Contador Llano

Thursday, October 22, 2009

PÁNICO RADIOANALÓGICO: THE HIGHLANDER REQUIEM.

Hace mucho no me sentía tan vulnerable, desolado y apesadumbrado. Al parecer no estoy tan preparado para mi vida adulta como pensé: soy un romántico, un conservador defenestrado, soy lo que era, lo que tengo, tenía y, hoy, no soy lo que tendré. Soy lo que murió el domingo, lo que vive desde la cuaresma del 83 y, sobre todo, soy mi memoria, soy mis recuerdos.

Ley #1: "La memoria es al hombre lo que las bases a un edificio, lo que las faldas a Manizales, lo que la arepa a mis comidas".

1. Int. Noche. Casa de Familia. 'El Apartacho'.

Viene de negro. Al fondo oímos música instrumental, también a alguien teclear rápidamente en una máquina de escribir. Estamos en un cuarto pequeño y oscuro, en las paredes hay varios afiches: Chaplin y Coca-Cola, Einstein en Blanco y Negro (BN), Sir Baden-Powell of Giwell en Sepia y un Mosaico hecho con cajitas de Chiclets Adams. Hay merchandise de Coca-Cola por doquier, una cama de la que por debajo sale otra y un viejo TV en BN con carcasa de madera.

Al fondo hay un pequeño pasillo que termina con una puerta que separa el cuarto del garaje de la casa. Otros dos cuartitos aún más pequeños están a lado y lado del pasillo; uno de ellos es el baño, el otro es un cubículo hecho en madera y vidrio esmerilado desde el cual proviene la música instrumental. Allí está Iván oyendo música, tecleando y preparándose para grabar.

En una silla de madera sin espaldar vemos a Ricardo, su hijo, un niño gafufo de unos 10 años. Lleva su ya gastado uniforme de la Selección Colombia del 90, medias blancas y tenis grises. En sus manos tiene dos figuras de acción de Gi-Joe con los que juega haciendo sonidos con su boca: "Puuum, Slashhh, toma, yo soy mejor, te acabaré, ya verás"

Desde el cubículo oímos que el tecleo en la máquina de escribir termina. Iván, con voz grave y tono fuerte habla, luego escuchamos como saca la hoja de la máquina.

Iván: Richiii! Silencio pues ya porque voy a grabar.

Ricardo, atento, asiente con la cabeza y se dirige hacia el cubículo con sigilo mientras oímos que Iván para la música de sopetón, abre la casetera, saca el cassete e inserta otro. El niño ya está cerca del cubículo, se asoma por la puerta y ve a su padre de espaldas. Iván, de camisa blanca manga corta, tiene un papel en su mano y con la otra apreta Rec+Play de la grabadora.

Iván: Buenos días a todos nuestros oyentes, hoy, sábado en la mañana, inicia Pérfiles Periodismo de Opinión.

Oráculo #1: "Mucho lo quiero pero llorar no puedo".

Está tan claro en mi mente que dejó de ser un pedazo de memoría, por cinco minutos fue sólo un momento más. Ése es tal vez el memorando más significativo de mi primera conexión con la radio, esa compañera analoga que ha estado presente en casi cada día de mi vida desde hace tanto y que hoy me tiene de luto. Recuerdo el programa de mi papá, Pérfiles, que se oía en la Voz de los Andes los sábados en las mañanas; recuerdo cómo se preparaba, cómo lo grababa y recuerdo los casetes en los que lo entregaba. Bellísimo rito, bastante normal para mí por aquella época.

Luego, con los días y años, me hice cada vez más dependiente del sonido gangoso que producen los radios cuando se sintonizan en am. Por César, mi hermano, recuerdo la chillona risa del 'Descachao', la espectacular y nunca honrada entrada del Hermano Saulo en la Zaranda y los insucesos característicos de don Hipocondrío. Por el fútbol recuerdo el jingle de la Panadería San Francisco, patrocinador de todas y cada una de las entrevistas de Olmedo Correa y Correa. La radio es eso, una compañera inseparable, casi irrompible y que tiene don de la obicuidad. Es variopinta, tersa, tierna y viperina. La radio no te deja estar solo. Si te aburres le bajas, si te molesta cambias de dial, si te cansa te espera, si te vas vuelve por tí. La radio no es sólo música, voces, noticias o directos. La radio es narración, la radio es misterio, la radio es imaginación.

