Mientras más se acerca el fin de cada año más añoro las reuniones familiares; la confrontación, el llanto, las risas, los abrazos, los regaños.
Ley #1: "La familia es lo primero, lo segundo y lo tercero".
Hoy, por ejemplo, tengo una multiplicidad de sentimientos y pensamientos deambulando por mi cabeza y corazón que son todos sendos productos de la familiaridad.
Intranquilidad: Dícese del estado natural de un hombre casado cuando su esposa trabaja hasta tarde (y él la espera con ganas locas de besarla) (y la mascota de los dos aulla mientras mira la puerta entre cabeceos dormilones)
Desespero: Que es el momento exacto en el cual, estás al tanto de que ya te puedes ir y aún no te vas, pero ya te quieres ir. Sabiendo, de antemano, que allá donde quieres ir, tus seres queridos te esperan. (y ellos estarán ahí para abrazarte, mirarte) (y tú no puedes esperar)
Emoción: Porque llevas días planeando, empacando, pensando; porque ya sientes el suave calor de las manos de tu madre rozando tus mejillas; porque la sonrisa de tu padre al abrazarte no para de dar vueltas en tu cabeza; porque la alegría de tu sobrino a tu llegada no se compara con ninguna otra y porque sabes que cuando estás con ellos eres feliz.
Razón: Que no es más que aquel instante en el que tu sentido común te gana y te dice: cálmate, el momento llegará.
Y sí, así será. Por ahora lo mejor que puedo hacer es calmarme. Pronto llegará el momento, el día, la hora, el minuto en que llegue a la tierra prometida y me reencuentre con lo mío, lo de ellos, lo nuestro. Estaré en casa y retomaré el camino de la costumbre.
Oráculo #1: "No por mucho madrugar,
amanece más temprano".
Añorar no es tan malo, añorar es recordar y cuando recuerdas, vives. Los recuerdos son lo único que tenemos, lo único realmente nuestro, lo único que nadie nos puede quitar y lo único que define lo que somos y lo que no. Yo personalmente no recuerdo el día en que nací y aspiro no recordar el día de mi muerte ¿por qué? porque soy un tipo con más gusto por los desarrollos que por los desenlaces.
Prefiero quedarme con el día en que recibí mi primera estralandia, con las novenas en casa de la tía amanda, con la perfección de los regalos empacados por mi hermana, con mi papá y su música: la banda sonora de mi infancia. Prefiero quedarme con todos y cada uno de los adornos de navidad que hice con mi mamá, con Jorge haciendo pesas con mi abdomen y César dándome vueltas en su moto. No quiero saber de finales, no quiero saber de principios; quiero momentos. Quiero recordar a la abuelita Ernestina haciendo buñuelos reventaditos sólo para que yo me comiera el cascarón, quiero recordar los viajes a Armenia a saludar a Ramón, la natilla de Consuelito recién hechecita y sin coco, ni pasas, ni maricadas tan sólo para que este pechito no diera guerra. Quiero recordar la primera navidad con Alejo, aquél 31 con Nena y la champaña, las primeras velitas que prendí con Julieta; quiero ver a César bailando mientras imita a don Gerardo, a Ivancito picando caña, a Jo haciendo muecas y a Tosche trayéndome crispetas. Quiero que los recuerdos no se vayan, quiero nuevos, quiero más, quiero aquellos, esos y los de más allá.
Familia allá voy, la vida se nos dejó venir.
Richitelli.