Hay días de días, festividades de festividades. Uno puede celebrar cualquier cosa en la vida —la que sea y como sea— pero no hay ningún día más nuestro, más propio, más único para cada ser humano que el del cumpleaños. Cumplir años no es hacernos más viejos, no es andar más lento o tener un poco más de carne encima de los huesos; cumplir años es estar vivos, conscientes de que hemos acumulado un año más de experiencia, de recuerdos, de emociones, de vida. No hay día, pues, que merezca ser celebrado con mayor ahínco que aquel que nos define, aquel que nos recuerda cuando —al aire libre— respiramos, lloramos, gritamos, nos movimos y vivimos por primera vez.
Así, hoy, 19 de abril de 2012 nos reunimos aquí para celebrar, muy a nuestra manera, muy en familia, muy amorosamente, el cumpleaños número 70 de Iván de Jesús Bustamante: nuestro esposo, padre, abuelo, amigo, tío, hermano; faro de muchas de nuestras vidas. No nos juntamos hoy solo para darte abrazos, apá, que lo haremos, ni vinimos solo a darte besos, Ivancito, que lo haremos, ni acudimos aquí solo para verte ser bendecido, ‘que Dios te bendiga pá’, o para partirte una torta, que lo haremos; vinimos para decirte que te queremos, que te amamos y que te agradecemos profundamente tu presencia en nuestras vidas.
Consuelo, Gloria María, Jorge Iván, César Augusto, Ricardo, las familias que tus hijos hemos conformado, los nietos que te hemos dado, en nombre de las grandiosas vidas que hemos tenido y queremos seguir teniendo, vinimos hoy para estar contigo, para recordarte que la vida no es tan efímera como parece, que tu historia es uno de los principios de las nuestras, que somos tu familia y tu legado, que te admiramos y queremos; pero, por sobre todas las cosas, vinimos para desearte un feliz cumpleaños.