Contador Llano

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Tuesday, January 18, 2011

Papas y primeras impresiones.

Muy curioso yo, escapándole a esa labor oficinística y torturadora de la facturación, me otorgué unos minutos para pasear por la red (cosa que no volveré a hacer, evidente es que la curiosidad mató al gato) y en una revista; portal, magacín, melcocha, sancocho semiperiodístico web -que no nombraré, no les haré ese daño- creí toparme con la foto de un eminente Manizaleño, de los eminentes en serio, sonriendo al lado de un octogenario representante de la opresión y la corrupción, y recordé una anécdota tan estúpida como dicente, que marcó la imagen que a día de hoy tengo de aquel personaje, y que no me deja creer del todo en su eficiencia y honestidad, aunque sea muy honesto y muy eficaz.

Cierto es que la foto no era realmente de dicho señor, pero entrados en gastos, sigamos escribiendo. No como entero, más bien mastico mucho y prolongo mi estancia en la mesa (o cualquier otro lugar idóneo, o no, para deglutir) en tanto no haya hecho mis paces con aquello que he de digerir; pero el problema no somos mi solitaria y yo, o mis caprichos alimenticios y mi persona, no, el tema son unas papas fritas y su ejecutor, un paté muy delicioso y su defecador, un hijo pródigo de la ciudad que tanto amo y la posibilidad de más tajadas, perdón, papas.
Oráculo #1: "Si come y no se ensucia es un sujeto de abundante astucia".

Hay muchos lugares en los que uno se puede sentir manizaleño, incluso los hay en muchas partes distantes de Manizales, como Chapinero Alto en Bogotá y la mayoría de agencias de publicidad de este país, pero no hay tantos en los que uno se puede sentir, además, hincha del Once Caldas, invitado de medio pelo y atracado por un ex alcalde tragaldabas. Bueno, está bien, tienen toda la razón, lo acepto, mil disculpas; seguramente sí los hay.

Es decir, en el primer piso del edificio al que me refiero funcionó durante mucho tiempo un restaurante (de clase alta, o media alta, o casi alta) con gran acento Once Caldista, pero a eso tampoco me refiero. No es el sitio más caro de la ciudad pero no es, de lejos, el más barato. Allí viven personas que no son de estrato 1 ni 2 y no las conozco a todas, pero a las que sí (2), les reconozco que son de un buena gente subido, pero eso tampoco viene al caso.

El tema es que una noche cualquiera (por no decir 'Que día', expresión que aborrezco) estaba ahí en uno de esos apartamentos bonitos con mirada al cerro de oro (templo de la rumba hasta el amanecer y Olimpo del rockero-electro-regeto-vallenatero de la veintitrés) en una especie de ágape; cumpleaños, grado o confirmación, porque de que no era un bautizo sí estoy seguro porque había homenajeada, y allá estaba él, el sujeto en cuestión.

Ley #1: "El hambre es una, la gula otra y la ambición otra; todas paridas del mismo estómago".

Entré pues al apartamento, dieronme gaseosa y pasaron por mi lado con una coquita con papas fritas y paté, o una salsa, o un ungüento muy rico, algo así, rico; agarré, unté y comí, no exageré (hubiera querido pero aquél no dejó, y había mucho). El lugar estaba repleto; señoras manizaleñas encopetadas con bolsos grandes y tacones apropiados para cada falda, señores manizaleños con mostacho y bien peinados; estábamos también los padres de la homenajeada, novia de un amigo, mi amigo el novio, otro amigo y yo. La música no nos gustaba, no había con quién más hablar que entre nosotros y no era lugar para quedar mal (aunque eso siempre lo hiciéramos bien), no íbamos a estar mucho tiempo y teníamos hambre, como casi siempre, cosa que no era nuestra culpa; hay temas biológicos incomprensibles y el deseo permanente por comer de unos jóvenes rebeldes y trabajadores que pasan sus días pensando cambiar la historia del cine colombiano en dos. Antes y después de ustedes, digo, nosotros; ustedes entenderán.

