Contador Llano

Monday, March 26, 2012

AMBIVALENCIAS

Publicistas que odian el catolicismo, critican la visita del Papa y adorarían una conferencia de Ogilvy o un encuentro fortuito con alguna 'deidad' del mercadeo. Políticos que detestan a Uribe y fungen como representantes locales de sUs ideas, del que fuese su partido. Músicos que odian el reguetón y para demostrarlo hablan de él con insistencia, casi con tozudez. Ex–aficionados al fútbol (si acaso existe cosa tal) que critican la filiación por equipos no locales mientras adoran cantantes más foráneos que el euro, o el dólar, que ya no lo son tanto ¿en qué vienen empacadas, originalmente, las remesas de sus ex-patriados? Profesores que pregonan querer mejorar la educación y sólo se educan por escalafón. Periodistas que adoran la comunicación pero no son capaces de ser directos, tajantes, abiertos. Ateos que creen en la astrología, en el destino como medio para un fin. Científicos que se persignan, católicas que usan anticonceptivos, teóricos que prefieren la asunción que la investigación, automovilistas que odian a los motociclistas y peatones pero paran en la cebra, ciudadanos que no votan y critican, feministas que quieren que les cedan el paso en la fila, machistas que quieren a sus esposas trabajando, racistas que pagan por prostituras de color —de cualquier color—, comunistas que venden libros, capitalistas que evaden impuestos, mamagallistas de malos chistes, humanos que piensan que pensar no es tan humano. En fin, opinadores (digamos que como yo) que hablan de casi todo y no dicen nada, que pontifican sobre la vida y temen a la muerte, que hablan de paz y en todo lo que escriben no se les lee sino odio.

Todo es cosa de doble racero, de direccionamiento compartido, de reflexión referida a lo externo y no a lo interno; mala cosa, buena cosa, ambivalente cosa. Despotrico de lo que odio, lucubro sobre lo conozco, ataco lo que no me pertenece, aquello que no comparto, soy individualista en una sociedad interaccionista ¿qué diablos estoy haciendo mal, qué dioses estoy haciendo bien, qué diantres debería hacer, qué cielos no debería prometer? Soy reactivo, universal, no soy equilibrado. Soy humano, como algunos otros, pero parece que no lo entiendo; parece que no acepto que todos deberían tener, al menos, quizá más, iguales derechos y obligaciones. Igualizar no es más que des–aprender, humanizar es existir en co–relación, en interacción. Demonios.

Richitelli.

Wednesday, March 14, 2012

Prostituto del cine. Cinco párrafos sobre cine.

Hace muchos días no escribo de cine, qué cosas. Me gusta el cine —me fascina—, me gusta escribir sobre él y me encantaría tenerle un espaciecito exclusivo, pero, al menos en esos términos, este ya no es el lugar y creo que no tendré uno pronto, qué le vamos a hacer. Este blog se transformó más en un conjunto de reflexiones sobre todo aquello que me interesa, sobre lo que quisiera decir acerca de unos u otros temas. Aquí hay textos sobre cine, hay cuentos, pensamientos, alegatos, griteríos, quejas, cartas, aquí hay un poquito de todo, parece que soy un tipo bien variopinto. Aquí me refiero a lo que sea, a lo que sea que esté pasando por mi mente en el momento de decidirme a escribir; y sí, qué cosas, hoy le dedicaré cinco párrafos —y sólo cinco— al cine.

Uno. Hablando en plata blanca (que no existe ¿cierto? La plata es como plateada, como gris, como una combinación de grises y negros brillantezcos ¿cierto? Esas metáforas nuestras hombre) podríamos decir que soy un prostituto del film: veo lo que sea. Casi todas las películas me gustan, a casi todas les encuentro algo bueno, algo rescatable. El mero hecho de que en Colombia (El país del 4x1000!!!) alguien se arriesgue a hacer un largometraje ya me merece respeto y admiración, por ejemplo. Eso debe tener que ver con esa línea de vida que tengo: hay algo de bueno en todo lo que existe, simplemente hay que querer buscarlo

