3:50 p.m. El sofoco en este oscuro sector de la oficina es insoportable. Detesto el calor, el sudor y sus pormenores. De un lado de la puerta, de mi lado, estamos en Melgar; del otro lado, en el que no estoy yo, están en la Bogotá de los 50's. Aire gelídito, por las ventanas se ve la lluvia y todo sucede como con aquella parsimonia del Manizales que más me gusta; ese paraíso frío y nublado que te deja ver el color de tus suspiros. Amo el frío, soy patifrío, cacheticolorado y tengo ganas de salir. Por supuesto lo haría, si este oscuro sector de la oficina no se hubiera llenado de gente pidiendo cosas al mismo tiempo y en el mismo preciso instante en el que necesito respirar.
4:00 p.m. Estoy haciendo un presupuesto, espero un material que debe llegar en cualquier momento, me aguanto a un practicante preguntón, trato infructuosamente de espantar a un creativo intenso y por estar tan rodeado no logro ajustar uno de los otros tantos comerciales que debo terminar hoy. El trabajillo este de calcular costos, hacer órdenes de producción y firmar papeles es de lo más tedioso que puede haber. El problema es que lo hago bien. Claro, si lo hiciera mal ya me hubieran puesto de patitas en la calle, pero como lo sé hacer entonces no hay quién lo haga por mí: ensanduchado, frito por lado y lado.
4:10 p.m. Mi moreno compañero creativo acaba de irse, parece que el comercial verá la luz pero con un par de ajustes más. Llega un ejecutivo, sí, un querido ejecutivo. El pobre tiene los ojos más grandes que un Simpson, 2 gotas de sudor en cada nariz y la voz temblorosa. Don Richie necesitamos hacer un comercial táctico de 10 segundos con 3D y composición pero para mañana es tarde. Claro, mande la OT con todo el material y lo cotizamos. No, pero es que no hay plata, toca gratis. ¿Gratis, 'gratis' es un bolero -digo yo- y eso como por qué?. Es que yo contraté con una productora a principio de año 8 tácticos y no me quieren hacer este dizque porque ya me hicieron los 8 y dentro de mis cuentas este es el número 7. Ahí está -espeto yo- muéstreles soportes de que lleva sólo 7 y safamos. Mmmmm -con mirada taciturna me responde- es que no tengo el soporte. Me volteo. De repente le hablo feíto y se me salen dos o tres improperios inapropiados. Váyase y más tarde hablamos, alguna solución encontraremos.
4.15 p.m. El creativo acaba de regresar. Me cae bien, es más, asúmamoslo: es mi amigo. A veces pasa por este blog y comenta cositas. Sinceramente espero que pase esta vez y se disculpe, o se queje, pero que diga algo. Viejo Richieee, venga muéstreme otra vez el comercialito. ¿otra vez? ¿por tercera vez?. Coja oficio que tengo cosas qué hacer. Venga Richi veámoslo con la ejecutiva que es la última vez. Lo que no sabe él es que al teléfono, detrás de nosotros, el productor que hizo el comercial está maltratando a una compañera porque los ajustes ya son muchos y este proceso está muy lento. Intentamos ver el comercial abstrayéndonos de dicha charla y le damos play. Richiiieee, se escucha atrás. Hoy definitivamente me están gastando mucho el nombre. Es otra ejecutiva diciendo: tenemos que codificar los 3 comerciales mañana, 1 por 1 mes y los otros por… Calma, calma, calma, calma, calma que no soy pulpo le digo yo. Pida turno le dice El Moreno. Ella asiente y espera. Estando todos de acuerdo con los ajustes, terminamos de ver el comercial y apenas deja de reproducirse: tran -entiéndase: taque, taque, pum, pum- la compañera le dice al productor que lo va a poner en altavoz porque la discusión está ya muy acalorada.
4.16 p.m. Sí, está muy acalorada. En menos de 20 metros cuadrados hay 6 computadores 10 pantallas, 3 escritorios, 1 lcd, 12 teras de discos duros que calientan como el infierno, 2 vhs, 2 dvds, 3 muebles gigantes y gordos llenos de archivo, 6 peludos peleando y 1 solo ventilador. Tiene que estar caliente.
4.20 p.m. El tipo, muy agoviado por supuesto, no quiere entender los ajustes que ya se le explicaron y quiere poner problema. El creativo hace caras de no entender porqué el tipo no entiende, la ejecutiva se va y yo termino, malencarado, explicándole como con un ábaco lo que ya se le había explicado igualmente bien en 3 ocasiones anteriores. No hay porqué ser tan intransígentes, no hay cómo soportar este calor escalofriante, no hay porqué respirar en este momento.
4.22 p.m. El creativo por fin se fue, los ajustes los enviarán en el transcurso de la tarde y mientras yo me dispongo a continuar con los otros comerciales que tengo por terminar, como un sapo buscando moscas salta la otra ejecutiva. Pululan, salen de entre las esquinas, se camuflan y te descomponen de repente. Richi, ahora sí, tenemos que codificar…. ta, ta, ta, ta, y más tas. Le hago caso, escucho, entiendo todo lo que dice y le digo: escriba todo en una Otésita, lo manda y con mucho gusto se le hace el trabajo -entenderán uds el tono, ¿cierto?-. Se va, vuelvo la mirada hacia mi computador, respiro más o menos profundo y Riiiingg!!! suena el teléfono: Ricardo ya llegó su material, está en recepción. Qué rico, iré a respirar un poco antes de recogerlo, cuelgo feliz, me levanto y de repente: TRAN, TAQUE, TAS, TRAS, PUM. Golpeo con una fuerza descomunal mi rodilla hueca con la esquina del escritorio. Golpe de repente, improperio latente. QG.
Richitelli.
Contador Llano
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Wednesday, October 06, 2010
Golpe de repente, improperio latente.
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ricardo bustamante echeverry
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