Y estaba el señor, muy elegante él con su vestido no comprado en el Ley, pensemos que en El Exclusivo, sus zapatos italianos, su corbata oscura y su camisa blanca más impecable que las arcas del Blanco Blanco cuando por allí pasó aquella honorable auditoría. Obviamente este señor nunca fue un héroe para mí, pero la imagen que tenía de él era la de un sujeto respetable, trabajador, admirado por la ciudad y que había sido alcalde, uno de los pocos decentes que había visto la ciudad que me escuchó nacer.

¿Cómo se le puede creer a un señor que en la televisión (y en La Patria también, no puedo decir lo contrario) se ve amable, sonriente, ganador y poderoso, y en una fiestica de cumpleaños (en este momento ya creo que era un onomástico, creí ver torta pero no la probé, creo que sufrió el mismo destino de las papas) está retraído en una esquina, sin hablar con nadie, comiendo papas como si sufriera síndrome de abstinencia y hubiera encontrado en esos pedacitos de tubérculo fritos aquél remoto sabor a vodka? ¿cómo?, esto es, ¿Cómo no se le desbarata a uno esa imagen de adalid prominente y de juicioso político, de mecenas y bienhechor, de ingeniero y precursor del templo del combinado de mis amores, cómo, si se le encuentra saltando (por no decir asaltando) de coca en coca por casi una hora las papas a las que mis amigos y yo, les queríamos dar una segunda oportunidad?

Oráculo #2: "Indio comido, indio ido, indio malagradecido, indio mal..."

Cuando estaba pequeño creía que las personas con poder, reconocimiento y sonrisas amigables estaban todas en niveles heroicos, que pensaban en el bien antes que en el mal y tenía clarísimo que corrupción era una palabra que no entendía; cómo es de triste despertar de la niñez y entender que no hay votos milagrosos, que no todos somos decentes y que no toda sonrisa es heroica.

Sí, me gustaría que el mundo estuviera tan lleno de héroes que la definición de dicha palabra perdiera todo sentido, que la virtud fuera corriente y las hazañas comunes; pero no es así. No es tampoco cuestión de apariencias, que son tan engañosas como una caja de dientes. De aquel señor no puedo decir que sea corrupto, no puedo decir que sea ambicioso, no puedo, tan siquiera, decir que me caiga mal. Sé que ha sido dos veces alcalde de Manizales y que le fue mejor en la primera, sé que hoy es ministro y sé, también, que cuando estuvo en el glorioso no hizo lo que prometió, limpiar la casa, pero tampoco puedo decir que haya hecho mal. No puedo decir que sea una mala persona, no puedo decir que sea una buena. No, no puedo y no quiero, porque este texto va para otra parte, y es a las papas.

No hay nada malo en las primeras impresiones, no lo hay, pero son mejores las segundas y las terceras. Una papa, en principio, puede verse sucia ahí toda llena de tierra, luego puede verse feíta toda cafecita y llena de huecos, y luego toda pálida cuando está pelada; pero no deja de ser una papa, que puede estar podrida o no, saber rico o maluco, pero para saberlo hay que comprarla, lavarla, pelarla, abrirla y cocinarla. El señor tenía hambre ese día, y mucha seguramente, yo también. ¿Se comió todas las papas?, sí, o no, tal vez fueron unas pocas, pero mínimo como era el único sujeto reconocible de esa fiesta pues la cogí contra él. Puede que cada que alguien comiera una papa yo viera su rostro, quién sabe; la verdad no me importa. No me afecta, no me interesa. El señor aparenta ser bueno en lo que hace y come muchas papas, de eso no me retracto, es lo que vi y es la impresión que me quedó, algún día tendremos una segunda, ojalá sea mejor.

Ley #2: "Papa es papa aquí y en cafarnaún. Primera impresión, Segunda impresión tu papá".

Richitelli.

Thursday, November 18, 2010

La insensatez y el es decir que...

Es decir, ¿qué tan díficil es diferenciar el olor de un saco guardado humedo de uno que se guardó seco; qué tan complicado es cederle un puesto a una mujer embarazada o dejar pasar un peatón en una cebra? ¿acaso es muy complicado pensar antes de hablar, cotizar antes de prometer, calcular antes de arriesgar?.

