, aún no logra recomponerse cuando llega la policía "Ti ti ti tiieene minutos amigo policía", logra decirle a pesar del temblor de su voz y el rechinar de sus dientes "Poo, poo por favor, debo llamar a mi esposa. No podremos ir a la fiesta de disfraces de la iglesia hoy, la niña se nos murió".
El policia; incrédulo, desorientado y más bien obligado -pues en algo viene siendo su deber- trata de calmar al pobre hombre; nadie en las aceras colindantes al suceso se tomó un segundo para confortarlo. Muchos lo miraron, el jóven blackberriero lo fotografió y el corrillo se armó, nadie lo ayudó. La foto aquella dio la vuelta a la red, se volvió un fenómeno social y el tema no dejó de producir noticias día tras día hasta la mañana de hoy. Armando, el busetero, acaba de entregarse a la fiscalía. Sus 15 minutos de fama han llegado para quedarse, siempre y cuando haya suficientes pruebas para incriminarlo. Rosa, la mamá de Susanita, la hija bastardita de este puto bastardo, en este momento recoge plata entre sus amigos y conocidos de Belén para venir a Bogotá a reclamar lo que es de su hija antes de que se vaya en abogados y multas de tránsito. Adriana, la mamá de Dianita, está recogiendo plata entre sus amigos y conocidos de Bogotá para pagar el entierro de su hija y de su esposo, quien se suicidó aquella noche de aquel 31 de Octubre de aquel 2010 paralelo, siniestro y desconocido." *
Ley #1:"Cada acción tiene su reacción, cada pregunta su respuesta, cada vida su muerte".
Tengo una cierta tendencia a odiar las tendencias, sí; tiendo, propendo y me inclino a detestar todo movimiento que se orienta en alguna dirección (cualquiera, eso ni importa) y al cual se le van adhriendo seguidores como motas a una colcha, como gotereros a un borracho. No soporto ver gente amangualada todita para creer en lo mismo, para ver lo mismo, para oir lo mismo y para responder lo mismo. Van por ahí sonríentes repitiendo igual, riéndose con los mismos chistes y despotricando de la discusión. Me rehúso a pensar que la mayoría seamos pinches peones esperando una orden para atacar, un empujoncito para saltar, una miradita para mirar.
Efecto dominó: Reacción en cadena de la más simple y pura. Acción que genera reacciones inesperadas y desesperantes. Proceso con base en el cual he decidido repeler el destino y buscarme uno propio, mío, único e indeterminado. Sepan que no creo en la prestidigitación, creo en la improvisación. Sé obedecer sí, porque tengo un propósito y lo quiero cumplir. Sé responder, porque mis padres me educaron en medio del diálogo y la discusión, no en medio del miedo y la prohibición. Sé quién soy, porque me la paso todos los días preguntándomelo y no me cansaré de hacerlo.
Oráculo #1:"Dios los cría y ellos se juntan"
No, no quiero un efecto dominó, ninguno y de ningún tipo. Quiero control y descontrol. Quiero diálogos eternos sobre el devenir, no quiero premoniciones estúpidas sobre lo que fue, es y será. Si se viene el apocalipsis que me coja despierto, porque lo miraré de frente, con gafas, pero de frente. Y sí, detesto las licitaciones. Aborrezco los briefs a última hora y el efecto dominó que pruducen. Detesto ver compañeros empeñados en sacar su mejor idea pensando en su hija enferma, detesto querer ir al hogar y no poder, detesto querer controlar y no poder. Soy neurótico sí, hay gente que me aguanta así.
*Por si las moscas, el cuento del busetero bastardo es pura ficción, digo.
Hace unos días encontrábame en un ágape con un par de mis mejores amigos y nos enfrascamos en una discusión -etílica sí, onírica no, no recuerdo, y mucho menos fatídica- sobre la apreciación del arte y las sensaciones que nos produce, o producirían, a unos y otros. He de decir que nos considero sujetos poco convencionales, poco distintos, tipos comunes, como todos; pero que nos quiero a todos así: disimiles, parejos, disconformes, ecuánimes, dispares, rupestres, desavenientes; humanos.
