Contador Llano

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Monday, March 26, 2012

AMBIVALENCIAS

Publicistas que odian el catolicismo, critican la visita del Papa y adorarían una conferencia de Ogilvy o un encuentro fortuito con alguna 'deidad' del mercadeo. Políticos que detestan a Uribe y fungen como representantes locales de sUs ideas, del que fuese su partido. Músicos que odian el reguetón y para demostrarlo hablan de él con insistencia, casi con tozudez. Ex–aficionados al fútbol (si acaso existe cosa tal) que critican la filiación por equipos no locales mientras adoran cantantes más foráneos que el euro, o el dólar, que ya no lo son tanto ¿en qué vienen empacadas, originalmente, las remesas de sus ex-patriados? Profesores que pregonan querer mejorar la educación y sólo se educan por escalafón. Periodistas que adoran la comunicación pero no son capaces de ser directos, tajantes, abiertos. Ateos que creen en la astrología, en el destino como medio para un fin. Científicos que se persignan, católicas que usan anticonceptivos, teóricos que prefieren la asunción que la investigación, automovilistas que odian a los motociclistas y peatones pero paran en la cebra, ciudadanos que no votan y critican, feministas que quieren que les cedan el paso en la fila, machistas que quieren a sus esposas trabajando, racistas que pagan por prostituras de color —de cualquier color—, comunistas que venden libros, capitalistas que evaden impuestos, mamagallistas de malos chistes, humanos que piensan que pensar no es tan humano. En fin, opinadores (digamos que como yo) que hablan de casi todo y no dicen nada, que pontifican sobre la vida y temen a la muerte, que hablan de paz y en todo lo que escriben no se les lee sino odio.

Todo es cosa de doble racero, de direccionamiento compartido, de reflexión referida a lo externo y no a lo interno; mala cosa, buena cosa, ambivalente cosa. Despotrico de lo que odio, lucubro sobre lo conozco, ataco lo que no me pertenece, aquello que no comparto, soy individualista en una sociedad interaccionista ¿qué diablos estoy haciendo mal, qué dioses estoy haciendo bien, qué diantres debería hacer, qué cielos no debería prometer? Soy reactivo, universal, no soy equilibrado. Soy humano, como algunos otros, pero parece que no lo entiendo; parece que no acepto que todos deberían tener, al menos, quizá más, iguales derechos y obligaciones. Igualizar no es más que des–aprender, humanizar es existir en co–relación, en interacción. Demonios.

Richitelli.

Wednesday, March 14, 2012

Prostituto del cine. Cinco párrafos sobre cine.

Hace muchos días no escribo de cine, qué cosas. Me gusta el cine —me fascina—, me gusta escribir sobre él y me encantaría tenerle un espaciecito exclusivo, pero, al menos en esos términos, este ya no es el lugar y creo que no tendré uno pronto, qué le vamos a hacer. Este blog se transformó más en un conjunto de reflexiones sobre todo aquello que me interesa, sobre lo que quisiera decir acerca de unos u otros temas. Aquí hay textos sobre cine, hay cuentos, pensamientos, alegatos, griteríos, quejas, cartas, aquí hay un poquito de todo, parece que soy un tipo bien variopinto. Aquí me refiero a lo que sea, a lo que sea que esté pasando por mi mente en el momento de decidirme a escribir; y sí, qué cosas, hoy le dedicaré cinco párrafos —y sólo cinco— al cine.

Uno. Hablando en plata blanca (que no existe ¿cierto? La plata es como plateada, como gris, como una combinación de grises y negros brillantezcos ¿cierto? Esas metáforas nuestras hombre) podríamos decir que soy un prostituto del film: veo lo que sea. Casi todas las películas me gustan, a casi todas les encuentro algo bueno, algo rescatable. El mero hecho de que en Colombia (El país del 4x1000!!!) alguien se arriesgue a hacer un largometraje ya me merece respeto y admiración, por ejemplo. Eso debe tener que ver con esa línea de vida que tengo: hay algo de bueno en todo lo que existe, simplemente hay que querer buscarlo. 

Dos. Ahora, no quiere eso decir que todas las películas me gusten o que todas me parezcan buenas, maravillosas; hay ocasiones en las que simplemente no se puede. Evidentemente hay unas películas que me parecen malas y otras que detesto porque simplemente no me gustan, aunque sean buenas; todos tenemos nuestros afectos, eso es indudable. Otra cosa es, también, que tenga una cierta formación audiovisual que me permita (si eso es acaso posible, que me gusta ponerlo en duda) entender más o menos el fenómeno cinematográfico y, a la vez, tener un cierto criterio para decidir qué película es buena o no. 'Buena' o 'mala', por supuesto, en términos puramente cinematográficos y no en términos emocionales, que es a lo que me refiero, son apenas una suerte de categorías que me permiten deducir si el trabajo del artista (y del artesano, y del profesional, y del técnico, y de todos los que trabajan en un film) es correcto o no, si puedo tenerlo como ejemplo de una gran realización, de un producto bien hecho, no es más. 

Tres. Pero, por otro lado, vienen luego ese montón de discusiones sobre ¿qué película es mejor? ¿cuál te gustó más? ¿cuál te dejó un mejor mensaje? ¿cuál te parece que debería ganar el Oscar? Que tanto me molestan, y me gustan, y me molestan, y me gustan; bueno, más bien me molestan. Sobre el cine —y sobre cualquier producción artística, cualquier producción de conocimiento— todos podemos tener nuestras opiniones, porque a todos nos afecta de uno u otro modo. Tener algún bagaje en un tema específico lo único que nos permite es poder determinar si aquello es correcto o no, no si aquello nos gusta o no. Tomemos el fútbol como ejemplo. Como su seguidor incansable durante los últimos 15 o 16 años de vida puedo decir que nunca vi a un equipo jugar mejor que el Barcelona, nunca vi un équipo más armónico y sutil, nunca vi un équipo ganar con más facilidad; sin embargo, lo detesto. No me gusta ese futbolito tristongo de pasar y pasar, como no me gustaba en la selección Colombia y no me gusta en el Once Caldas. Me gusta el ataque, me gusta el Real Madrid, me gusta el Bayer Munich, me gustaba el Once Caldas de Álvarez en el 98, el de Osorio en el 2010, me gusta que el único plan B sea ser superior y más fuerte que tu oponente, así me gusta el fútbol. Y pasa con el cine, también, aunque a diferente escala. Hay películas que me gustan, que me encantan, como Duro de Matar o Inquebrantable que nunca van a ganar un Oscar y que nunca las pondré en mi TOP 10 de mejores películas (que lo tengo, claro) pero que me entretienen, me divierten, me emocionan. 

