Últimamente estoy concluyendo más cosas que de costumbre, como pasó con lo de la adultez y las chanclas. Hoy, es más, hace cinco minutos, concluí que si hay algo que debería ser necesario –Importante, relevante, imprescindible, inexorable, ineludible– en el proceso de selección de cualquier trabajo, relación o ejercicio de correspondencia entre sujetos, es un examen (al menos un tanteito previo, alguito pues!) de sentido común.
Según Wikipedia, esa maravillosa enciclopedia virtual que no venden de puerta en puerta y que refulge por su aparente equidad y democracia cognitiva (temita que aún no me convence del todo), el término sentido común describe las creencias o proposiciones que benefician a la mayoría de la gente de una familia, clan, pueblo y/o nación. Yo (no sé si en cambio pero sí en añadidura) por sentido común entiendo las cualidades mínimas que permiten el entendimientro entre sujetos que se relacionan en un entorno social que ha estabilizado ciertas prácticas a través de la experiencia, a través de la interacción.
En mi caso debo ser honesto y confesarles que soy consciente de un montón de carencias en cuanto a relaciones humanas se refiere y que estas han generado una continuidad de pequeñas penurias en mis 27,99 años de vida y que, si bien en ocasiones solvento, no han dejado de ser dolientes, molestas y repetidas. Por ejemplo, si usted me conoce sabe que, como mínimo, hago un reguero por día; sabe que: dejo puertas abiertas, me caigo con facilidad y soy enormemente torpe en los saberes del hogar. Si me conoce seguro está al tanto de que olvido cosas, tumbo cosas, daño cosas, desbarato cosas, enredo cosas; es más, estoy seguro de que sabe, si me conoce, que soy imprudentemente imprudente en cosas como reuniones sociales y esas cosas, sabe, usted, si me conoce, que en la vida no amorosa no suelo decir dulcemente las cosas, así me esmere; sabe que miro feo y que en mis gestos faciales se traducen la mayor parte de mis sentimientos, o esas cosas.
Pero vayamos al campo laboral de donde usted quizá, sí trabajó alguna vez conmigo, me conozca, o me recuerde por oráculos como: Sin oté ni pío, se le tiene pero se le demora, lea primero pregunte después, ¿usted qué estudió, digo, estudió?; primero el guión luego la producción, ¿usted me está mamando gallo? o: aquí no hacemos milagros pero apagamos incendios.
Querídisimo amigo ejecutivo, si está usted leyendo esto es porque al fin ha decidido salir de su facebook y mirar hacia otros lares, es porque al fin dejó de 'favoritear' tuits de trolls y porque, a lo mejor, ha decidido buscar lo que no se le ha perdido. Sin embargo, y a pesar de su apretada agenda social y laboral mucha gracia me hace su presencia en este mar de inoportunos improperios en contra de su insoportable labor.
Ahora, finalizado el necesario párrafo de los halagos y las aclaraciones, acompáñeme en un pequeño ejercicio de inducción al mundo de la rabia y la televisión. Es decir, trate usted en su infinita sabiduría de entender mi posición ¿sí? ¿será que sí?. Voy a tomar su silencio como una respuesta positiva y avanzaré en mi propósito. Y es que entienda usted, honorable ejecutivo de cuentas, que la única otra razón por la que hago estos inútiles y apocalípticos textos, además de desahogarme y tratar de exponer su estúpidez ante el mundo, es hacerle notar las vicisitudes por las que paso cada que con una de sus ocurrencias me topo.
Póngase su merced en mi posición por unos minutitos y analicemos por qué pienso que no hay derecho para que la vida laboral sea tan complicada si podríamos hacerla tan sencilla, si podríamos usar un tantito de sentido común.