Dos. Ahora, no quiere eso decir que todas las películas me gusten o que todas me parezcan buenas, maravillosas; hay ocasiones en las que simplemente no se puede. Evidentemente hay unas películas que me parecen malas y otras que detesto porque simplemente no me gustan, aunque sean buenas; todos tenemos nuestros afectos, eso es indudable. Otra cosa es, también, que tenga una cierta formación audiovisual que me permita (si eso es acaso posible, que me gusta ponerlo en duda) entender más o menos el fenómeno cinematográfico y, a la vez, tener un cierto criterio para decidir qué película es buena o no. 'Buena' o 'mala', por supuesto, en términos puramente cinematográficos y no en términos emocionales, que es a lo que me refiero, son apenas una suerte de categorías que me permiten deducir si el trabajo del artista (y del artesano, y del profesional, y del técnico, y de todos los que trabajan en un film) es correcto o no, si puedo tenerlo como ejemplo de una gran realización, de un producto bien hecho, no es más. 

Tres. Pero, por otro lado, vienen luego ese montón de discusiones sobre ¿qué película es mejor? ¿cuál te gustó más? ¿cuál te dejó un mejor mensaje? ¿cuál te parece que debería ganar el Oscar? Que tanto me molestan, y me gustan, y me molestan, y me gustan; bueno, más bien me molestan. Sobre el cine —y sobre cualquier producción artística, cualquier producción de conocimiento— todos podemos tener nuestras opiniones, porque a todos nos afecta de uno u otro modo. Tener algún bagaje en un tema específico lo único que nos permite es poder determinar si aquello es correcto o no, no si aquello nos gusta o no. Tomemos el fútbol como ejemplo. Como su seguidor incansable durante los últimos 15 o 16 años de vida puedo decir que nunca vi a un equipo jugar mejor que el Barcelona, nunca vi un équipo más armónico y sutil, nunca vi un équipo ganar con más facilidad; sin embargo, lo detesto. No me gusta ese futbolito tristongo de pasar y pasar, como no me gustaba en la selección Colombia y no me gusta en el Once Caldas. Me gusta el ataque, me gusta el Real Madrid, me gusta el Bayer Munich, me gustaba el Once Caldas de Álvarez en el 98, el de Osorio en el 2010, me gusta que el único plan B sea ser superior y más fuerte que tu oponente, así me gusta el fútbol. Y pasa con el cine, también, aunque a diferente escala. Hay películas que me gustan, que me encantan, como Duro de Matar o Inquebrantable que nunca van a ganar un Oscar y que nunca las pondré en mi TOP 10 de mejores películas (que lo tengo, claro) pero que me entretienen, me divierten, me emocionan. 

Cuatro. Y hablando de los Oscar, de esos premios de la academia norteaméricane de artes cinematográficas, esos premios de la industria (LA INDUSTRIA) ¿Qué le vamos a hacer? Eso es lo que hay. Creo haber visto todas las películas nominadas a mejor película este año y todas, podría sonar tautológico incluso, me parecen buenas películas, como casi todos los años. ¿Qué quieren que hagan los Oscar? ¿Quieren que premien a las mejores obras de arte como obras de arte per sé o que premien a las mejores películas con respecto a su definición canónica como industria? Esas son preguntas que dudo tengan respuesta y que la academia se encarga de controvertir más con sus ambivalente decisiones anuales y que, la verdad, no afectan más allá de las taquillas porque el arte cinematográfico le sobrevive. 

