Contador Llano

Friday, March 25, 2011

Querido Ejecutivo 3: No Hay Derecho.

Últimamente estoy concluyendo más cosas que de costumbre, como pasó con lo de la adultez y las chanclas. Hoy, es más, hace cinco minutos, concluí que si hay algo que debería ser necesario –Importante, relevante, imprescindible, inexorable, ineludible– en el proceso de selección de cualquier trabajo, relación o ejercicio de correspondencia entre sujetos, es un examen (al menos un tanteito previo, alguito pues!) de sentido común. 

Según Wikipedia, esa maravillosa enciclopedia virtual que no venden de puerta en puerta y que refulge por su aparente equidad y democracia cognitiva (temita que aún no me convence del todo), el término sentido común describe las creencias o proposiciones que benefician a la mayoría de la gente de una familia, clan, pueblo y/o nación. Yo (no sé si en cambio pero sí en añadidura) por sentido común entiendo las cualidades mínimas que permiten el entendimientro entre sujetos que se relacionan en un entorno social que ha estabilizado ciertas prácticas a través de la experiencia, a través de la interacción.

En mi caso debo ser honesto y confesarles que soy consciente de un montón de carencias  en cuanto a relaciones humanas se refiere y que estas han generado una continuidad de pequeñas penurias en mis 27,99 años de vida y que, si bien en ocasiones solvento, no han dejado de ser dolientes, molestas y repetidas. Por ejemplo, si usted me conoce sabe que, como mínimo, hago un reguero por día; sabe que: dejo puertas abiertas, me caigo con facilidad y soy enormemente torpe en los saberes del hogar. Si me conoce seguro está al tanto de que olvido cosas, tumbo cosas, daño cosas,  desbarato cosas, enredo cosas; es más, estoy seguro de que sabe, si me conoce, que soy imprudentemente imprudente en cosas como reuniones sociales y esas cosas, sabe, usted, si me conoce, que en la vida no amorosa no suelo decir dulcemente las cosas, así me esmere; sabe que miro feo y que en mis gestos faciales se traducen la mayor parte de mis sentimientos, o esas cosas.

Pero vayamos al campo laboral de donde usted quizá, sí trabajó alguna vez conmigo, me conozca, o me recuerde por oráculos como: Sin oté ni pío, se le tiene pero se le demora,  lea primero pregunte después, ¿usted qué estudió, digo, estudió?; primero el guión luego la producción, ¿usted me está mamando gallo? o: aquí no hacemos milagros pero apagamos incendios.

Querídisimo amigo ejecutivo, si está usted leyendo esto es porque al fin ha decidido salir de su facebook y mirar hacia otros lares, es porque al fin dejó de 'favoritear' tuits de trolls y porque, a lo mejor, ha decidido buscar lo que no se le ha perdido. Sin embargo,  y a pesar de su apretada agenda social y laboral mucha gracia me hace su presencia en este mar de inoportunos improperios en contra de su insoportable labor.

Ahora, finalizado el necesario párrafo de los halagos y las aclaraciones, acompáñeme en un pequeño ejercicio de inducción al mundo de la rabia y la televisión. Es decir, trate usted en su infinita sabiduría de entender mi posición ¿sí? ¿será que sí?. Voy a tomar su silencio como una respuesta positiva y avanzaré en mi propósito. Y es que entienda usted, honorable ejecutivo de cuentas, que la única otra razón por la que hago estos inútiles y apocalípticos textos, además de desahogarme y tratar de exponer su estúpidez ante el mundo, es hacerle notar las vicisitudes por las que paso cada que con una de sus ocurrencias me topo.

Póngase su merced en mi posición por unos minutitos y analicemos por qué pienso que no hay derecho para que la vida laboral sea tan complicada si podríamos hacerla tan sencilla, si podríamos usar un tantito de sentido común.