Por ejemplo, qué haría usted, amigo publicista con alma de gerente y pensamiento vanguardista, si siendo un productor de radio y televisión se encuentra con los siguiente escenarios
Ejecutivo: Necesitamos los comerciales para el lunes. Productor: ¿Cuáles comerciales? EJ: los que usted está haciendo. PR: Yo estoy haciendo un comercial, por lo cual: solo se cotizó un comercial EJ: No son dos comerciales. PR: ¿Qué dice la oté que me envió, se acuerda?. EJ: Realizar comerciales, creo. PR: No, dice realizar un comercial según Story. EJ: Ahhh pero y el creativo no le dijo que había que hacer otro, es para el lunes y es sencillo, eso no demora ¿no te dijo? PR: No, no me dijo. Eso no es trabajo de los creativos, es trabajo de los ejecutivos. Y usted y yo tenemos dos concepciones muy distintas de eso que puede ser sencillo o no. 1: hay que recotizar, 2: además hay que hacerlo, eso no es soplar y hacer botellas EJ: Ya le digo al creativo que venga y le cuente, no se ponga bravo. PR: No, usted va, manda la oté pa cotizar y realizar, por enésima vez, y luego le dice al creativo que mande el Story y que además suba y me explique.
=== Pasan 30 minutos, solo 30 minutos. Se solicitó la cotización y se inició la realización ===
Ejecutivo: Ricardo, mientras hace el comercial necesito que me envíe copias de los dos comerciales por mail para enviarselos al cliente lo más pronto posible. Productor: Venga ¿cómo? repítame que no le oí bien EJ: Que necesito los comerciales por mail para enviarselos al cliente y es súper urgente PR: ¿sumercé si se acuerda que solo hemos hecho un comercial y que el otro todavía ni me han dado el story, cierto? o soy yo que me estoy volviendo loco. EJ: Pues sí pero necesito los comerciales por mail ¿qué es lo complicado de entender? además yo ya me comprometí con el cliente.
Dime querido ejecutivo, amigo, compañero de lucha, tú, potentado mercader mercadotecnista ¿eso está como extraño cierto? ¿o no? debo ser yo que estoy enloqueciendo lentamente. Cómo pudiera yo hacer para que me entendieras. Intentemos: es imposible que yo le envíe a sumercé muñeco el mpeg (tipo de archivo de video común en informática, porsilas!) de un comercial que no ha sido realizado aún, ya quisiera yo. Te voy a pedir un par de favorcitos y ojalá sea la última vez:
1) preguntaaaaa! si no sabes, a mí o al que sea que deba entregarte algo, qué proceso hay que seguir para cada proyecto. Yo sé que tu sentido común, ese con el que asumes que todo se logra con una orden y no pidiendo el favor, no te ayuda mucho y por eso te lo repito: uno no se las sabe todas y cuando no entiende pregunta, es más sabia una buena pregunta que una afirmación pichurria. Por ejemplo ¿cuántas veces no te he preguntado qué hacer a la hora de facturar? Muchaaaas!, claro, porque no sé. Otro cantar es que tu tampoco sepas.
2) Preguntaaaaaaaaaa!. Una y otra vez, hasta el cansancio. Sabiendo preguntar aprenderás a responder.
Me fui. Lograste ponerme, una vez más, de malas pulgas.
*Gracias a @Triego en Triego.wordpress.com por dejar que usemos su viñeta sobre los ejecutivos publicitarios en este pequeño espacio de distensión.
Richitelli.
Pero vayamos al campo laboral de donde usted quizá, sí trabajó alguna vez conmigo, me conozca, o me recuerde por oráculos como: Sin oté ni pío, se le tiene pero se le demora, lea primero pregunte después, ¿usted qué estudió, digo, estudió?; primero el guión luego la producción, ¿usted me está mamando gallo? o: aquí no hacemos milagros pero apagamos incendios.
Querídisimo amigo ejecutivo, si está usted leyendo esto es porque al fin ha decidido salir de su facebook y mirar hacia otros lares, es porque al fin dejó de 'favoritear' tuits de trolls y porque, a lo mejor, ha decidido buscar lo que no se le ha perdido. Sin embargo, y a pesar de su apretada agenda social y laboral mucha gracia me hace su presencia en este mar de inoportunos improperios en contra de su insoportable labor.