Cinco. A mi me gusta el cine por el cine, no por los Oscar; sin embargo, como buen fanático barra brava y siendo estos los premios más importantes del planeta (no los más artísticos, sobre los que podríamos discutir) pero sí los más importantes en términos de industria y repercusión) claro que me ofendo y hago fuerza por una u otra película, por uno u otro director, qué le vamos a hacer. No quiere decir esto, sin embargo, que hasta ahí llegue mi neutralidad (que tampoco creo que exista pero tratemos de ejercerla hoy). Este año hubiera querido que ganara Hugo (porque me fascinó) pero creo que lo merecían más The Help o Barney's Version (Grande Paul, grande!, peliculón). ¿Y de Descendants? Yo hasta se lo hubiera dado pero no exageremos. ¿Midnight in Paris? Linda, deliciosa, pero tampoco pues —me pareció mejor lograda You Will Meet a Dark Tall Stranger, de 2010, también de Woody Allen)—. ¿y The Artist? Grandioso film, merecidas todas las nominaciones, sus premios técnicos, el de actuación y tal vez el de dirección, pero el Oscar a mejor película... mmm yo no se lo hubiera dado, es decir, la película usa todas las técnicas de los 30's para hacer un hit hoy en día, valiosísimo, pero ¿se hubiera ganado el Oscar en 1930? Lo dudo. Recordar es vivir, sí, vivir es acumular experiencias y retenerlas para elaborar sobre ellas, claro, pero recordar no es progresar, es apenas vivir. Y creo, sin duda, que las mejores películas son aquellas que marcan un cambio, no sólo un recuerdo, aquellas que determinan la vanguardia

Richitelli.

Monday, March 12, 2012

EN COMÚN, POR AHORA.

No me gusta la mala comunicación, la comunicación poco efectiva. Es decir, nuestras sociedades están donde están debido a que en algún momento hace unos dos mil o tres mil millones de años pudimos empezar a poner en común las reflexiones que ya parecía eramos capaces de hacernos en privado; nos preguntamos por qué le quitabamos la cáscara al banano y luego se lo dijimos a uno de los nuestros que, quizá, estaba preguntándose lo mismo. A ver, antes de que se desarrolle cualquier sociedad es necesario que se produzca comunicación entre sus miembros, pero, para que sea humana, antes de que haya comunicación entre sus miembros es necesario que haya auto–reflexión, pensamiento autoreferido y autocomparado; esto es: la comunicación humana es una transferencia de datos cuestionados y reflexionados, ergo, revisados, dudados, analizados.  

Auto–reflexión + comunicación = sociedad. Los animales no tienen capacidad de auto–reflexión, aunque tengan comunicación. Los humanos a veces tenemos comunicación, aunque no usemos nuestra capacidad de auto–reflexión. Hacerse preguntas a sí mismo es quizá más difícil que hacérselas a alguien más; pedir consejo es quizá más fácil que entender nuestros más internos dilemas, nuestras más personales dudas, nuestros más dolorosos recuerdos. Por eso digo: no me gusta la mala comunicación, la poco efectiva. Ser auto–reflexivo es ser capaz de comunicarse con aquello que está en nuestro interior, con nuestra conciencia, nuestro conocimiento, nuestros recuerdos y nuestra esencia. Preguntarse cosas no es encontrarse a sí mismo. No estoy hablando de espiritualidad, de hacer yoga o meditar tratando de dejar nuestra mente en blanco; estoy hablando de conocimiento, de razón. Estoy diciendo que: es bueno preguntarnos cosas. 

En nuestra memoria (en nuestro cerebro, en todo nuestro cuerpo) está nuestra vida, y nuestra vida no es otra cosa distinta al cúmulo de nuestras experiencias, de nuestras acciones, de nuestras respuestas. ¿Pensar antes de actuar, actuar sin pensar? ¿pedir consejo, dar consejo? Pues sí, y no, también, o no. Más importante aún, al menos para mí: pensar antes de hablar, antes de decidir, antes de poner en común aquello que no te atreves siquiera a pensar en privado, antes de pontificar sobre lo que ni siquiera te has cuestionado, antes de proponer aquello que ni tú mismo harías, o que no sabes porque no te lo has preguntado ¿ya pensaste si lo que quieres decir es, en efecto, lo que te conviene decir; o si esa decisión es la correcta, o si ese insulto es el correcto? ¿No sería mejor una palabra distinta, tomar el camino difícil o usar ese otro improperio más indecente y apropiado? Y es ahora que me pregunto ¿publico o no publico este post, sigo o no sigo en este blog, abandono o no abandono la puesta en común de mis reflexiones? No lo sé, al menos me lo estoy preguntando; soy la única persona que me puede responder. Pongámoslo, pues, por ahora, en común.

Richitelli.