Cuatro. Y hablando de los Oscar, de esos premios de la academia norteaméricane de artes cinematográficas, esos premios de la industria (LA INDUSTRIA) ¿Qué le vamos a hacer? Eso es lo que hay. Creo haber visto todas las películas nominadas a mejor película este año y todas, podría sonar tautológico incluso, me parecen buenas películas, como casi todos los años. ¿Qué quieren que hagan los Oscar? ¿Quieren que premien a las mejores obras de arte como obras de arte per sé o que premien a las mejores películas con respecto a su definición canónica como industria? Esas son preguntas que dudo tengan respuesta y que la academia se encarga de controvertir más con sus ambivalente decisiones anuales y que, la verdad, no afectan más allá de las taquillas porque el arte cinematográfico le sobrevive. 

Cinco. A mi me gusta el cine por el cine, no por los Oscar; sin embargo, como buen fanático barra brava y siendo estos los premios más importantes del planeta (no los más artísticos, sobre los que podríamos discutir) pero sí los más importantes en términos de industria y repercusión) claro que me ofendo y hago fuerza por una u otra película, por uno u otro director, qué le vamos a hacer. No quiere decir esto, sin embargo, que hasta ahí llegue mi neutralidad (que tampoco creo que exista pero tratemos de ejercerla hoy). Este año hubiera querido que ganara Hugo (porque me fascinó) pero creo que lo merecían más The Help o Barney's Version (Grande Paul, grande!, peliculón). ¿Y de Descendants? Yo hasta se lo hubiera dado pero no exageremos. ¿Midnight in Paris? Linda, deliciosa, pero tampoco pues —me pareció mejor lograda You Will Meet a Dark Tall Stranger, de 2010, también de Woody Allen)—. ¿y The Artist? Grandioso film, merecidas todas las nominaciones, sus premios técnicos, el de actuación y tal vez el de dirección, pero el Oscar a mejor película... mmm yo no se lo hubiera dado, es decir, la película usa todas las técnicas de los 30's para hacer un hit hoy en día, valiosísimo, pero ¿se hubiera ganado el Oscar en 1930? Lo dudo. Recordar es vivir, sí, vivir es acumular experiencias y retenerlas para elaborar sobre ellas, claro, pero recordar no es progresar, es apenas vivir. Y creo, sin duda, que las mejores películas son aquellas que marcan un cambio, no sólo un recuerdo, aquellas que determinan la vanguardia. 

Richitelli.

Thursday, April 14, 2011

Manizales se derrumba.

El invierno no deja de azotar a Manizales y lo único que me queda claro, más allá de que tanta lluvia no puede ser otra cosa que una cistitis de San Pedro, es que la ciudad y los ciudadanos que nos relacionamos con ella estamos estancados, somos un lago; el agua, como en los ríos, cielos y montañas sí lo hace, a nosotros no nos corre; los manizaleños no tenemos caudal.

¿Cuántos muertos se merece la vía Bogotá-Manizales para que nos decidamos a pedir una nueva? ¿cuántas tragedias en Maltería se necesitan para que exijamos reforestación, cuidado ambiental, atención a la erosión, traslado del parque industrial? ¿cuántos coterráneos deben irse de la ciudad, como yo, para que nos planteemos una estrategia laboral un poco menos pretenciosa que unos call centers y seis universidades de garaje? a ver ¿cuántos? ¿cuántos escándalos de corrupción se necesitan para que nos movilicemos como el día en que acabamos la ciudad por culpa del sistema integrado de transporte?.

Es decir, no es que yo sea pesimista, todo lo contrario, pero ¿cuántas veces vamos a dejarnos meter los dedos a la boca con negocios como 1) las sillas del estadio, 2) la autopista –matusalénica– del Café, 3) el aeropuerto "Aerocafé –descafeinado–" de Palestina, 4) el mismo sistema integrado de transporte, 5) el aumento desmedido en el impuesto predial.  Manizales no se merece las vías que tiene, los dirigentes que tiene ni la corrupción y el solapamiento que le abundan. Algo hay que hacer.

Para mi viajar a Manizales es una necesidad, no un lujo. De allá soy, allá están mi familia, mis inversiones y mis amigos pero últimamente creo que ir por allá es más peligroso que darse un paseo por el Triángulo de las Bermúdas. Mi esposa me decía ayer que alguien debería demandar a Invías o a algún ministerio, o a alguna institución; decía que alguien tiene que asumir culpas, y es así. Me decía: debe existir algún estudio sobre cuántas muertes ha habido en los últimos años, no sé, quince, digamos, en la vía Manizales-Bogotá, y si no existe deberían empezar a hacerlo de una buena vez. Claro, necesitamos ese estudio para que los de Bolivariano en vez de hacerse los de la vista gorda (aún no se pronuncian, no sean hijue%*&S) sobre el accidente de bus que dejó a las familias de 16 personas en vilo, quizá de duelo, tengan como decir que las estadísticas mienten y que los números no los afectan. Gente inconsciente y desmedida, esas son las empresas que se merece este país, así: desalmadas. Vamos bien.

Ahora, si no se puede transitar pues que cierren y asuman las consecuencias. ¿Acaso nadie se ha preguntado por las oportunidades laborales que han perdido muchos manizaleños porque la vía estuvo cerrada el día de una, u otra, no importa, entrevista laboral en Bogotá? ¿Acaso nadie ha calculado la cantidad de negocios que se han perdido por un derrumbe o dos, entre Fresno y Mariquita? Me pregunto yo, que no sé nada de nada ¿a nadie le importa cuántos bananos se pudren en un camión durante un cierre de dos o tres días, cuántas mandarinas pierden su jugo?.

Transitar por la vía Manizales-Bogotá se está volviendo un suicido y si los Manizaleños no hacemos nada porque nos solucionen el problema la ciudad no solo va a quebrar, no solo se va a acabar, no solo se va a derrumbar, no solo se va a caer; sino que se va a quedar sin feligreses, seremos unos parias y montaremos una sucursal manizaleña en el limbo. Nosotros todos católicos y tal no vamos a poder salir de la ciudad de nuevo, estaremos pecando. Acuérdense que quien se suicida no va al cielo.