Por ejemplo, qué haría usted, amigo publicista con alma de gerente y pensamiento vanguardista, si siendo un productor de radio y televisión se encuentra con los siguiente escenarios

Ejecutivo: Necesitamos los comerciales para el lunes. Productor: ¿Cuáles comerciales? EJ: los que usted está haciendo. PR: Yo estoy haciendo un comercial, por lo cual: solo se cotizó un comercial EJ: No son dos comerciales. PR: ¿Qué dice la oté que me envió, se acuerda?. EJ: Realizar comerciales, creo. PR: No, dice realizar un comercial según Story. EJ: Ahhh pero y el creativo no le dijo que había que hacer otro, es para el lunes y es sencillo, eso no demora ¿no te dijo? PR: No, no me dijo. Eso no es trabajo de los creativos, es trabajo de los ejecutivos. Y usted y yo tenemos dos concepciones muy distintas de eso que puede ser sencillo o no. 1: hay que recotizar, 2: además hay que hacerlo, eso no es soplar y hacer botellas EJ: Ya le digo al creativo que venga y le cuente, no se ponga bravo. PR: No, usted va, manda la oté pa cotizar y realizar, por enésima vez, y luego le dice  al creativo que mande el Story y que además suba y me explique.


=== Pasan 30 minutos, solo 30 minutos. Se solicitó la cotización y se inició la realización ===  

Ejecutivo: Ricardo, mientras hace el comercial necesito que me envíe copias de los dos comerciales por mail para enviarselos al cliente lo más pronto posible. Productor: Venga ¿cómo? repítame que no le oí bien EJ: Que necesito los comerciales por mail para enviarselos al cliente y es súper urgente PR: ¿sumercé si se acuerda que solo hemos hecho un comercial y que el otro todavía ni me han dado el story, cierto? o soy yo que me estoy volviendo loco. EJ: Pues sí pero necesito los comerciales por mail ¿qué es lo complicado de entender? además yo ya me comprometí con el cliente. 

Dime querido ejecutivo, amigo, compañero de lucha, tú, potentado mercader mercadotecnista ¿eso está como extraño cierto? ¿o no? debo ser yo que estoy enloqueciendo lentamente. Cómo pudiera yo hacer para que me entendieras. Intentemos: es imposible que yo le envíe a sumercé muñeco el mpeg (tipo de archivo de video común en informática, porsilas!) de un comercial que no ha sido realizado aún, ya quisiera yo. Te voy a pedir un par de favorcitos y ojalá sea la última vez:

1) preguntaaaaa! si no sabes, a mí o al que sea que deba entregarte algo, qué proceso hay que seguir para cada proyecto. Yo sé que tu sentido común, ese con el que asumes que todo se logra con una orden y no pidiendo el favor, no te ayuda mucho y por eso te lo repito: uno no se las sabe todas y cuando no entiende pregunta, es más sabia una buena pregunta que una afirmación pichurria. Por ejemplo ¿cuántas veces no te he preguntado qué hacer a la hora de facturar? Muchaaaas!, claro, porque no sé. Otro cantar es que tu tampoco sepas.

2) Preguntaaaaaaaaaa!. Una y otra vez, hasta el cansancio. Sabiendo preguntar aprenderás a responder.

Me fui. Lograste ponerme, una vez más, de malas pulgas.

*Gracias a @Triego en Triego.wordpress.com por dejar que usemos su viñeta sobre los ejecutivos publicitarios en este pequeño espacio de distensión.

Richitelli.



Friday, March 18, 2011

Simple simpleza: adultez en un par de chanclas.

Ayer llegué a la conclusión de que si hay algo que pueda definir la adultez -al menos en mi caso- con una muy simple simpleza es un buen par de chanclas. Sí, en serio ¿Qué sería de la vida de todo adulto reconocido sin un buen par de babuchas, sin unas chinelas calurositas, sin unas zapatillas de descanso apropiadas para el frío inclemente o el sofocante calor? ¿qué sería de mi vida, para ponerme como ejemplo, como carne de cañón, sin esas sandalias de caucho viejo que uso todas las noches?.


