Contador Llano

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Wednesday, July 15, 2015



NARCOS, NUESTROS NARCOS.

Voy a verlos ¿y qué?

Me gusta que se hagan series de narcos, como me gusta que se hagan series de músicos, políticos, transexuales, monjas, personajes bíblicos, animales que hablan, extraterrestres y superhéroes; todo lo que se puede contar, merece ser escuchado, leído o visto por alguien, el que sea, todo mensaje tiene su público. Otro cosa es la interpretación que hacemos de esos relatos y, por supuesto, otra muy distinto es la influencia que tienen los autores sobre lo que leemos.

¿Está bien leer los Jinetes de la Cocaina, escuchar las versiones libres de Uribe y los de las Farc, leer las declaraciones que dan criminales a la fiscalía y leer El Tiempo pero no está bien que haya entretenimiento basado en nuestra historia?  ¿qué es y qué no es entretenimiento? ¿acaso la moral tiene derecho alguno a delimitar nuestro ejercicio creativo, el ejercicio de cualquiera que desee contar algo? A mi no me convence ese cuentico.

Lo que pasa en la sociedad es de todos y cada uno de los que pertenecemos a ella, a cada comunidad, cultura y grupo de personas que se relaciona con otro grupo de personas. El crecimiento, la apoteosis, el reinado, la entrega, la fuga y posterior muerte de Pablo Escobar (y lo que ello tenga que ver con sus secuaces narcos( es parte de nuestra historia, y así como nosotros tenemos derecho a reconstruirla por los medios que queramos, hay otras personas que también lo tienen, y deberían ejercerlo. Adoro películas como El Rey y La Vendedora de Rosas, por supuesto, tanto como disfruto El Colombian Dream y El Abrazo de la Serpiente; el cine, la televisión —el audiovisual— es solo una forma más de contar cosas y de disfrutarlas.  Dejémonos de dobles morales y aprendamos a disfrutarlo.

Prohibamos, claro, los desnudos, la violencia, el consumo de cigarrillo y licor en algunos horarios de nuestra televisión —por que que más da, toca, — pero no censuremos los contenidos: que cada cual determine qué quiere ver y cómo quiere verlo, con quién y cuándo. Que los padres acompañen a sus hijos, que los hijos consulten con sus padres, pero que no sea la sociedad la que coja el toro por los cachos y, en conjunto, guiada por el deseo de los recalcitrantes.

Ahora: pidamos que hagan buen casting y que la dirección de arte sea adecuada, qué se yo, peleemos por buenos directores y guionistas, no por las ideas. Tenemos que contarnos mejor las historias de La Violencia, hacer más películas como Cóndores no Entierran Todos Los Días y discutir entre nosotros sobre las cosas que constituyen lo que somos. Quiero una película de La Guerra de los Mil Días, quiero más películas del Bogotazo, quiero películas del Uribato y sobre las Farc, así como quiero más cosas como Confesión a Laura y Escobar el Patrón del Mal. Tenemos que reflexionarnos, revirarnos, alegarnos, escandalizarnos, aturdirnos. Y tenemos que hacerlos de todas las formas posibles: el ensayo no es la única manera de preguntarse cosas sobre lo que somos, las tesis doctorales no son para el gran público, como tampoco lo son las revistas indexadas ni todos los documentales. Hay que probar de todo, mezclar todos los medios y atacar nuestro síndrome de avestruz de raíz: tenemos que preguntarnos más cosas, quejarnos de más cosas, odiarnos por más cosas. Quizá así aprendamos a querernos más, a reflexionar más, a mejorar más.

Voy a ver Narcos, ¿y qué?

Wednesday, March 09, 2011

Status: Xenófobo

Crucifíquenme si quieren, díganme insensato y mala leche; insensible y detestable, lo que quieran, pero estoy cansado, exhausto y hasta la coronilla (que nunca me he visto y no sé si tenga) del drama 'dramático' y desmedido de toda celebridad que cae en las drogas y decide resarcirse.


Ahora es una exbailarina del Show de Jimmy, antes fue Jimmy -¿o no?, no recuerdo, no me importa-, un antiguo presentador de noticias, el Palomo Usurriaga, luego será un cantante o un actor. Acaso un drogadicto del común y del corriente no merece la misma atención?. Pues sí y no. Ninguno me merece tanta atención. Argumenten, si desean, que el asunto este es una enfermedad (como el alcoholismo y el tabaquismo y tal, tal, y tal), que es culturizado, influenciado y que es cosa de amistades, de conocidos, del contexto, del texto, del pretexto.

No voy a entrar en la discusión de la legalización, en la que creo más que en la prohibicíón por simples razones de competencia. El que quiera que la compre, será pues asunto del gobierno, en nuestra representación,  regular las condiciones de salubridad que se deban cumplir y los impuestos que deban pagar (que deberían ser impresionantes!). Es más, hasta bueno porque así nos quitamos de encima la condición de sociedad narcotraficante que tenemos tan tatuada y hasta engrosamos las estadísticas de empleo formal. ¿Qué diferencia hay entre la adicción al alcohol, regulada desde hace años, con la adicción a algún tipo de droga?. Hay drogas de drogas, sí,¿y qué? yo de eso no sé y no quiero saber. Me conformo con decir que no, y es a eso a lo que voy.