Amigo manizaleño si usted cree en Dios deje de venir a Bogotá y quéjese, exija; Amigo Manizaleño si usted cree en la razón y la estadística deje de arriesgar su vida y sus negocios, quédese en Manizales pidiendo una solución; Amigo manizaleño si usted está cansado de que lo roben, de que se mueran sus conciudadanos, de que se vengan avalanchas, de que un derrumbe le bloquee el paso, de que le quiten el agua y de que le suban el predial, quéjese, manifiéstese. 
 

Friday, April 01, 2011

Empanadas inmigrantes; integrantes.

La vida sin suficientes horas de sueño y ocio es inoficiosa, aburrida y sumamente bipolar. Hoy no me siento capaz de preguntarme nada semiótico, nada icónico ni plástico, nada retórico ni gramático, nada literal o figurado; hoy, !hoy! estoy exhausto y por eso, y debido a eso, y gracias a eso, ha dádome por escribir sobre empanadas, ha dádome por calcular mi conocimiento empanadístico: nada más inoficioso y bipolar, sí, pero no aburrido. 

Ley #1: "Empanada aseada: sin mugre de carne".

Una empanada es un comestible en forma de media luna en el que una fina masa de pan, hojaldre, maíz u alguna otra harina es rellenada de lo que sea, y cuando digo lo que sea es: lo que sea. Dentro de la gastronomía colombiana la empanada es un snack, o digamos: bocadillo, elemento de merienda, adminículo del algo, bocata del refrigerio, cosita pa comer, que aventaja al resto de sus congéneres porque es mucho y nada a la vez. Una empanada es una melcocha, un sancochito de cosas, un rejuntado de sobras y cositas dentro de una masa frita ¿o no? no me van a decir pues que la empanada –la colombiana, al menos– nació como entrada para los platos más sibaritas del país, a otro Nule con esa estafa que conmigo no es. ¿Acaso no escucharon que la empanada fue la merienda oficial del mundial de micro? claro, Pinilla y Cuervo apostaron con los paraguayos: ¡el que gana invita a Colombiana y empanada!

Una empanada, para mí, es –como todo lo que emerge en una cultura– también un reflejo de idiosincracias y deseos, de personalidades y cohibiciones; una empanadita es, en sí misma y en el contexto en el que se la vende, un faxímil de quienes la comen y la hacen, de quienes la compran y no.

Oráculo #1: "Tiene más carne una empanada de huevo".

Empanadas hay muchas, cada región tiene una que le representa más que otra y, en ese caso, en mi caso, por ejemplo, puedo decirles que si hay algo que define esa unión casi umbilícal entre el colombiano paisa paisa y el colombiano del eje cafetero es la empanada, la empanada paisa. Hasta los ventiún años viví en Manizales y a la empanada de mi tierrita, la clásica, la que me gusta más que cualquier otra, no se le llamaba ni 'empanada del cable' ni 'empanada tipo manila' ni 'empanada manizaleña' ni 'empanada cafetera'; se le llamaba 'empanada paisa', a secas. Y expliquemos pues que: no soy paisa, soy Manizaleño, que es distinto, hoy es muy distinto, pero reconozco que tenemos raíces comunes y ellas podrían resumirse en el devenir de la empanada, por no ir más lejos. 

Una empanada paisa es hecha con maíz, no con hojaldre ni harina sintética, está rellena de carne de res (ojalá desmechada, que se siente más real que molida, como dice papá) y papa; y ya, !ná más!. Y es que si hay algo en lo que somos congénitamente parecidos los grecocaldenses-paisas-manizaleños-ejecafeterianos-antioqueños-y tal es en nuestra repulsión al cambio extremo. Esto es: si el cambio proviene de nosotros, es impulsado por nosotros y nosotros lo queremos, pues lo acometemos; pero que no venga ningún aparecido a decirnos qué comer, cómo comer, qué pensar ni por quien votar. Y tened ahí le mejor forma de persuadirnos: hacernos sentir que la idea viene de nuestro interior. 

Ley #2: "No existe ninguna ley empanadística, exepto la ley de que no existe ninguna ley empanadística". Parafraseando a Jhon A. Wheeler. Físico teórico.

Somos ególatras, por supuesto –¿y cómo no serlo?, nos preguntamos sin querer escuchar la respuesta–, inventamos la bandeja paisa y las empanadas paisas –sendas comidas pletóricas de sobrao's– porque definimos la economía en términos de no desperdiciar, de aprovechar hasta el último recurso aprovechable. Le dimos a Colombia los impulsos que necesitaba con: la re-colonización antioqueña, la bonanza cafetera (luego del gran incendio) y la bonanza turística (luego del gran terrémoto); díganme ¿cómo no?, y díganme, entonces, cómo vamos a aceptar de un momento a otro una empanada que tenga arroz y sea mixta ¿cómo?, es inconcebible, inadmisible, inviable.

Y es que uno llega de la tierrita diciendo: Empanada, claro, eso es pura masita de maíz amarillo con relleno de papa, carne y picadillo, deme una y !tran, tope-tope-tope-tas!, aquí –en Bogotá– todas tienen arroz, arbejas, lentejas, queso y hasta piña. No jodás. Una cosa, por supuesto, es que uno vaya a un sitio especializado en empanadas de todo tipo, eso es otro cantar. Allá, por supuesto, con toda razón, uno asume que debe mirar la carta y escoger la empanada que quiera, uno está incluso –a veces– dispuesto a probar cosas nuevas, pero es porque uno así lo quiso, no porque a uno así se lo impusieron. Sin embargo, llega uno desprevenido a un sitio que osa llamarse: 'Empanadas Beatriz', 'La esquina de la Empanada', 'el Palacio de la Empanada' o 'Empanadas colombianas', pide una empanada y le salen con una masa frita y tostada de ayer, incluso de hojaldre, con un arroz entremezclado y arbejas por doquier.

¡Traición! Se ha corrompido la esencia de lo nacional, se ha transgredido la norma de lo esencial. Nosotros inventamos la nación, nosotros definimos lo que se come y lo que no, nosotros, inventores del comercio y la evasión, del colombianismo y su noción, del conservatismo y la pasión, del estocismo de profesión, nosotros, no podemos aceptar tamaña traición.