Acabóse
Insomnio
Desastre
Dolor de pies
Catástrofe
Suelo frío
Ruina
Cosquillas
Infortunio
Golpes con esquinas
Inevitable
Pasto mojado



Cuando era pequeño vivía sin ataduras, no me molestaban ni la suciedad del asfalto callejero ni el frío de una baldosa ni el cosquilleo que produce el pasto recién cortado. Cuando niño no quería reglas, no quería rutinas, no quería manías. Cuando niño prefería la libertad de una carrera descalza a la comodidad de una caminata cubierta; llegaba a casa y quitarme los zapatos era darme el lujo no tener que amarrarlos al verlos sueltos, de no tener que abandonarlos al tirarme en la cama; el lujo de no tener zapatos sino pies. Tal vez era la necesidad de sentir que estando de pie -y descalzo- mi cuerpo se unía con el mundo, la necesidad de sentir que la vida es una asunto real y no un sueño, la necesidad de sentir que la gravedad no la producen los zapatos o los pies, que no la producen el cuerpo o el alma, que no la producen Dios o el mundo, que simplemente está; ahí. Pero no, ninguna respuesta me fue revelada a esas preguntas que nunca me hice; creo que era cosa de no querer ponerme zapatos y tampoco chanclas, era cosa de simple simpleza. 

Hoy puedo decir que al usar chanclas defino mi vida de adulto. Esto es: al usar chanclas le anuncio al mundo que no estoy tan seguro de querer sentir el frío roce de una baldosa, al usar chanclas arguyo que la sensación de comodidad es una necesidad que clamo. Al usarlas manifiesto mi deseo por separarme un poco de la realidad, así sea por centímetro y medio, y sentirme distinto. Es más, al usar una chancla distinta a otra le estoy afirmando a todos (les interese o no, cosa que no me incumbe) que me amoldo a una regla pero que peleo con otra; por ejemplo, una cosa es una chancla que encierra el dedo gordo y otra que no, una cosa es una chancla que vale cien mil y otra que compro por nueve mil, una cosa es una chancla liviana y otra muy distinta es una pesada, una cosa es una chancla nueva y otra una viejita, una con historia. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, en términos chanclistas.

Mis chanclas son viejas y feas, valieron nueve mil y no las cambio por una que me encierre el dedo gordo u otra con punticos homeopáticos o fisioterapeuticos. No quiero chanclas Nike, quiero chanclas de 'La 19' en Manizales o del 'Only' en Bogotá. No necesito chanclas costosas ni bonitas, no me importa una chancla de diseño ni una pesada, yo lo único que quiero es un par de chanclas que me espere por las noches, que Arnulfo no se quiera comer y que medio arrope mis friolentos pies de cuando en vez.

He de decir pues que hay asuntos que definen la vida y un par de chanclas no hace parte de ellos. Lo que determina nuestra vida son los cursos de acción que tomamos antes de cada decisión, la justificación que le damos a cada cosa, la narratividad de cada pequeña historia de nuestra vida. ¿Qué lo llevó, por ejemplo, a usted, a leer esta historia sobre chanclas y adultez? aquello fue una decisión de simple simpleza, lo que le previno no, ello fue otra historia, una más, que lo trajo a esta en la que tomamos por chancla lo que no debería ser una chancla.

Richitelli.

Wednesday, March 09, 2011

Status: Xenófobo

Crucifíquenme si quieren, díganme insensato y mala leche; insensible y detestable, lo que quieran, pero estoy cansado, exhausto y hasta la coronilla (que nunca me he visto y no sé si tenga) del drama 'dramático' y desmedido de toda celebridad que cae en las drogas y decide resarcirse.


Ahora es una exbailarina del Show de Jimmy, antes fue Jimmy -¿o no?, no recuerdo, no me importa-, un antiguo presentador de noticias, el Palomo Usurriaga, luego será un cantante o un actor. Acaso un drogadicto del común y del corriente no merece la misma atención?. Pues sí y no. Ninguno me merece tanta atención. Argumenten, si desean, que el asunto este es una enfermedad (como el alcoholismo y el tabaquismo y tal, tal, y tal), que es culturizado, influenciado y que es cosa de amistades, de conocidos, del contexto, del texto, del pretexto.