Ley #1: "El arte es al hombre lo que el hombre al arte: una discusión eterna, interna y externa, sobre el sí mismo"
La comunicación, el raciocinio y el arte son el mágico tridente de conceptos que nos separa de los animales y nos hace lo que somos: Humanos. Perecederos, sí; terrenales, corpóreos, mortales pero también personas, entes: individuos individuales e individualistas. Somos efímeros en tanto -y sólo en esta dimensión- dejamos de ser articuladores de lo que pensamos para ser artículos inoperantes, irracionales, mera bestias sin el prodigioso don del lenguaje y la interlocución, compartida o introspecta, pero interlocución en definitiva. Y así, miquitos depellejados pensantes y tal, tenemos infinidad de formas de acercarnos al arte; de entenderlo, quererlo, odiarlo y apreciarlo. Eso es lo mejor y lo peor que tenemos: que somos distintos y razonamos distinto.
Oráculo #1:"Amigos y libros, pocos y buenos"
A dicha discusión llegamos al hablar sobre visitas a museos y el romanticismo propio de presenciar una obra de cerca. "Yo si no puedo morirme sin ir al Louvre a ver La Mona Lisa", dijo Leonardo, a lo que asintió Alvaro con decisión y pasión. Yo, en cambio, dije que no me mataba la idea de ir a hacer una cola eterna para ver un cuadro que puedo encontrar en internet ¿Pero cómo así? encasquetó Alvaro, con algo de rabia, "Es que esas cosas hay que verlas, vivirlas, hay que estar ahí".
Claro, hay infinidad de obras. Maravillosas pinturas y esculturas, grandes museos llenos de historia y elocuentísimas manifestaciones artísticas que nutren nuestra propia y única, y diferente, y simplona, o sofisticada forma de ver el mundo. Pero si son en 2D pues las puedo ver en libros, en internet y hasta las puedo imprimir. Lo mejor de la industrialización y el desarrollo tecnológico que hoy vivimos es que el arte se democratizó; las ideas e interpretaciones de lo que fuimos, creimos, percibimos y creamos están ahí para que cualquiera las consulte sin tener que hacerle venia a un celador-monje ciclotímico en algún museo cuaternario y estafador. Yo hasta pagaría por ver un Caravaggio, pero si cerraran el museo para mí solito y me dejaran tomarle fotos con flash.
¿Qué de bueno tiene escuchar a un escritor hacer lecturas de sus escritos? para eso estan sus libros, digo. Ahora, otra cosa muy distinta pasa con una obra de teatro, un happening una instalación o un concierto. La música está por ahí en discos y grabaciones -y pasa lo mismo con montajes dramáticos y performances-, se puede escuchar, pero cuando un músico interpreta lo suyo en vivo, hay un largo trecho lleno de diferencias entre lo uno y lo otro, su obra musical toma otro tono, se vuelve otra, evoluciona, cambia. Hay expresiones artísticas que necesitan de presencia y a estas atiendo con ahínco; empero, yo no me voy a partir el lomo haciendo una fila eterna para ver un cuadro de lejos que ni puedo tocar y del que ni siquiera puedo estar seguro que sea el de verdad, porque no seamos tan ingenuos, es decir: no nos hagamos los tarugos.
Ley #2: "La Vida imita al arte más que el arte a la vida (Oscar Wilde)"
¿Está usted seguro de que aquello por lo que pagó 60 dólares de entrada para ver, luego de esa agotadora cola, en realidad era un Picasso, un Rembrandt, un Goya o un Dahli?, yo no. La Mona Lisa ya se la robaron una vez en 1911, por ejemplo ¿quién me confirma que lo que hay en el Louvre no es la copia más fiel que el dinero puede comprar? -porque yo sí ví 'El Caso de Thomas Crown' y si Pierce Brosnan lo logró, cualquiera puede, claro, la vida imita al arte- ¿y quién me asegura que el verdadero lienzo de 77x53 que pintó Da Vinci no está escondido en alguna bodega recóndita de The Skull & Bones, los Illuminati, el Buckingham Palace o El Vaticano, nadie.