Oráculo #2: "Si quiere empanadas de hoy venga mañana, si quiere empanada paisa, hágala usted, amigo paisa"

Hoy aprendí que sí puedo aceptar la empanada mixta de arroz como un refrigerio, más que como un exabrupto, estoy tácitamente aceptando mi aclimatación como ciudadano bogotano, como inmitrante integrado. Bogotá: asúmeme que yo te asumiré, digo, te asumí. Sí, porque es, entonces, momento de reconocer que el mundo no gira a nuestro alrededor, que no somos más ni menos, ni el todo ni ná'; que somos distintos, como todos. Es momento de asumir el cambio y –al fin– reconocer al bogotano como un coterráneo más, como un ciudadano más y no como un enemigo más. Es momento, pues, de entendernos como colombianos, no como legionarios, es momento de asumir a Bogotá como la capital, no como un terreno de guerra más.

¿Pero es que los bogotanos nos odian, no nos aceptan, nos discriminan?, argüirán algunos, yo no. Si fuera así muchos de nosotros no tendríamos trabajo, no tendríamos esposas ni hijos, de ser así no tendríamos carro o salud, casa o bienestar, y muchos no podríamos comernos una empanada paisa de cuando en vez. ¿Y si lo son qué, y si hay algunos que sí, qué? ¿ojo por ojo? ¿diente por diente? dejemos la animosidad, la animadversión, el odio y demos el primer paso, sean ustedes y nosotros, colombia somos todos, empanadas somos todos, sancochémonos de una buena vez.

Richitelli.



Friday, March 18, 2011

Simple simpleza: adultez en un par de chanclas.

Ayer llegué a la conclusión de que si hay algo que pueda definir la adultez -al menos en mi caso- con una muy simple simpleza es un buen par de chanclas. Sí, en serio ¿Qué sería de la vida de todo adulto reconocido sin un buen par de babuchas, sin unas chinelas calurositas, sin unas zapatillas de descanso apropiadas para el frío inclemente o el sofocante calor? ¿qué sería de mi vida, para ponerme como ejemplo, como carne de cañón, sin esas sandalias de caucho viejo que uso todas las noches?.


Acabóse
Insomnio
Desastre
Dolor de pies
Catástrofe
Suelo frío
Ruina
Cosquillas
Infortunio
Golpes con esquinas
Inevitable
Pasto mojado



Cuando era pequeño vivía sin ataduras, no me molestaban ni la suciedad del asfalto callejero ni el frío de una baldosa ni el cosquilleo que produce el pasto recién cortado. Cuando niño no quería reglas, no quería rutinas, no quería manías. Cuando niño prefería la libertad de una carrera descalza a la comodidad de una caminata cubierta; llegaba a casa y quitarme los zapatos era darme el lujo no tener que amarrarlos al verlos sueltos, de no tener que abandonarlos al tirarme en la cama; el lujo de no tener zapatos sino pies. Tal vez era la necesidad de sentir que estando de pie -y descalzo- mi cuerpo se unía con el mundo, la necesidad de sentir que la vida es una asunto real y no un sueño, la necesidad de sentir que la gravedad no la producen los zapatos o los pies, que no la producen el cuerpo o el alma, que no la producen Dios o el mundo, que simplemente está; ahí. Pero no, ninguna respuesta me fue revelada a esas preguntas que nunca me hice; creo que era cosa de no querer ponerme zapatos y tampoco chanclas, era cosa de simple simpleza. 

Hoy puedo decir que al usar chanclas defino mi vida de adulto. Esto es: al usar chanclas le anuncio al mundo que no estoy tan seguro de querer sentir el frío roce de una baldosa, al usar chanclas arguyo que la sensación de comodidad es una necesidad que clamo. Al usarlas manifiesto mi deseo por separarme un poco de la realidad, así sea por centímetro y medio, y sentirme distinto. Es más, al usar una chancla distinta a otra le estoy afirmando a todos (les interese o no, cosa que no me incumbe) que me amoldo a una regla pero que peleo con otra; por ejemplo, una cosa es una chancla que encierra el dedo gordo y otra que no, una cosa es una chancla que vale cien mil y otra que compro por nueve mil, una cosa es una chancla liviana y otra muy distinta es una pesada, una cosa es una chancla nueva y otra una viejita, una con historia. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, en términos chanclistas.

Mis chanclas son viejas y feas, valieron nueve mil y no las cambio por una que me encierre el dedo gordo u otra con punticos homeopáticos o fisioterapeuticos. No quiero chanclas Nike, quiero chanclas de 'La 19' en Manizales o del 'Only' en Bogotá. No necesito chanclas costosas ni bonitas, no me importa una chancla de diseño ni una pesada, yo lo único que quiero es un par de chanclas que me espere por las noches, que Arnulfo no se quiera comer y que medio arrope mis friolentos pies de cuando en vez.

He de decir pues que hay asuntos que definen la vida y un par de chanclas no hace parte de ellos. Lo que determina nuestra vida son los cursos de acción que tomamos antes de cada decisión, la justificación que le damos a cada cosa, la narratividad de cada pequeña historia de nuestra vida. ¿Qué lo llevó, por ejemplo, a usted, a leer esta historia sobre chanclas y adultez? aquello fue una decisión de simple simpleza, lo que le previno no, ello fue otra historia, una más, que lo trajo a esta en la que tomamos por chancla lo que no debería ser una chancla.

Richitelli.

Monday, November 08, 2010

Pensando el absurdo.

Absurdo es, por ejemplo, querer dominar al mundo, y hay gente que lo ha intentado. Absurdo es querer entender la feminidad o la masculinidad y creer que la razón o el corazón son uno, o el otro, camino directo a la felicidad. Absurdo es creer que un pito sostenido y repetitivo acabará con un trancón o que intentar tumbar un árbol es tan fácil como permanecer vivo para ver otro crecer. Absurdo, lo que se dice absurdo, es saberse dueño de la razón o perderla sin razón, criticar a un suicida o matar a un pecador.

Absurdo es querer dar peleas de otros y no dar la propia, ver tus defectos y no los del otro ¿o es al revés? El reverso es tan absurdo como el torso, el frente y sus laterales. Absurdo, también y además; es discriminar razas, colores, tamaños. Excluir e incluir, diferenciar y desconocer. Absurdo es un mundo en el que los únicos conscientes nos matamos unos a otros por deporte, un mundo en el que la ley del más fuerte es la principal y en el que el amor no es suficiente para traer la paz.