Ahora, finalizado el necesario párrafo de los halagos y las aclaraciones, acompáñeme en un pequeño ejercicio de inducción al mundo de la rabia y la televisión. Es decir, trate usted en su infinita sabiduría de entender mi posición ¿sí? ¿será que sí?. Voy a tomar su silencio como una respuesta positiva y avanzaré en mi propósito. Y es que entienda usted, honorable ejecutivo de cuentas, que la única otra razón por la que hago estos inútiles y apocalípticos textos, además de desahogarme y tratar de exponer su estúpidez ante el mundo, es hacerle notar las vicisitudes por las que paso cada que con una de sus ocurrencias me topo.
Póngase su merced en mi posición por unos minutitos y analicemos por qué pienso que no hay derecho para que la vida laboral sea tan complicada si podríamos hacerla tan sencilla, si podríamos usar un tantito de sentido común.
Por ejemplo, qué haría usted, amigo publicista con alma de gerente y pensamiento vanguardista, si siendo un productor de radio y televisión se encuentra con los siguiente escenarios
Ejecutivo: Necesitamos los comerciales para el lunes. Productor: ¿Cuáles comerciales? EJ: los que usted está haciendo. PR: Yo estoy haciendo un comercial, por lo cual: solo se cotizó un comercial EJ: No son dos comerciales. PR: ¿Qué dice la oté que me envió, se acuerda?. EJ: Realizar comerciales, creo. PR: No, dice realizar un comercial según Story. EJ: Ahhh pero y el creativo no le dijo que había que hacer otro, es para el lunes y es sencillo, eso no demora ¿no te dijo? PR: No, no me dijo. Eso no es trabajo de los creativos, es trabajo de los ejecutivos. Y usted y yo tenemos dos concepciones muy distintas de eso que puede ser sencillo o no. 1: hay que recotizar, 2: además hay que hacerlo, eso no es soplar y hacer botellas EJ: Ya le digo al creativo que venga y le cuente, no se ponga bravo. PR: No, usted va, manda la oté pa cotizar y realizar, por enésima vez, y luego le dice al creativo que mande el Story y que además suba y me explique.
=== Pasan 30 minutos, solo 30 minutos. Se solicitó la cotización y se inició la realización ===
Ejecutivo: Ricardo, mientras hace el comercial necesito que me envíe copias de los dos comerciales por mail para enviarselos al cliente lo más pronto posible. Productor: Venga ¿cómo? repítame que no le oí bien EJ: Que necesito los comerciales por mail para enviarselos al cliente y es súper urgente PR: ¿sumercé si se acuerda que solo hemos hecho un comercial y que el otro todavía ni me han dado el story, cierto? o soy yo que me estoy volviendo loco. EJ: Pues sí pero necesito los comerciales por mail ¿qué es lo complicado de entender? además yo ya me comprometí con el cliente.
Dime querido ejecutivo, amigo, compañero de lucha, tú, potentado mercader mercadotecnista ¿eso está como extraño cierto? ¿o no? debo ser yo que estoy enloqueciendo lentamente. Cómo pudiera yo hacer para que me entendieras. Intentemos: es imposible que yo le envíe a sumercé muñeco el mpeg (tipo de archivo de video común en informática, porsilas!) de un comercial que no ha sido realizado aún, ya quisiera yo. Te voy a pedir un par de favorcitos y ojalá sea la última vez:
1) preguntaaaaa! si no sabes, a mí o al que sea que deba entregarte algo, qué proceso hay que seguir para cada proyecto. Yo sé que tu sentido común, ese con el que asumes que todo se logra con una orden y no pidiendo el favor, no te ayuda mucho y por eso te lo repito: uno no se las sabe todas y cuando no entiende pregunta, es más sabia una buena pregunta que una afirmación pichurria. Por ejemplo ¿cuántas veces no te he preguntado qué hacer a la hora de facturar? Muchaaaas!, claro, porque no sé. Otro cantar es que tu tampoco sepas.
2) Preguntaaaaaaaaaa!. Una y otra vez, hasta el cansancio. Sabiendo preguntar aprenderás a responder.
Me fui. Lograste ponerme, una vez más, de malas pulgas.
*Gracias a @Triego en Triego.wordpress.com por dejar que usemos su viñeta sobre los ejecutivos publicitarios en este pequeño espacio de distensión.
Richitelli.