Es más ¿cómo hacemos para comprobar que La Mona, sí, la Lisa, no está en propiedad de un narco colombiano venido a más?, de todo pasa en la viña del señor y estamos en el país del Sagrado Corazón. Aquí vinieron los Rolling Stones a darle un concierto privado a Pablo Escobar, que casi se toma el poder creyéndose el Robin Hood de la amapola. Somos la nación que vio a Virgilio Barco acabar con trenes y cables. Estamos en el país en el que las cosas pasan a espaldas del presidente y en el que otro presidente -por así decirlo- al que se le llama liberal y literario, poeta y doctrinario, afirma que no se sabrá la verdad sobre el palacio hasta que él, su dueño, portador y malhechor, haya estirado la pata.
Así las cosas, tristes y colombianas y todo lo que quieran, La Gioconda podría perfectamente estar colgada con una puntilla de acero en algún temperadero de la unión Valle "Capital mundial de la uva espacial". Porque si bien podría estar en el museo Rayo, no creo que el maestro se hubiera prestado para tal atrocidad. Es que una cosa es que se la roben, pero ¿se la imaginan con un marco enchapado en oro?. Mis amigos y yo la imaginamos rodeada con Luces de colores titilantes, puesta en una mesa de marmol en medio de una exhuberante -y fea, muy fea- fuente de agua poco natural. Es que por ahí lo mínimo que puede fluir es champán o algún vinito del más añejo de Grajales "La otra leyenda del Vino (lavó y se fue)". Además, para ahondar en esta infinita y triste posibilidad, el sitio está rodeado de velas y velones bendecidos. Hay humo por todas partes, huele a incienzo y en la mesita de marmol hay todo tipo de artilugios religiosos y de índoles adivino-dependientes. Es que a nuestro narco; católico como el solo, cristiano como ninguno y creyente acérrimo de su santísima trinidad, le dio por creer que esta -La Mona Lisa, La Monna Lisa, La Joconde, Madonna Elisa- no es más que un retrato de su majestad la Virgencita, y, entonces, ha de prenderle todos los días una lucecita por el bienestar de sus negocios y la felicidad de sus hijitos, una prole que, según él, está en vía de extinción.
Oráculo #2:"Al mal tiempo buena cara, a lo hecho pecho y a Narco ocioso, culpo culposo".
Hasta hace algunos días no había podido descifrar el verdadero valor de una afeitada. Siempre creí que este era un menester más de los que tenemos todos y de los cuales no nos podemos apartar, no obstante, he llegado a la conclusión de que no hay un ritual que defina con mayor precisión y emotividad la masculinidad que el acto este de quitarse unos cuantos pelos de la cara. Somos machos y nos afeitamos a cada tanto.
Ahora, por macho entendamos a un sujeto de sexo masculino con cualesquier tendencia sexual porque para los efectos de una rasurada facial esos no importan mucho. Tengamos mucha o poca barba, pareja o dispareja, rubia o negra, lacia o crespa; todos, todos los hombres tenemos que hacerlo en algún momento, y después de ese día, después de la primera vez, ya nada es igual.
¿Será que me dejo mi mostachito original un tiempito más?, dicen que la primera afeitada determina la calidad del bigote ¿Y las patillas?, esas están como feítas, parecen como de peluza. Pero es que a más pelos en la cara pues… y en el colegio hay mucho lampiño. ¿Le pregunto a papá, a mis hermanos o será que me arriesgo a ver qué tal es?. Papá tiene ese cosito que no sé si es un cepillo o una brocha para enjabonarse, pero qué jabón usará ¿o usará crema?. A Jorge nunca lo veo en esas, madruga mucho, y César tiene más juguetes ¿qué máquina compro, uso jabón o espuma? AHHHH. Patos al agua.