Absurdo, por ejemplo, es sentarse a pensar en el absurdo sin parecer absurdo, escribir sobre el absurdo y no saber que se es absurdo. Absurdo, entre otras cosas, es absurdamente absurdo.

Richitelli, El Absurdo.

Wednesday, October 20, 2010

Querido conocido desconocido

Sé que de pronto me has visto por la calle, sé que quizá en algún momento compartimos un puesto de buseta o algún espacio público. Puede que estudiásemos juntos o en el mismo sitio, que trabajásemos en la misma empresa, que nos hayan presentado de soslayo o que recuerdes mi cara, maltratada con los años, por no se cuál maldita casualidad. Puede, claro que puede ser. A lo mejor tengas mi celular, mi mail, el teléfono de mi casa, el de mi oficina o sepas cómo me llamo pero eso no te da ningún derecho a interrumpir la tranquilidad que quiero impregnarle a mi vida con impertinencias dignas de un acosador.

Voy a decirtelo de una buena vez, y con todo el cariño que pueda aflorar de mí en este momento de animadversión atizadora, para que entiendas que no es sólo contigo, es con todos los que actúan como tú; es con tú género, con tu estirpe, es con esa pérfida calaña de sujetos y sujetas que andan por ahí torturando cándidos e inocentes; esa indoliente alcurnia de impertinentes instigadores. 

Por eso Querido conocido desconocido, voy a enumerarte una serie de cositas que me enfurecen y que tienen que ver contigo, con tu flagelante linaje, con tu lacerante abolengo. Sí, van para tí conocido de cara poco familiar. Toma atenta nota de esto para que no me vuelvas a impertinarme con tu insolencia.

1. No estoy interesado en cursos de inglés, meetings metafísicos, seminarios de superación personal, programaciones neurolinguisticas, reuniones religiosas ni alabanzas. No quiero leer la biblia, ni el evangelio, ni el corán, ni la interpretación que hizo Marlon Becerra de las profecías de Nostradamus, No. Cuando quiero aprender algo lo busco y me informo, no espero a que un vendedor mal hablado y desesperante me llame al teléfono o toque a mi dulce puerta.

2. No leo forwards, no veo power points y no leo spam. No leo publicidad, no quiero entrar a sónico y no leo mails que empiezan con: si no le envías esto a 10 personas antes de... NO. Las únicas personas a las que les perdono y les perdonaré tal atrevimiento son parte de mi familia y círculo cercano. Ellos me pueden mandar lo que quieran, pero tú no. A otro perro con ese hueso, tú puedes meterte aquellos mails bolsillo arriba.

3. No tengo con qué ser fiador de nadie y si tuviera no lo sería. No necesito más tarjetas de crédito ni deudas, no necesito una tarjeta de servicios con pago anticipado ni quiero vender mi cartera. No quiero que en tu disfráz de vendedor bancario, tú, querido conocido desconocido, atentes contra mi cordura y llames cada 3 días a ofrecerme pendejadas. No, no quiero suscribirme a una revista de un banco, no quiero ninguna enciclopedia y no quiero volverte a oír. Punto.

Richitelli.

Thursday, October 14, 2010

Cuando me afeito. Apología a la afeitada.

Hasta hace algunos días no había podido descifrar el verdadero valor de una afeitada. Siempre creí que este era un menester más de los que tenemos todos y de los cuales no nos podemos apartar, no obstante, he llegado a la conclusión de que no hay un ritual que defina con mayor precisión y emotividad la masculinidad que el acto este de quitarse unos cuantos pelos de la cara. Somos machos y nos afeitamos a cada tanto.  

Ahora, por macho entendamos a un sujeto de sexo masculino con cualesquier tendencia sexual porque para los efectos de una rasurada facial esos no importan mucho. Tengamos mucha o poca barba, pareja o dispareja, rubia o negra, lacia o crespa; todos, todos los hombres tenemos que hacerlo en algún momento, y después de ese día, después de la primera vez, ya nada es igual.

¿Será que me dejo mi mostachito original un tiempito más?, dicen que la primera afeitada determina la calidad del bigote ¿Y las patillas?, esas están como feítas, parecen como de peluza. Pero es que a más pelos en la cara pues… y en el colegio hay mucho lampiño. ¿Le pregunto a papá, a mis hermanos o será que me arriesgo a ver qué tal es?. Papá tiene ese cosito que no sé si es un cepillo o una brocha para enjabonarse, pero qué jabón usará ¿o usará crema?. A Jorge nunca lo veo en esas, madruga mucho, y César tiene más juguetes ¿qué máquina compro, uso jabón o espuma? AHHHH. Patos al agua.

No recuerdo a quién le pregunté o sí lo hice antes de hacerlo por primera vez, de todas formas cada uno me dio consejos a lo largo del camino. Lo hice, me corté y me gustó, no me gustó, me gustó, no me gustó. Cosa rara esta la que me produce un concepto tan sencillo como afeitarse. A contra pelo o no, con crema o en seco, con cuchilla o prestobarba rasurarse produce una profunda sensación de vulnerabilidad.

En mi casa no todos sacamos esa piel tersa, fuerte y casi invulnerable que tuvo papá toda su vida (hasta que le dio por medir fuerzas con el mono jaramillo en la tenacidad del 41) no. Es mi caso, por ejemplo. No resisto el sol, los bellos me crecen pa'entro y me irrito con facilidad. Toda la vida me sentí inerme al enfrentarme a un bichito de esos que te rajan la cara en un santiamén. Y tengo el acribillador problema de que además soy neurótico, entonces jodido. ¿Pero y qué?. Pues sí, sufrí para encontrar el método ideal (gracias cio); esa armonía perfecta entre dejar que la barba crezca y no, entre dejar de cortarme y no, entre dejar de irritarme y no.

Uy! mechas qué le pasó - me espetó pluma blanca alguna vez en época de pelo en la espalda- ¿le llegó el aumento que se afeitó?. No jefe pero si me aumenta me afeito más seguido, al menos dos veces al mes.