Ley #2: "Radios hay muchos, como el mío ninguno, como el suyo, tampoco".

Creo firmemente que el silencio es, más que la contarparte, el complemento del sonido, creo en el poder rehabilitador de la imaginación, creo que la vida no es nada distinto a lo que es y que uno no debe aferrarse a lo que tiene. Las posesiones materiales son pasajeras, pero definitivamente todas y cada una de las cosas que pasan por tus manos tienen un significado, a veces mayor, a veces menor, pero significado al fin y al cabo. Por eso, y tal vez por nostálgico, creo que se debe respetar la historia de lo que se pierde, de lo que se abandona, de lo que se va.

Hoy debería llorar, debería vestir de negro, debería hacer una novena, debería expulgar mis penas pero no puedo, ando por aquí escribiendo. Y es que no encuentro mejor manera de homenajear a Highlander: mi radio finado, mi radio destartalado, mi radio desaparecido, mi radio, mi radiecito, mi radio.

Sí, perdí, el pasado domingo perdí. El último y más querido representante de ese inmenso listado que ha pasado por mis manos ha dicho adiós para siempre, para no volver. Highlander ya no va más y nada puedo hacer. Atrás queda el día en que mi Papá me lo regaló, atrás quedan 5 años al sol y al agua, atrás queda el economizador de pila, atrás queda aquél que estuvo encendido durante días y días sin parar, atrás queda el compañero de cotejos y festejos. Atrás queda Highlander.

Oráculo #2: "Ni suena ni truena".

Richitelli.

Thursday, October 15, 2009

Días de Lluvia

Me emputa sobremanera que cuando llueve todos los residentes de Bogotá se vuelvan locos, crueles, 'Montoyas', egoístas e insufribles. Parece que nunca hubieran visto un aguacero, un charco, un peatón mojado, un cualesquiera esperando taxi o una señora bajar del bus. A todos les da por correr, gritar, contestar de mala gana, mirar de reojo y con recelo, por jalonear, meterse en la cola y hacerse sentir como si 'hoy', día del 'lapo', del 'Huracán', del 'diluvio', fuera el último día de sus vidas.

Ley #1: "La vida dura tanto como tiene que durar,
aunque sea dura"

Mucha gente morirá hoy, claro que sí. Algunos lo harán de neumonía, otros de pancreatitis y otros de viejos, sin embargo, muy pocos de ellos verán la luz al final del tunel por culpa de un chabasco. Así que por favor, lo suplico arrodillado en un charco lleno de piedras y con mi ropa empantanada (ajá!): tomen los días de lluvía como uno dia demás, más mojado, pero demás.

Oráculo #1: "Aguacero recio, pronto escampa"

Bogotá es la capital del país, es el lugar con más opciones laborales para más cantidad de colombianos, con más universidades, más kilometros, más colegios, más carros, más empresas, más empleados, más personas. Bogotá es la ciudad de todos los colombianos. Bogotá es de los aquí nacidos, de los que aquí vivimos y de los que aquí lo harán. No pretendo cambiar la idiosincracia de esta selva de concreto, ni por el chiras, su carácter de metrópolis es lo que la hace única. Pero, no puedo dejar de sentir que aquí, cualquier lloviznita se vuelve una tormenta en un vaso de agua.

Ley #2: "Si caminas, llegas; si corres, también; si vuelas, igual. El problema es saber llegar".