En este pequeño espacio de lo intangible -que no es tanto así, o sí- se odian muchas cosas y se quieren otras tantas. Aquí se detestan las toallas cuadradas y las chanclas blancas; la ropa brillante, el tiempo perdido sin deseo de pérdida y el amor por la insensatez. Es decir, aquí se gerencia con una premisa clara: la felicidad radica en tener claro qué gusta y qué no.

Es más fácil, según el saber de esta administración, satisfacer lo que se quiere si se puede excluir lo que no. Esto es: si no le gustan las matemáticas entonces no estudie ingienería, si no le apetece la cebolla pues no coma cebolla, si no le gusta la religión pues entonces sea ateo. Sin embargo, trate de ser un poquito comprensivo y no atormente al resto de la humanidad con su introversión.
Ley: La insensatez es la madre de todos los males; sensata la decisión de aquél que la definió. Sensato-insensato.

Yo -y me pongo como ejemplo porque no conozco nadie más insensato y todos tenemos algo de eso- detesto los labiales, las faldas cortas, los escotes, el maquillaje extremo, el calor, el sudor, las discusiones inútiles y la repetición; detesto la repetición, me debilita que me tomen por tarado y reiteren sobre lo reiterado aquello que ya me han dicho. Yo, gerente y obrero de esta maltrecha e insensata bitácora; desprecio la falta de oficio, la falta de norte, la falta de decisión. Es decir, yo sí creo que uno tiene que ser firme hasta para mamar gallo, claro, si vamos a descansar es a descansar, si es a trabajar es a trabajar, si se trata de desobedecer pues se trata de desobedecer, pero pa'l carajo con las medias tintas.

Algo va de ser comprensivo, por supuesto, a ser un pelele de profesión. Si es dulce es dulce pero no me le echen arequipe a la arepa pues que no me gusta. Me encanta el libre pensamiento y que todos puedan pensar lo que les dé la gana y hacer lo que quieran, pero a mí si no es con argumentos no traten de convencerme con fé. La fé es un asunto personal e ineludible y cada quién cree en lo que quiere y puede; porque asúmamoslo: cada cultura circunsbribe las fronteras de nuestras creencias, de lo que aceptamos y negamos, de lo que queremos y odiamos. 
Oráculo: Del tingo al tanto y del tango al tingo.

Porqué no seré un sensato más, seré un insensato más. De insensateces, docilidades, extremos y cosas atroces está lleno el mundo, pero de sensateces también. Sensato es aquel que actúa con prudencia e inteligencia, es decir que: insensato es su contrario. Seré el némesis de los extremos, el paradigma de lo indefinido. Yo quiero ser un Sensato-Insensato equilibrado y mallugado, canoso y cariñoso, quizá un poco odioso y riesgoso, tal vez un tanto débil y lloroso. Quiero ser, y soy y no lo soy, un sujeto del común y del corriente que calcula su vida tanto como puede, tanto como quiere.

Sunday, October 10, 2010

La ley de las cosas.

Cosa, cosita, cosota cosa. Sabemos todos muy bien que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, que el mundo está lleno de cosas y que si no le damos orden a tanta cosa, la cosa se nos puede salir de las manos.

Hay quienes se atreverían a decir que sin tanta cosa que se tiene en la cabeza la cosa sería más fácil, claro, pero ¿de qué cosa se trata todo esto?, de todas y de ninguna. Sin cosas el mundo no existiría, o al menos no sabríamos que existe. Y si algo bueno se nos otorgó cuando se crearon todas las cosas fue la habilidad de discernir entre cosas; la habilidad de darle vida a las cosas a través de reconocer su existencia. Qué cosa. 

Me explico, digo, me entiendo, digo, me interpreto; lo que quiero decir es que el simple reconocimiento de la existencia de ´La Cosa´ hace que la cosa sea mucho más que cosas. La habilidad que tenemos de significar, resignificar, codificar y decodificar cuaquier cosa, nos hace la cosa más importante de entre todas las cosas que hay sobre la faz de esta tierra llena de cosas.

Somos lo que define la cosa, somos la cosa de cosas, somos, en esencia, nada más que una cosa. Somos la afección de todas las cosas. Somos el discurso. Sí, somos el texto y el contexto de todas las cosas. Somos relatores, historiadores, defensores y atacantes de la cosa. Somos la idea fundacional de la cosa, somos la cosa. Somos creadores y seremos el fin de todas las cosas.