No me afeito con frecuencia, es más, mi paso por el quirofano de la masculinidad a veces se prolonga tanto que ni me reconozco, pero cuando lo hago, lo hago con todo el cariño del mundo. Afeitarse no es como amarrarse los zapatos o secarse la espalda, echarse talco o desodorante; no es como cortarse las uñas o peinarse. Cuando uno se afeita tiene todo ese tiempo para decidir a qué se quiere parecer, qué quiere o no quiere reflejar.

Cuando me afeito tengo la incesante necesidad de verme a los ojos profunda y elongadamente para preguntarme para dónde va mi vida, qué ha estado mal y qué ha estado bien, cuáles son mis problemas y cuáles no; qué tiene solución y qué no. Cuando me afeito me toco con cariño y precaución, me transmito tranquilidad y premeditación. Cuando me afeito siento que el control de mi vida sólo depende de qué pelo cortaré después y de cómo solucionaré el problema de las sobras. Cuando me afeito - quizá como todo hombre, eso no lo sé -, me encuentro con ese lado vanidoso que olvidaré hasta la próxima vez. Esa próxima vez que siempre quisiera que fuera como la primera vez. 

Afeitarse es el único ritual que nadie debería hacer por nosotros. Una buena afeitada es el mejor mantra que podré tener, la mejor oración que me podré decir, el mejor sicólogo que podré tener, el mejor consejo que me daré. Afeitarme es encontrarme con mi yo y mi otro, mi pasado y mi futuro, mi presente y mi delación. No sólo corten sus bellos señores, aféitense una buena y cariñoza vez, como si fuera la primera vez.

Wednesday, October 13, 2010

Teoría de la conspiración y algo más.

¿A ninguno de ustedes les parece extraño ver negocios que terminan sus nombres con: y algo más?. Yo no soy del tipo conspirativo, para nada. Pero sí creo que detrás de tanta oferta de plusvalía debe haber algún gato encerrado.

No me vengan con el cuentico de la falta de creatividad que ese no me lo como. Somos colombianos, recursivos variopintos e ingeniosos. Los aquí nacidos tenemos el gen de la malicia indígena; para cada problema tenemos una excusa y para cada excusa una alternativa. Somos la nación del Sagrado Corazón, tenemos el copyright del minuto de Dios y un adjetivo adjetivado para cada asunto.

El Paraiso del Extintor, el Monopolio de la Licuadora, el Festival de la Cortina, el Oasis de la Chancla, el Emporio del Vestido y así, y así y así tenemos por montones. (Y no caeré en la tentación de mencionar la infinidad de clínicas que tenemos y que no son precisamente galenas) Con eso no tengo lío, la curiosidad de estos nombres tan acicalados me deleitan y me producen risa, tan sólo eso. Sin embargo, ¿qué hay detrás del afamado, vilipendiado y desgastado algo más?

Uno puede vender una cosa y otra. Pero no de todo y además: algo más. Cafetería, restaurante, bar, empanadas desayunos y: ALGO MÁS. ¿Qué de más pueden vender ahí?, en serio. He visto establecimientos llamados: Videojuegos, papelería y algo más, Ferretaría y algo más; Cacharrería miscelanea y algo más, sí, cacharrería, miscelanea y algo más, no jodás. ¿No se supone que en una cacharrería venden de todo, no se supone que en una miscelanea venden de todo? a qué se refieren con el maldito Algo Más. Algo más las de Bolivar.

Recuerdo que en Manizales -adorado terruño, tierra prometida, remanso del doble sentido y la moralidad dispar- había un negocito en el que vendían: tamales y algo más. Yo sí se a qué se refería aquél valorcillo agregado, o al menos eso me contaron. Nunca he entrado a sitio similar, lo acepto. Lo mismo pasaba con otro lugarcillo en el que vendían - venden aún, creo entender: cerveza y algo más.

No elucubraré sobre la verdadera definición de aquel valor agregado en todos los lugares que lo anuncian, empero, sí quisiera que me dijeran qué significado ulterior se encuentra en tal afirmación. Qué es aquello que venden que no se puede clasificar dentro de una categoría definida. Qué modelo de negocio hay detrás de una oferta tan variada e ilimitada. ¿A qué viene ese maldito algo más?

Sunday, October 10, 2010

La ley de las cosas.

Cosa, cosita, cosota cosa. Sabemos todos muy bien que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, que el mundo está lleno de cosas y que si no le damos orden a tanta cosa, la cosa se nos puede salir de las manos.

Hay quienes se atreverían a decir que sin tanta cosa que se tiene en la cabeza la cosa sería más fácil, claro, pero ¿de qué cosa se trata todo esto?, de todas y de ninguna. Sin cosas el mundo no existiría, o al menos no sabríamos que existe. Y si algo bueno se nos otorgó cuando se crearon todas las cosas fue la habilidad de discernir entre cosas; la habilidad de darle vida a las cosas a través de reconocer su existencia. Qué cosa. 

Me explico, digo, me entiendo, digo, me interpreto; lo que quiero decir es que el simple reconocimiento de la existencia de ´La Cosa´ hace que la cosa sea mucho más que cosas. La habilidad que tenemos de significar, resignificar, codificar y decodificar cuaquier cosa, nos hace la cosa más importante de entre todas las cosas que hay sobre la faz de esta tierra llena de cosas.

Somos lo que define la cosa, somos la cosa de cosas, somos, en esencia, nada más que una cosa. Somos la afección de todas las cosas. Somos el discurso. Sí, somos el texto y el contexto de todas las cosas. Somos relatores, historiadores, defensores y atacantes de la cosa. Somos la idea fundacional de la cosa, somos la cosa. Somos creadores y seremos el fin de todas las cosas.

¿Por qué? porqué el día que no haya más de nosotros por aquí no habrá quién determine si una cosa es una cosa u otra, y la cosa sólo dejará de existir en la medida que dejemos de reconocerla. Una concepto existe mientras se piense en él y él no puede pensarse a sí mismo, sólo nosotros -cosotas- podemos ser concepto y cosa a la vez. 

Somoa `La Cosa´ y ella es, existe, subsite y resiste, en tanto estemos ahí para pensarla. La cosa, de plano, vive porque estamos nosotros para reconocerla, entenderla, descifrarla, definirla, controvertirla y terminarla. Somos el fin y el comienzo de la cosa, somos la cosa.