No recuerdo a quién le pregunté o sí lo hice antes de hacerlo por primera vez, de todas formas cada uno me dio consejos a lo largo del camino. Lo hice, me corté y me gustó, no me gustó, me gustó, no me gustó. Cosa rara esta la que me produce un concepto tan sencillo como afeitarse. A contra pelo o no, con crema o en seco, con cuchilla o prestobarba rasurarse produce una profunda sensación de vulnerabilidad.
En mi casa no todos sacamos esa piel tersa, fuerte y casi invulnerable que tuvo papá toda su vida (hasta que le dio por medir fuerzas con el mono jaramillo en la tenacidad del 41) no. Es mi caso, por ejemplo. No resisto el sol, los bellos me crecen pa'entro y me irrito con facilidad. Toda la vida me sentí inerme al enfrentarme a un bichito de esos que te rajan la cara en un santiamén. Y tengo el acribillador problema de que además soy neurótico, entonces jodido. ¿Pero y qué?. Pues sí, sufrí para encontrar el método ideal (gracias cio); esa armonía perfecta entre dejar que la barba crezca y no, entre dejar de cortarme y no, entre dejar de irritarme y no.
Uy! mechas qué le pasó - me espetó pluma blanca alguna vez en época de pelo en la espalda- ¿le llegó el aumento que se afeitó?. No jefe pero si me aumenta me afeito más seguido, al menos dos veces al mes.
No me afeito con frecuencia, es más, mi paso por el quirofano de la masculinidad a veces se prolonga tanto que ni me reconozco, pero cuando lo hago, lo hago con todo el cariño del mundo. Afeitarse no es como amarrarse los zapatos o secarse la espalda, echarse talco o desodorante; no es como cortarse las uñas o peinarse. Cuando uno se afeita tiene todo ese tiempo para decidir a qué se quiere parecer, qué quiere o no quiere reflejar.
Cuando me afeito tengo la incesante necesidad de verme a los ojos profunda y elongadamente para preguntarme para dónde va mi vida, qué ha estado mal y qué ha estado bien, cuáles son mis problemas y cuáles no; qué tiene solución y qué no. Cuando me afeito me toco con cariño y precaución, me transmito tranquilidad y premeditación. Cuando me afeito siento que el control de mi vida sólo depende de qué pelo cortaré después y de cómo solucionaré el problema de las sobras. Cuando me afeito - quizá como todo hombre, eso no lo sé -, me encuentro con ese lado vanidoso que olvidaré hasta la próxima vez. Esa próxima vez que siempre quisiera que fuera como la primera vez.
Afeitarse es el único ritual que nadie debería hacer por nosotros. Una buena afeitada es el mejor mantra que podré tener, la mejor oración que me podré decir, el mejor sicólogo que podré tener, el mejor consejo que me daré. Afeitarme es encontrarme con mi yo y mi otro, mi pasado y mi futuro, mi presente y mi delación. No sólo corten sus bellos señores, aféitense una buena y cariñoza vez, como si fuera la primera vez.
¿A ninguno de ustedes les parece extraño ver negocios que terminan sus nombres con: y algo más?. Yo no soy del tipo conspirativo, para nada. Pero sí creo que detrás de tanta oferta de plusvalía debe haber algún gato encerrado.
No me vengan con el cuentico de la falta de creatividad que ese no me lo como. Somos colombianos, recursivos variopintos e ingeniosos. Los aquí nacidos tenemos el gen de la malicia indígena; para cada problema tenemos una excusa y para cada excusa una alternativa. Somos la nación del Sagrado Corazón, tenemos el copyright del minuto de Dios y un adjetivo adjetivado para cada asunto.
