Me hace falta ir al estadio, hacer cola, jugar cartas, tomar gaseosa y comer albondiga. Me hace falta un radio arrimado a la oreja, el frío en la espalda y asomarme por la baranda de arriba a ver rodillones jugando en la auxiliar, me hace falta el Palogrande.
- Ley #1: "De allá soy, de allá vengo y allá volveré".
Hoy vuelve el Once Caldas de Manizales a jugar como local en la Copa Libertadores y en mis entrañas ya se plantea un cotejo lleno de nervios. Estoy nervioso porque hoy soy un tipo lleno de recuerdos.
La primera vez que fui a un estadio de fútbol aún era un bebé. Jugaban El Once Caldas contra el América de Cali, eran los blancos contra los rojos. Mi papá me había llevado. Él, como siempre, tenía un sombrerote espléndido y yo alguna pantaloneta descolorida. Recuerdo como si fuera hoy como los de blanco pasaban y pasaban la pelota mientras los rojos siempre buscaban al negro altote que corría como un caballo y le pegaba con odio al balón. Era el final de los ochentas, yo debía tener unos 5 o 6 años y no pude terminar de ver el partido. Me quedé dormido en las piernas de papá hasta que unos caleños de al lado saltaron gritando Goooooool. Ése día no sé si el Once Perdió o ganó, a mi me gustó verlo de blanco y supe quién era Fredy Rincón.
Pasados los años volví al estadio. César, uno de mis hermanos mayores, me llevó. Era el día de la inauguración del Estadio Palogrande, que reemplazaba al viejo Fernando Londoño Londoño. Jugaba el Once Caldas contra el Cruceiro de Brazil (creo, pudo ser otro equipo, al final no importa). Luego de hacer la cola y mostrar la boleta pudimos entrar. El estadio se veía inmenso, nunca había visto un sitio en el que me dieran tantas ganas de jugar metegol. Otra vez vi que el equipo de blanco tocaba y tocaba la bola mientras los de azul metían goles casi sin querer. En los blancos había un señor flaquito que se movía con la pelota como si bailara salsa y pasaba super bien el balón al que yo le gritaba que me tiera gol. Mi hermano ese día me gastó paleta, me enseñó lo que era hacer la ola y me dijo que el Once Caldas jugaba de blanco. Ese día supe que a Giovanny Hernández le decían 'El Niño del Millón de Dólares'.
Luego, ya barroso, gafufo y patillón, empecé a ir inquebrantablemente a cada partido que jugaba mi equipo de local. Siendo ya un adolescente, lo que había empezado como un juego se volvió en una religión. En 1998 ví el primer partido internacional de mi Once Caldas. En el 97, milagrosamente, habíamos clasificado a la copa Conmebol y nos jugábamos el pase a la siguiente ronda en la ciudad Cómo lo había hecho durante el último año, asistí al partido con mi amigo Eduardo, hermano menor del profe Dios Antonio, y del que les puedo asegurar, es el tipo que más sabe de fútbol en esa familia. El estadio estaba lleno, blanco, animado, hermoso. Pacho Foronda miraba siempre a la afición, a Wbeimar Villegas le brillaba la calva. Henao calentaba, Valentierra reía y Galván chutaba. El partido terminó 2-1. Todo se definiría en penaltys. Ése día supe que si moría infartado, la culpa sería del blanco.
Eliminado de la conmebol el equipo se concentró en el troneo local. Hizo 128 puntos, record nacional. Entre galván y Valentierra fueron la pareja más goleadora del torneo y el Once Se clasificó a Copa Libertadores. Ese año aprendí que en el fútbol no siempre el que mejor juega, gana, y el que gana, no siempre lo merece. El Once cayó vapuleado en la final y el Deportivo Cali salió campeón. También ese año supe el nombre del mejor arbitro de Colombia: "Oscar Julian Ruiz" (me debés una).
- Oráculo #1: "Perder es ganar un poco"
- Ley #1: "Un Boomerang bien lanzado regresa, uno mal lanzado también".
Hoy soy una añoranza ambulante, un recuerdo fulgurante. Hoy siento de nuevo la alegría, los gritos, el llanto y las risas que viví cuando goleamos a River, cuando vendimos a Congo. Tengo incrustados en mi memoria los más de 45 minutos que estuve en Oriental esperando la llegada de la luz, no podía esperar por ver a Chilavert salir perdedor. Hoy soy un libro abierto, listo para gritar gooool. Hoy soy consciente de que aunque la vida me trajo por otros rumbos, algun día volveré. Sí, volveré. Pues ver al Once ganar en Bogotá no es lo mismo, porque no soy el local. Porque aunque lo oígo por la radio, lo lea en la red, lo sienta después de cada café que tomo o lo vea reflejado en mi pecho cada día de cotejo, yo soy del Once porque me gusta verlo de local. Me gusta ver al blanco blanco tocarla y tocarla, atacar, defender, perder, empatar y ganar. Hoy, recuerdo que la final de copa la vi en un tv, recuerdo que en el 2003 grité, lloré, festejé y descansé en oriental, recuerdo que cuando ví a Henao gritar CAMPEOOOONES estuve 40 minutos en shock, que en el 2002 merecimos mejor suerte y que en el 2009 fuimos campeones otra vez, como la primera vez.
- Oráculo #2: "Si es mejor pájaro en mano que 100 volando, doble cabezazo en el área es gol y no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, la moraleja es: a soldado capado no le da blenorragia".
Vamos Once que: Esas no son penas pa un ninja.
Richitelli.