Siete esteriles, pueriles, cosudas y efímeras leyes sobre la cosa:
  1. Entender la cosa es entenderse a sí mismo. Entíendase usted y entenderá la cosa.
  2. Hay cosas de cosas, por eso, cada cosa a su lugar. 
  3. La cosa aunque exista por sí misma sólo es cosa en la medida que sea definida, y no puede definirse por sí misma.
  4. La cosa queda expuesta, entonces, como la relación entre usted y todas las cosas.
  5. Se es cosa en la medida que se es, se es cosa en tanto se sabe que se es.
  6. Una cosa más, una cosa menos, qué más da. Somos un sin fin de cosas.
  7. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Richitelli.

Thursday, September 30, 2010

De la muerte y sus alrededores. Balas, verdades y pijamas.

Hace días me dieron muchas ganas de ver una buena película del oeste y, entretanto, en medio de esta paranoía y sobreexposición del 3D me preguntaba cómo sería un western hecho con dicha tecnología ¿será posible? yo creo que si los valedores de las tres dimensiones quieren alcanzar más que plata, reconocimiento y admiración, deberían lanzarse a por el cine del viejo oeste; sin duda. ¿Se imaginan un duelo de esos clásicos y lentos en 3D? valdría la pena el intento, pienso, ¿podrían resignificar el valor del plano américano, tal vez el último nuevo plano que jamás habrá? qué cosas. Pero no quiero hablar de 3D, ese es apenas el detonante de lo que viene, que no sé qué es.

El cine es sencillo y el género que me puso en estas -a escribir, digo- es uno de los que más claro tiene sus límites y posibles variaciones. Al enfrentarse a cualquier película uno va se sienta como ante una ventana y se dedica a mirar qué pasa del otro lado. Puede ser entretenido, demasiado tecnológico, triste o muy simple; pero es tan sólo una manera más de pasar el tiempo. Sí, claro que el cine es arte, pero cuando se aprecia arte uno lo que hace es pasar el tiempo ¿o no?. Pues para mí sí, entre otras cosas; y a eso vienen las referencias al western, que es un tipo de cine que me gusta montones.

Siento una profunda fascinación por la muerte y sus alrededores. Le tengo miedo, respeto y aversión; le tengo por desconocida y cuenta pendiente, le tengo como parte del proceso, no necesariamente como el final y le tengo como inspiración. ¿Y de qué se trata el cine del oeste? pues de la muerte y sus alrededores. Se trata, sobre todo, de narraciones sobre la lucha entre el bien, el mal y sus puntos medios. Se trata de gente luchando por lo que quiere y se trata de un mundo sin muchas leyes distintas a aquella que dice: "Aquí sobrevive el más fuerte".

Pero lo que quiero decir no tiene mucho que ver con muertes inesperadas e indeseadas, con asesinatos por la espalda ni con tomarse la ley a mano propia, no, no se relaciona con la violencia ni con el afán de conquista y dominación de unos sobre otros. El western es así, lo acepto, pero es ficción, son puras narraciones que nos entretienen con ires, venires y finales. Quiero decir otra cosa, tal vez incoherente, pero muy distinta.

Quiero celebrar, a la vez y al mismo tiempo, el coraje y la cobardía. La única imagen que se me viene a la cabeza al pensar en esto es la de un vaquero en pijama y con sus botas puestas que carga una Colt 45 con balas sucias y peligrosas. ¿Acaso hay una imagen que describa la valentía y la cobardía con mayor presición que la de un hombre que se pasa la vida empijamado aguardando de día y de noche el momento preciso para descansar, el momento preciso para disparar, el momento preciso para morir?

Odio odiosamente que haya personas dispuestas a matar, no lo concibo ni lo soporto. Amo amorosamente que para liberar esas sensaciones de opresión y desenfreno exista el arte. Amor, acojonantemente, que podamos desahogarnos a punta de ficción y me gustaría que las muertes no naturales sólo existieran por allá, donde el entretenimiento es sólo eso: formas de pasar el tiempo.

Valiente el vaquero por estar preparado, cobarde por tener que estarlo. Es una dicotomía sí, una muy bella. Quiero ser un vaquero de verdad, digo, uno que duerma empijamado de valor y que esté dispuesto a disparar verdades a diestra y siniestra. No quiero balas, quiero palabras. No quiero duelos, quiero discusiones. Quiero dormir tranquilo y sobrellevar mi cobardía con decisiones demoradas y prolongadas. Quiero que la muerte violenta sea exclusiva del arte y que cuando lo sea, tal vez deje de ser violenta. Quiero ser valiente, valeroso y disciplinado. Quiero, por demás, que la verdad y sus aledaños sean la antesala de una muerte natural, de mi muerte natural.

Thursday, October 22, 2009

PÁNICO RADIOANALÓGICO: THE HIGHLANDER REQUIEM.

Hace mucho no me sentía tan vulnerable, desolado y apesadumbrado. Al parecer no estoy tan preparado para mi vida adulta como pensé: soy un romántico, un conservador defenestrado, soy lo que era, lo que tengo, tenía y, hoy, no soy lo que tendré. Soy lo que murió el domingo, lo que vive desde la cuaresma del 83 y, sobre todo, soy mi memoria, soy mis recuerdos.

Ley #1: "La memoria es al hombre lo que las bases a un edificio, lo que las faldas a Manizales, lo que la arepa a mis comidas".

1. Int. Noche. Casa de Familia. 'El Apartacho'.

Viene de negro. Al fondo oímos música instrumental, también a alguien teclear rápidamente en una máquina de escribir. Estamos en un cuarto pequeño y oscuro, en las paredes hay varios afiches: Chaplin y Coca-Cola, Einstein en Blanco y Negro (BN), Sir Baden-Powell of Giwell en Sepia y un Mosaico hecho con cajitas de Chiclets Adams. Hay merchandise de Coca-Cola por doquier, una cama de la que por debajo sale otra y un viejo TV en BN con carcasa de madera.

Al fondo hay un pequeño pasillo que termina con una puerta que separa el cuarto del garaje de la casa. Otros dos cuartitos aún más pequeños están a lado y lado del pasillo; uno de ellos es el baño, el otro es un cubículo hecho en madera y vidrio esmerilado desde el cual proviene la música instrumental. Allí está Iván oyendo música, tecleando y preparándose para grabar.