El Paraiso del Extintor, el Monopolio de la Licuadora, el Festival de la Cortina, el Oasis de la Chancla, el Emporio del Vestido y así, y así y así tenemos por montones. (Y no caeré en la tentación de mencionar la infinidad de clínicas que tenemos y que no son precisamente galenas) Con eso no tengo lío, la curiosidad de estos nombres tan acicalados me deleitan y me producen risa, tan sólo eso. Sin embargo, ¿qué hay detrás del afamado, vilipendiado y desgastado algo más?
Uno puede vender una cosa y otra. Pero no de todo y además: algo más. Cafetería, restaurante, bar, empanadas desayunos y: ALGO MÁS. ¿Qué de más pueden vender ahí?, en serio. He visto establecimientos llamados: Videojuegos, papelería y algo más, Ferretaría y algo más; Cacharrería miscelanea y algo más, sí, cacharrería, miscelanea y algo más, no jodás. ¿No se supone que en una cacharrería venden de todo, no se supone que en una miscelanea venden de todo? a qué se refieren con el maldito Algo Más. Algo más las de Bolivar.
Recuerdo que en Manizales -adorado terruño, tierra prometida, remanso del doble sentido y la moralidad dispar- había un negocito en el que vendían: tamales y algo más. Yo sí se a qué se refería aquél valorcillo agregado, o al menos eso me contaron. Nunca he entrado a sitio similar, lo acepto. Lo mismo pasaba con otro lugarcillo en el que vendían - venden aún, creo entender: cerveza y algo más.
No elucubraré sobre la verdadera definición de aquel valor agregado en todos los lugares que lo anuncian, empero, sí quisiera que me dijeran qué significado ulterior se encuentra en tal afirmación. Qué es aquello que venden que no se puede clasificar dentro de una categoría definida. Qué modelo de negocio hay detrás de una oferta tan variada e ilimitada. ¿A qué viene ese maldito algo más?
3:50 p.m. El sofoco en este oscuro sector de la oficina es insoportable. Detesto el calor, el sudor y sus pormenores. De un lado de la puerta, de mi lado, estamos en Melgar; del otro lado, en el que no estoy yo, están en la Bogotá de los 50's. Aire gelídito, por las ventanas se ve la lluvia y todo sucede como con aquella parsimonia del Manizales que más me gusta; ese paraíso frío y nublado que te deja ver el color de tus suspiros. Amo el frío, soy patifrío, cacheticolorado y tengo ganas de salir. Por supuesto lo haría, si este oscuro sector de la oficina no se hubiera llenado de gente pidiendo cosas al mismo tiempo y en el mismo preciso instante en el que necesito respirar.
4:00 p.m. Estoy haciendo un presupuesto, espero un material que debe llegar en cualquier momento, me aguanto a un practicante preguntón, trato infructuosamente de espantar a un creativo intenso y por estar tan rodeado no logro ajustar uno de los otros tantos comerciales que debo terminar hoy. El trabajillo este de calcular costos, hacer órdenes de producción y firmar papeles es de lo más tedioso que puede haber. El problema es que lo hago bien. Claro, si lo hiciera mal ya me hubieran puesto de patitas en la calle, pero como lo sé hacer entonces no hay quién lo haga por mí: ensanduchado, frito por lado y lado.
4:10 p.m. Mi moreno compañero creativo acaba de irse, parece que el comercial verá la luz pero con un par de ajustes más. Llega un ejecutivo, sí, un querido ejecutivo. El pobre tiene los ojos más grandes que un Simpson, 2 gotas de sudor en cada nariz y la voz temblorosa. Don Richie necesitamos hacer un comercial táctico de 10 segundos con 3D y composición pero para mañana es tarde. Claro, mande la OT con todo el material y lo cotizamos. No, pero es que no hay plata, toca gratis. ¿Gratis, 'gratis' es un bolero -digo yo- y eso como por qué?. Es que yo contraté con una productora a principio de año 8 tácticos y no me quieren hacer este dizque porque ya me hicieron los 8 y dentro de mis cuentas este es el número 7. Ahí está -espeto yo- muéstreles soportes de que lleva sólo 7 y safamos. Mmmmm -con mirada taciturna me responde- es que no tengo el soporte. Me volteo. De repente le hablo feíto y se me salen dos o tres improperios inapropiados. Váyase y más tarde hablamos, alguna solución encontraremos.