No voy a entrar en la discusión de la legalización, en la que creo más que en la prohibicíón por simples razones de competencia. El que quiera que la compre, será pues asunto del gobierno, en nuestra representación,  regular las condiciones de salubridad que se deban cumplir y los impuestos que deban pagar (que deberían ser impresionantes!). Es más, hasta bueno porque así nos quitamos de encima la condición de sociedad narcotraficante que tenemos tan tatuada y hasta engrosamos las estadísticas de empleo formal. ¿Qué diferencia hay entre la adicción al alcohol, regulada desde hace años, con la adicción a algún tipo de droga?. Hay drogas de drogas, sí,¿y qué? yo de eso no sé y no quiero saber. Me conformo con decir que no, y es a eso a lo que voy.

La voluntad no la regalan en los semáforos, no tiene unidad de mendida y no se paga en dos contados. Si dijo que sí, pues asuma las consecuencias. Si está arrepentido, pues apele a lo que la sociedad provee para su ayuda. Si dijo que no, pues asúmalo también; pero, si es famoso, pues qué vamos a hacer, en el mundo hay mucha gente que no lo es y quizá cayó en lo que usted bajo condiciones mucho más complicadas y, tal vez, comprensibles. Amigo drogadicto famosito, si quiere salir, pues hágalo pero no coja a toda la sociedad de manto de lágrimas porque todos tenemos a alguien a que ayudar; enfermos hay por doquier, sea uno más de ellos y ayúdese asumiéndolo, no renegando de su clase.

Hay personas a las que les gustan unas cosas, hay personas a las que no y hay personas a las que les gustan otras; el problema no es de gustos. Cada quién que haga lo que desee en su intimidad, pero, como sociedad, no podemos andar dando más importancia a unas circunstancia que a otras por la simple aparición de algún sujeto con cierta reconocibilidad, no seamos xenófobos pues; racismo hay para todos los gustos, discriminación sí que hay a la carta.

Richitelli.

Friday, March 04, 2011

¿Qué será de Luz Elisa?

Hace casi 9 años escribí este texto sobre una señora amabilísima llamada Luz Eliza Martínez como parte de un ejercicio universitario; nunca salió publicado, seguramente no lo merecía. Pasó el tiempo, abandoné Manizales, cerraron el hospital, lo reabrieron (¿sigue siendo un hospital?, yo aún no entiendo) hicimos un remedito de documental con ella y, luego, nunca la volví a ver ¿qué será de ella?, qué historia tan bonita la que me contó. Se las comparto.

------- o -------

Si de sobrevivir se trata,
la desgracia de los demás también sirve.

“Ni prostituta, ni ladrona, ni asesina”



Es viernes, son las 6:30 am. El Sol se asoma con disimulo, Luz Elisa ya alista empanadas, buñuelos, tortas de choclo y todos los productos que vende para vivir. Su jornada se prolongará hasta las seis de la mañana del sábado siguiente.



La semblanza de una mujer Gordita, vestida siempre con un delantal blanco, que organiza sus grandes gafas de vez en cuando y fuma de cuando en vez, como dice, no es siempre la primera imagen que se ve en la sala de urgencias del hospital Universitario de Caldas pero sí es el recurso más inmediato para escapar del frío y la incertidumbre que genera la espera del ser herido... perdón, querido.

Luz Elisa Martínez de Cuervo es una de las tantas personas que vive de la muerte, las enfermedades y la tristeza de otros. La Gordita, como le dicen en el sanatorio caldense, sitio en el que trabaja, es una mujer de 45 años de edad, madre de Alejandro y Santiago, viuda hace 24 años, abuela de Santiago y Laura, y dueña de tantas enfermedades como décadas de vida. Lleva 8 años levantándose con los pájaros y acostándose con los búhos en el afán de vender sus cositas.
 
“Ella es una señora muy graciosa y trabajadora, uno la ve todos los días en el hospital vendiendo de todo y cualquier hora, además siempre está riéndose”, comenta Juan Carlos Pineda Ruiz, interno en Medicina general y uno de sus más fieles clientes. La señora Martínez de cuervo se levanta de lunes a viernes a las 6 de la mañana para trabajar la jornada entera hasta las 6 de la tarde; los viernes, cuando inicia el fin de semana, trabaja hasta las 2 o 3 de la mañana porque, con exactitud, a las 18 horas militares cambia su sitio de venta.
 