En una silla de madera sin espaldar vemos a Ricardo, su hijo, un niño gafufo de unos 10 años. Lleva su ya gastado uniforme de la Selección Colombia del 90, medias blancas y tenis grises. En sus manos tiene dos figuras de acción de Gi-Joe con los que juega haciendo sonidos con su boca: "Puuum, Slashhh, toma, yo soy mejor, te acabaré, ya verás"

Desde el cubículo oímos que el tecleo en la máquina de escribir termina. Iván, con voz grave y tono fuerte habla, luego escuchamos como saca la hoja de la máquina.

Iván: Richiii! Silencio pues ya porque voy a grabar.

Ricardo, atento, asiente con la cabeza y se dirige hacia el cubículo con sigilo mientras oímos que Iván para la música de sopetón, abre la casetera, saca el cassete e inserta otro. El niño ya está cerca del cubículo, se asoma por la puerta y ve a su padre de espaldas. Iván, de camisa blanca manga corta, tiene un papel en su mano y con la otra apreta Rec+Play de la grabadora.

Iván: Buenos días a todos nuestros oyentes, hoy, sábado en la mañana, inicia Pérfiles Periodismo de Opinión.

Oráculo #1: "Mucho lo quiero pero llorar no puedo".

Está tan claro en mi mente que dejó de ser un pedazo de memoría, por cinco minutos fue sólo un momento más. Ése es tal vez el memorando más significativo de mi primera conexión con la radio, esa compañera analoga que ha estado presente en casi cada día de mi vida desde hace tanto y que hoy me tiene de luto. Recuerdo el programa de mi papá, Pérfiles, que se oía en la Voz de los Andes los sábados en las mañanas; recuerdo cómo se preparaba, cómo lo grababa y recuerdo los casetes en los que lo entregaba. Bellísimo rito, bastante normal para mí por aquella época.

Luego, con los días y años, me hice cada vez más dependiente del sonido gangoso que producen los radios cuando se sintonizan en am. Por César, mi hermano, recuerdo la chillona risa del 'Descachao', la espectacular y nunca honrada entrada del Hermano Saulo en la Zaranda y los insucesos característicos de don Hipocondrío. Por el fútbol recuerdo el jingle de la Panadería San Francisco, patrocinador de todas y cada una de las entrevistas de Olmedo Correa y Correa. La radio es eso, una compañera inseparable, casi irrompible y que tiene don de la obicuidad. Es variopinta, tersa, tierna y viperina. La radio no te deja estar solo. Si te aburres le bajas, si te molesta cambias de dial, si te cansa te espera, si te vas vuelve por tí. La radio no es sólo música, voces, noticias o directos. La radio es narración, la radio es misterio, la radio es imaginación.

Ley #2: "Radios hay muchos, como el mío ninguno, como el suyo, tampoco".

Creo firmemente que el silencio es, más que la contarparte, el complemento del sonido, creo en el poder rehabilitador de la imaginación, creo que la vida no es nada distinto a lo que es y que uno no debe aferrarse a lo que tiene. Las posesiones materiales son pasajeras, pero definitivamente todas y cada una de las cosas que pasan por tus manos tienen un significado, a veces mayor, a veces menor, pero significado al fin y al cabo. Por eso, y tal vez por nostálgico, creo que se debe respetar la historia de lo que se pierde, de lo que se abandona, de lo que se va.

Hoy debería llorar, debería vestir de negro, debería hacer una novena, debería expulgar mis penas pero no puedo, ando por aquí escribiendo. Y es que no encuentro mejor manera de homenajear a Highlander: mi radio finado, mi radio destartalado, mi radio desaparecido, mi radio, mi radiecito, mi radio.

Sí, perdí, el pasado domingo perdí. El último y más querido representante de ese inmenso listado que ha pasado por mis manos ha dicho adiós para siempre, para no volver. Highlander ya no va más y nada puedo hacer. Atrás queda el día en que mi Papá me lo regaló, atrás quedan 5 años al sol y al agua, atrás queda el economizador de pila, atrás queda aquél que estuvo encendido durante días y días sin parar, atrás queda el compañero de cotejos y festejos. Atrás queda Highlander.

Oráculo #2: "Ni suena ni truena".

Richitelli.

Monday, September 07, 2009

Arnulfo, el Popular.

*Todas las fotos de Arnulfo son mías y de él, quedan avisaos.

La popularidad de Arnulfo está sobrepasando mis expectativas. Y sí, es que yo lo quiero porque es mi mascota: mi perrito; no porque sea bonito, no porque sea elocuente. No importa que anoche le hubiera dado la estocada final a mi lapiz óptico, no importa que a veces (en serio, sólo a veces) me orine las chaquetas, no importa que ocasionalmente no deje dormir y no importa que se haya enamorado de la cobija. Lo que en verdad importa es que cuando llego a casa mueve la cola, sacude el arneque y orina goticas de felicidad. Importa que ya sabe cómo pedirme que lo saque, que no puede vivir sin su mamá, que every fucking day, al acostarme, se dedica media hora a masajear mi cabeza con su lengua; importa que sus juegos ahora son los míos e importa que, desde hace 18 meses, hace parte de nuestra familia. Go Arnie Go.

Friday, September 04, 2009

DirecTV Sigue buscando Blogger


Cada vez está más cerca el final del concurso y la pelea está
poniéndose bastante reñida.

Lo que al principio no pasaba de la monotonía digna del reencauche se
ha convertido en una lucha titánica entre dos de los tres
participantes que hicieron videos exclusivos para la convocatoria.

Hachedé y La Historia de Yoko Momoko se las han rebuscado como han
podido para encontrar votos y visitas en todos los lugares de la red.
Facebok, Twitter, Flickr, Youtube y todas las redes y listas de mail a
disposición de los participantes se han transformado en el ring de
esta lucha que a cada momento trae ideas nuevas.

Los dos han armado sendos eventos en facebook, los dos han repartido mails y actualizaciones a diestra y siniestra y los dos siguen vivos en esta lucha por ser el mejor. Aún no se sabe quién ganará, sin embargo, lo que sí es cierto es que el concurso ha ganado muchos enteros con la batalla que se ha desatado entre estos dos.

Aquí queda el link de la página para que entren y apoyen, critiquen y comenten el que más les guste, o el que más les disguste. Lo importante es participar y hacer parte de la polémica.

VOTEN POR MI HISTORIA HACHEDÉ, este es el link:

http://www.lavidaenhd.com/pagina/index.php?mediadisplayother/149

RICHITELLI