4.15 p.m. El creativo acaba de regresar. Me cae bien, es más, asúmamoslo: es mi amigo. A veces pasa por este blog y comenta cositas. Sinceramente espero que pase esta vez y se disculpe, o se queje, pero que diga algo. Viejo Richieee, venga muéstreme otra vez el comercialito. ¿otra vez? ¿por tercera vez?. Coja oficio que tengo cosas qué hacer. Venga Richi veámoslo con la ejecutiva que es la última vez. Lo que no sabe él es que al teléfono, detrás de nosotros, el productor que hizo el comercial está maltratando a una compañera porque los ajustes ya son muchos y este proceso está muy lento. Intentamos ver el comercial abstrayéndonos de dicha charla y le damos play. Richiiieee, se escucha atrás. Hoy definitivamente me están gastando mucho el nombre. Es otra ejecutiva diciendo: tenemos que codificar los 3 comerciales mañana, 1 por 1 mes y los otros por… Calma, calma, calma, calma, calma que no soy pulpo le digo yo. Pida turno le dice El Moreno. Ella asiente y espera. Estando todos de acuerdo con los ajustes, terminamos de ver el comercial y apenas deja de reproducirse: tran -entiéndase: taque, taque, pum, pum- la compañera le dice al productor que lo va a poner en altavoz porque la discusión está ya muy acalorada.
4.16 p.m. Sí, está muy acalorada. En menos de 20 metros cuadrados hay 6 computadores 10 pantallas, 3 escritorios, 1 lcd, 12 teras de discos duros que calientan como el infierno, 2 vhs, 2 dvds, 3 muebles gigantes y gordos llenos de archivo, 6 peludos peleando y 1 solo ventilador. Tiene que estar caliente.
4.20 p.m. El tipo, muy agoviado por supuesto, no quiere entender los ajustes que ya se le explicaron y quiere poner problema. El creativo hace caras de no entender porqué el tipo no entiende, la ejecutiva se va y yo termino, malencarado, explicándole como con un ábaco lo que ya se le había explicado igualmente bien en 3 ocasiones anteriores. No hay porqué ser tan intransígentes, no hay cómo soportar este calor escalofriante, no hay porqué respirar en este momento.
4.22 p.m. El creativo por fin se fue, los ajustes los enviarán en el transcurso de la tarde y mientras yo me dispongo a continuar con los otros comerciales que tengo por terminar, como un sapo buscando moscas salta la otra ejecutiva. Pululan, salen de entre las esquinas, se camuflan y te descomponen de repente. Richi, ahora sí, tenemos que codificar…. ta, ta, ta, ta, y más tas. Le hago caso, escucho, entiendo todo lo que dice y le digo: escriba todo en una Otésita, lo manda y con mucho gusto se le hace el trabajo -entenderán uds el tono, ¿cierto?-. Se va, vuelvo la mirada hacia mi computador, respiro más o menos profundo y Riiiingg!!! suena el teléfono: Ricardo ya llegó su material, está en recepción. Qué rico, iré a respirar un poco antes de recogerlo, cuelgo feliz, me levanto y de repente: TRAN, TAQUE, TAS, TRAS, PUM. Golpeo con una fuerza descomunal mi rodilla hueca con la esquina del escritorio. Golpe de repente, improperio latente. QG.