Entre semana La Gordita se ubica todo el día a unos cuantos metros de la entrada principal del hospital, pero los viernes, “muy a las 6 de la tarde estoy cambiándome para urgencias porque es donde hay más movimiento por aquí”. Luz Elisa no sabe si trabajar de día o de noche le da más dinero, sin embargo, sí está segura de que las historias de muerticos y heriditos que conoce los fines de semana nunca se le van a Olvidar.
 
“... uhmmm, es que por acá me toca ver cosas muy tristes, por ejemplo 2 historias que recuerdo mucho. Una pareja que trajeron en un tasi muertos todos 2. Eran un par de jóvenes, les pegaron y les dieron tiros. Cuando llegaron ya no había nada qué hacer y...” no sólo historias como esta narra la única vendedora de tintos, cigarros y confites de las noches hospitalarias.
 
Esta mujer siempre cuenta lo que recuerda de forma calmada, con una delicada sonrisa en su boca y muchos ademanes en sus dos manos, que por cierto, pequeñas y gorditas se parecen a las Winnie the Pooh. “...el 8 de diciembre del año pasado un muchacho que trajeron de Anserma con una puñaleta clavada acá en la Cabeza (señala el centro de su cráneo con una de sus manos), lo recuerdo mucho porque vino vivo, normal, pero con la puñaleta acá en todo el centro. Ese día no pudieron hacer nada porque no estaba el cirujano, al otro día que le sacaron la puñaleta el muchacho falleció.”
 
“ENFERMITA Y TODO, AMO LA VIDA”
 
“Puede que desgraciadamente yo sobreviva de la desgracia de las otras personas pero qué podemos hacer, soy muy necesitada y muy enferma y de algo tengo que vivir”. La Gordita es una mujer fresca que charla rico y vende tintos a las personas que siempre esperan la peor noticia.
 
A los 15 años se casó con el Señor Arturo Cuervo García de 56, según ella porque lo que le interesaba no era “la plata ni que era adinerado, sino la persona, la personalidad”. Su esposo era dueño de 3 panaderías, 3 hijos y unos cuantos pesos más que ella. Cuenta Luz Elisa que cuando él murió, 6 años después de haberse casado, sus 2 entenados (o hijastros) la echaron de la casa, le quitaron todo el dinero y sólo le dejaron su ropa, los conocimientos en hornería, panadería y pastelería que le había pagado don Arturo en el Sena y 2 bocas hambrientas que alimentar.
 
“Después de que me dejaron en la calle me tocó ponerme a trabajar a lo bien, porque yo nunca he sido ni prostituta ni ladrona ni asesina. Yo he trabajado honradamente. He sacado gravilla y arena de los ríos, cargado volquetas, pintado casas, he sido empleada de familia y pues ahora vendo mis cositas, desde que me enfermé”.
 
Sí, desde que se enfermó. La Gordita es una mujer que carga a sus espaldas problemas asmáticos causados por los fríos que recogió trabajando en los ríos y los residuos de polvo que acaudaló cuando hacía bolsas para empacar papa con las que sobraban del cemento de las construcciones.
 
Martínez de Cuervo es -si el asma parece poco- una mujer que no sabe si por sus genes o por el estrés de la vida que ha llevado ya tiene un preinfarto encima, lleva 22 años como paciente siquiátrica y está semi-invalida por culpa de una sobredosis de anestesia que le aplicaron hace 10 años en una operación de várice en el Hospital Universitario, lugar en el que consigue la platica para vivir.
 
Su hijo Gustavo dice que su “mamá es un alma de Dios que ha sufrido mucho y que se lo merece todo”, pero hay un problema: no lo demuestra. Siempre está allí sentada, echándole ojo a lo que pasa en urgencias, a cuantos muerticos pasan para la morgue y cuántos heriditos logran vivir más de una noche.
 
La Gordita dice que no va a dejar de vender tintos, milo, aromática, buñuelos, pan, empanadas, sanduches, leche caliente, dulces ni cigarrillos, ella y solo ella va a proveerle a los desdichados y a los tristes un tinto para pasar la pena, para esperar el milagro o simplemente para sobrellevar el frío de las noches manizaleñas.

PS: aquí les dejo el documentalito, depronto la reconocen.

Richitelli.