La voluntad no la regalan en los semáforos, no tiene unidad de mendida y no se paga en dos contados. Si dijo que sí, pues asuma las consecuencias. Si está arrepentido, pues apele a lo que la sociedad provee para su ayuda. Si dijo que no, pues asúmalo también; pero, si es famoso, pues qué vamos a hacer, en el mundo hay mucha gente que no lo es y quizá cayó en lo que usted bajo condiciones mucho más complicadas y, tal vez, comprensibles. Amigo drogadicto famosito, si quiere salir, pues hágalo pero no coja a toda la sociedad de manto de lágrimas porque todos tenemos a alguien a que ayudar; enfermos hay por doquier, sea uno más de ellos y ayúdese asumiéndolo, no renegando de su clase.

Hay personas a las que les gustan unas cosas, hay personas a las que no y hay personas a las que les gustan otras; el problema no es de gustos. Cada quién que haga lo que desee en su intimidad, pero, como sociedad, no podemos andar dando más importancia a unas circunstancia que a otras por la simple aparición de algún sujeto con cierta reconocibilidad, no seamos xenófobos pues; racismo hay para todos los gustos, discriminación sí que hay a la carta.

Richitelli.

Tuesday, October 05, 2010

El Cartel de la Sombrilla

Amigo paraguaficante y jíbaro de sombrillas, usted, fuente de inspiración de niños y jóvenes de nuestro país que nutre sus arcas del doloroso sufrimiento del empapado ciudadano de a pié escúcheme con atención porque le quiero decir algo abiertamente: desmovílicese. Sí, desmovílicese ya y deje de jorobarme la paciencia cada que me ve; cuando llueve y cuando no, cuando hace sol y cuando no.

No, yo no creo que la industria del parasol sea tan grande como parece. No creo que las 8 sombrillas que he perdido en los últimos 2 años sean producto de leves coincidencias y no creo que las fabriquen tan mal por simple inoperancia ¿Sabe qué creo amigo sombrillero?, creo que lo de ustedes es un cartel. Creo que detrás de cada sombrilla desaparecida hay un falso positivo, que eso de los paraguas personalizados y brandeados no es más que el fatídico intento de un narcoparaguero por resarcirse y encontrar una vida legal, que el negocio de la reparación de paraguas (y con él el de secadores y pitadoras) es un mundo cruel y despiadado, y creo que su cochambríca manipulación del negocio me tiene harto.

Ley #1: "No todo es ilegal pero como toda ley tiene su trampa, toda trampa tiene su ley". 


Siempre he creido que detrás de todo negocio informal con algún ápice de éxito hay algo truculento. No lo puedo evitar, crecí en una sociedad en la que los atajos son vanagloriados y en la que la picardía es sinónimo de triunfo, creatividad y notoriedad. Lástima, eso me produce mucha lástima.

La mejor definición que he oído acerca del tema de la ilegalidad y su influencia en el desarrollo de este país se la escuché a Fernando Solórzano en su interpretación cumbre como Pedro Rey: "Aceptémoslo, la cocaína es la única multinacional que podemos tener". Y así es, mientras no entendamos que la rectitud y el trabajo en equipo producen cosas decentes, y deseemos cosas decentes, tendremos siempre esas famosísimas órdenes criminales para esto, lo otro y lo demás.

Y es que la interpretación de estas organizaciones como 'carteles', creo yo, viene de que dicha palabra es sinónimo de monopolio y lo que pretenden precisamente es eso, monopolizar todos los véctores de un negocio específico (de uno ilegal, de uno truculento) y ejercer con exclusividad el derecho a producir, distribuir o dejar de hacerlo y definir los precios de sus productos sin consultar. Aborrezco los monopolios y sus usanzas ¿y qué?

Oráculo #1: "A caballo regalado no se le mira el diente, a sombrilla regalada tampoco".

Somos un país carteloso y encartelado. Sí somos tan organizados para todo lo irregular por qué no podemos concatenar tanta mente brillante y tanto proceso productivo en proyectos para el bien común, me pregunto en medio de esta incoherente intromisión en el mundo criminal. ¿No han notado ustedes que tenemos un cartel para todo?. Sé que en el occidente colombiano está el 'Del Plátano', que en las tierras cundiboyacences está el de la 'Papa' y que en época de San Valentín (por el día de festejo americano) en los alrededores de Bogotá se alborota el tiernísimo 'Cartel de la Flor'. ¿Y qué hacen?, pues se dedican a robar a los más grandes y a los más pequeños, detienen la distribución en exceso y evitan la evolución del negocio ¿para qué? para controlar los precios.

Ley #2: "Lo único claro del libre mercado es que debe ser libre, por definición"


Me destempla, me destempla me destempla me destempla. Me destempla más que los desorbitados precios de las sombrillas en un día de lluvia el hecho de que haya gente que prefiera una vuelta fácil que dos díficiles. No es justo con los sombrilleros, lo sé, seguramente no son lo que llamo 'El Cartel de la Sombrilla' ni lo serán, tal ves sí; no lo sé ni me importa. Me importa, y me duele, saber que por ahí en la calle hay gente organizándose para delinquir y no haya personas juntándose para pensar, para querer, para progresar. País.

Oráculo #2: "Si vais a la felicidad llevad sombrilla (Ramón Gómez de la Serna)".

Richitelli.