Amigo paraguaficante y jíbaro de sombrillas, usted, fuente de inspiración de niños y jóvenes de nuestro país que nutre sus arcas del doloroso sufrimiento del empapado ciudadano de a pié escúcheme con atención porque le quiero decir algo abiertamente: desmovílicese. Sí, desmovílicese ya y deje de jorobarme la paciencia cada que me ve; cuando llueve y cuando no, cuando hace sol y cuando no.
No, yo no creo que la industria del parasol sea tan grande como parece. No creo que las 8 sombrillas que he perdido en los últimos 2 años sean producto de leves coincidencias y no creo que las fabriquen tan mal por simple inoperancia ¿Sabe qué creo amigo sombrillero?, creo que lo de ustedes es un cartel. Creo que detrás de cada sombrilla desaparecida hay un falso positivo, que eso de los paraguas personalizados y brandeados no es más que el fatídico intento de un narcoparaguero por resarcirse y encontrar una vida legal, que el negocio de la reparación de paraguas (y con él el de secadores y pitadoras) es un mundo cruel y despiadado, y creo que su cochambríca manipulación del negocio me tiene harto.
Ley #1:"No todo es ilegal pero como toda ley tiene su trampa, toda trampa tiene su ley".
Siempre he creido que detrás de todo negocio informal con algún ápice de éxito hay algo truculento. No lo puedo evitar, crecí en una sociedad en la que los atajos son vanagloriados y en la que la picardía es sinónimo de triunfo, creatividad y notoriedad. Lástima, eso me produce mucha lástima.
La mejor definición que he oído acerca del tema de la ilegalidad y su influencia en el desarrollo de este país se la escuché a Fernando Solórzano en su interpretación cumbre como Pedro Rey: "Aceptémoslo, la cocaína es la única multinacional que podemos tener". Y así es, mientras no entendamos que la rectitud y el trabajo en equipo producen cosas decentes, y deseemos cosas decentes, tendremos siempre esas famosísimas órdenes criminales para esto, lo otro y lo demás.
Y es que la interpretación de estas organizaciones como 'carteles', creo yo, viene de que dicha palabra es sinónimo de monopolio y lo que pretenden precisamente es eso, monopolizar todos los véctores de un negocio específico (de uno ilegal, de uno truculento) y ejercer con exclusividad el derecho a producir, distribuir o dejar de hacerlo y definir los precios de sus productos sin consultar. Aborrezco los monopolios y sus usanzas ¿y qué?
Oráculo #1:"A caballo regalado no se le mira el diente, a sombrilla regalada tampoco".
Somos un país carteloso y encartelado. Sí somos tan organizados para todo lo irregular por qué no podemos concatenar tanta mente brillante y tanto proceso productivo en proyectos para el bien común, me pregunto en medio de esta incoherente intromisión en el mundo criminal. ¿No han notado ustedes que tenemos un cartel para todo?. Sé que en el occidente colombiano está el 'Del Plátano', que en las tierras cundiboyacences está el de la 'Papa' y que en época de San Valentín (por el día de festejo americano) en los alrededores de Bogotá se alborota el tiernísimo 'Cartel de la Flor'. ¿Y qué hacen?, pues se dedican a robar a los más grandes y a los más pequeños, detienen la distribución en exceso y evitan la evolución del negocio ¿para qué? para controlar los precios.
Ley #2:"Lo único claro del libre mercado es que debe ser libre, por definición"
Me destempla, me destempla me destempla me destempla. Me destempla más que los desorbitados precios de las sombrillas en un día de lluvia el hecho de que haya gente que prefiera una vuelta fácil que dos díficiles. No es justo con los sombrilleros, lo sé, seguramente no son lo que llamo 'El Cartel de la Sombrilla' ni lo serán, tal ves sí; no lo sé ni me importa. Me importa, y me duele, saber que por ahí en la calle hay gente organizándose para delinquir y no haya personas juntándose para pensar, para querer, para progresar. País.
Oráculo #2: "Si vais a la felicidad llevad sombrilla (Ramón Gómez de la Serna)".