En un día soleado, seco y no muy humedo, el 99.5% de los residentes de Bogotá tienen afán. Claro, es que aquí casi todo queda lejos, el transporte público es miserable, no hay vías para transitar con fluídez y las que sirven de repente las arreglan sin necesidad. El oficinista razo, el taxista, el de que vende tintos, el ejecutivo, el concejal, el policía, el que va en bus, el que va en transmi, el que viene y el que va tienen afán. Hasta yo aprendí a tener afán. No lo entendía al principio pero así es: hoy en día soy un afanado más.

Oráculo #2: "De los afanes no queda sino el cansancio".

Ni Bogotá ni nosotros (los aquí residentes) estamos preparadados para una Katrina, un Karina, un Trina ni ninguna otra tromba terminada en Ina. El acueducto se quedó viejo, la malla vial está en un deterioro casi medieval y, además, a grandes razgos, la ciudad está construída sobre lagos resecos. ¿Qué pasa en el barrio Galerías cada que llueve?, ¿Por qué está hundida toda la calle 92 entre la Cra 11 y la Autopista Norte?, ¿Por qué dicen que Aquaman nació en Fontibón?, Ahhh, pues por falta de planificación y por falta de reacción. ¿Y nosotros?, pues con nosotros pasa lo mismo: Andamos por ahí corriendo como locos, apurados, incesantes, indeterminables y correlones sin pensar en las consecuencias. Frenemos, esperemos, demos el paso.

Por favor, tomémonos con un poco más de calma los días de lluvia. El diluvio ya pasó y puede que pase de nuevo, pero no hoy.

Monday, October 05, 2009

MAMITIS.

Mamitis, sí, ése sentimiento que te agobia, ocasionalmente te tortura, que siempre te recuerda de donde vienes y que debería decirte para donde vas.

Ley #1: "Si no fuera por ella, aquí no estuviera. Si no fuera por él, para allá no fuera".

Hace rato no pasaba por aquí, entre otras razones, porque mis días últimamente han estado más que atareados, vilipendiantemente afanados. A veces pienso en escribir sobre tal o cual cosa pero no termino de emocionarme, ¿por qué? no sé, porque sí. Cuando es el momento pues lo hago porque me nace, porque fluye, porque rinde, o porque no. En últimas no importa. Por escribir no me pagan, por escribir no voy a ser ni más o menos ni peor ni mejor, escribir es para mi tan sólo un pasatiempo más, como otros que tengo. No estudié literatura, no aprendí mucho de lógica y mis habilidades distan mucho de aquel arquitecto que algún día quería ser, tampoco importa. Hoy soy lo que quiero ser y mañana seré otro, con algo de éste y de aquél, pero otro. Hoy entré al blog con el único objetivo de corregir una palabra mal escrita en mi última entrada. Ya lo hice, debería irme ya, pero no puedo.

Oráculo #1: "El afán es el peor enemigo del desahogo y el mejor amigo del olvido"

Mi mamá no entiende de afanes; ella los elude, los soporta, los deja pasar. Mi papá sí que los entiende; él los maneja, los vive, los produce. Así son felices, porque son como partes rar de un mismo archivo: no funcionan por separado. Tengo mamitis porque hace mucho no los veo; hace ya meses que Papá no me pellizca, no alega por Arnulfo, no me da su bendición con golpecito en la frente y no me alecciona con su risilla exlíbrica sobre lo uno o lo otro; hace ya meses que Mamá no me besa, no se emociona al verme llegar, no me prepara uno de sus prodigiosos tintos y no me aconseja porque sí, porque no y por sí las moscas.

Ley #2: "La comida de tu casa es la mejor, no porque sea la mejor, sino porque es la de tu casa, y tu casa es lo mejor".

Ahhhh, qué rico es tener a los papás cerca. El afán que tengo de verlos no se compara con ninguna ansiedad que recuerde. Y es que no hay dinero en el mundo que compre amor, familia ni momentos. Oda a Papá y Mamá, oda porque los amo y porque me hacen falta. Ahhh, y gracias Ma por avisarme del error ortográfico, no se qué haría sin tí, mi fan número uno. Pronto nos veremos, qué más da sí aquí o allá, pronto.

Richitelli