¿Por qué? porqué el día que no haya más de nosotros por aquí no habrá quién determine si una cosa es una cosa u otra, y la cosa sólo dejará de existir en la medida que dejemos de reconocerla. Una concepto existe mientras se piense en él y él no puede pensarse a sí mismo, sólo nosotros -cosotas- podemos ser concepto y cosa a la vez. 

Somoa `La Cosa´ y ella es, existe, subsite y resiste, en tanto estemos ahí para pensarla. La cosa, de plano, vive porque estamos nosotros para reconocerla, entenderla, descifrarla, definirla, controvertirla y terminarla. Somos el fin y el comienzo de la cosa, somos la cosa.

Siete esteriles, pueriles, cosudas y efímeras leyes sobre la cosa:
  1. Entender la cosa es entenderse a sí mismo. Entíendase usted y entenderá la cosa.
  2. Hay cosas de cosas, por eso, cada cosa a su lugar. 
  3. La cosa aunque exista por sí misma sólo es cosa en la medida que sea definida, y no puede definirse por sí misma.
  4. La cosa queda expuesta, entonces, como la relación entre usted y todas las cosas.
  5. Se es cosa en la medida que se es, se es cosa en tanto se sabe que se es.
  6. Una cosa más, una cosa menos, qué más da. Somos un sin fin de cosas.
  7. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Richitelli.

Monday, October 05, 2009

MAMITIS.

Mamitis, sí, ése sentimiento que te agobia, ocasionalmente te tortura, que siempre te recuerda de donde vienes y que debería decirte para donde vas.

Ley #1: "Si no fuera por ella, aquí no estuviera. Si no fuera por él, para allá no fuera".

Hace rato no pasaba por aquí, entre otras razones, porque mis días últimamente han estado más que atareados, vilipendiantemente afanados. A veces pienso en escribir sobre tal o cual cosa pero no termino de emocionarme, ¿por qué? no sé, porque sí. Cuando es el momento pues lo hago porque me nace, porque fluye, porque rinde, o porque no. En últimas no importa. Por escribir no me pagan, por escribir no voy a ser ni más o menos ni peor ni mejor, escribir es para mi tan sólo un pasatiempo más, como otros que tengo. No estudié literatura, no aprendí mucho de lógica y mis habilidades distan mucho de aquel arquitecto que algún día quería ser, tampoco importa. Hoy soy lo que quiero ser y mañana seré otro, con algo de éste y de aquél, pero otro. Hoy entré al blog con el único objetivo de corregir una palabra mal escrita en mi última entrada. Ya lo hice, debería irme ya, pero no puedo.

Oráculo #1: "El afán es el peor enemigo del desahogo y el mejor amigo del olvido"

Mi mamá no entiende de afanes; ella los elude, los soporta, los deja pasar. Mi papá sí que los entiende; él los maneja, los vive, los produce. Así son felices, porque son como partes rar de un mismo archivo: no funcionan por separado. Tengo mamitis porque hace mucho no los veo; hace ya meses que Papá no me pellizca, no alega por Arnulfo, no me da su bendición con golpecito en la frente y no me alecciona con su risilla exlíbrica sobre lo uno o lo otro; hace ya meses que Mamá no me besa, no se emociona al verme llegar, no me prepara uno de sus prodigiosos tintos y no me aconseja porque sí, porque no y por sí las moscas.

Ley #2: "La comida de tu casa es la mejor, no porque sea la mejor, sino porque es la de tu casa, y tu casa es lo mejor".

Ahhhh, qué rico es tener a los papás cerca. El afán que tengo de verlos no se compara con ninguna ansiedad que recuerde. Y es que no hay dinero en el mundo que compre amor, familia ni momentos. Oda a Papá y Mamá, oda porque los amo y porque me hacen falta. Ahhh, y gracias Ma por avisarme del error ortográfico, no se qué haría sin tí, mi fan número uno. Pronto nos veremos, qué más da sí aquí o allá, pronto.

Richitelli