– – – Llevo mucho tiempo sin escribir por aquí, lo que no quiere decir que lleve mucho tiempo sin escribir. Aquí un texto que hice para la universidad, tal vez el peor que he hecho en todo el semestre, tal vez el que menos me ha gustado. Lo quiero dejar aquí como evidencia de que soy un ímbecil en términos semióticos y de que esa es la razón por la que estoy estudiando dicho tema tan carrasposo. – – –
SOBRE LAS SEMIÓTICAS FIGURATIVA Y PLÁSTICA DE ALGIRDAS GREIMAS.
Siendo esta la tercera –y espero última– ocasión en la que intento escribir este texto, siento que lo mínimo que puedo hacer es tratar de explicar (y a la vez entender) la razón por la cual captar su esencia no solo se me ha hecho tan complicado, sino, también, y en cierta medida, tan iluminado.
Pregunta: ¿me es posible entender que corrientes tan disímiles como las que guiaron Pierce o Morris y la de la Escuela de Paris, en cabeza de Greimas, puedan tener el mismo propósito y que, al mismo tiempo, sean tan distintas?. Respuesta: por increíble que me parezca, sí.
Si hay algo que he de reconocer después de leer y releer este texto es que de semiótica no sé casi nada en particular y lo sé todo en sentido general, es decir, me sé la pregunta correcta ¿cómo es posible la articulación de sentido? Creo saber, por ejemplo, que el objetivo de la semiótica como ciencia es entender la manera en que producimos sentido, es estudiar todo aquello que significa. No sé, y de eso estoy seguro, cuáles son todas y cada una de las posturas que han regido esta búsqueda; sin embargo, luego de creerme un completo ímbecil por no entender –o quizá querer entender todo más de lo necesario– el artículo sobre las semióticas figurativa y plástica que escribió Argildas Greimas, llegué a la conclusión de que mi confusión es asunto de perspectiva.
Sufrí mucho leyendo este texto porque lo que primero aprendí de semiótica era que esta era la ciencia de los signos, una disciplina que basaba todas sus preguntas en la forma en que estos se producían y que asumía que todo sentido emanaba exclusivamente de ellos y que, para poder entender todo aquello relacionado con el sentido había que estudiar primerlo los signos y no el proceso por medio del cual estos se constituyen, que es la preocupación principal de Greimas.
Sí, viniendo del gusto que me produjo la lectura de las estructuradísimas propuestas del Grupo M quería, aquí, encontrar fórmulas, cuadros, modelos de signos y conceptos que me permitieran desmenusar signo a signo, unidad a unidad, cualquier superficie planaria (término que usa el autor para referirse a entidades visuales de dos dimensiones), pero resulta que no es tanto así. La persepectiva, la forma de entender el problema, que encontré en este texto es opuesta en principio –en su preguntas ¿el sentido es anterior a los signos? Vs ¿son los signos los productores del sentido?– a lo que hicieron Pierce, Morris y, en parte, a lo primero que aprendí de Eco. Aquí, como lo veo, el asunto no es tanto clasificar los signos en todos sus posibles tipos sino entender la forma en que los leemos y el proceso discursivo en el que se configuran. Según he logrado entender, para Greimas no hay nada más allá de los textos –de cualquier tipo, por eso la semiótica es la ciencia de todos los lenguajes y es aplicable, también, para el estudio de lo visual– y toda significación se constituye en ellos.
Y he aquí el tema que, a la vez, me iluminó y me confundió. Si aceptamos, como entiendo lo hace Greimas, que todo producto de sentido reside en los textos y su discursividad entonces ¿o estamos negando de plano la influencia del contexto o estamos aceptando que hay un contexto propio de cada texto, de cada sistema de significación, de cada discurso?, pero, ¿si aceptamos que todo texto es cultural estamos, a la vez, aceptando la influencia del contexto?. Es en la cultura en donde se producen los contextos y, por tal razón, heme aquí volviendo al tema de la perspectiva.
Ahora, los conceptos que más me inquietaron de todo el artículo fueron los de las rejillas de lectura y topográfica ¿por qué?, pues porque en su definición se resumen las dudas que tengo acerca de la negación, aceptación tácita e incongruencia en cuanto a la verdadera función del contexto dentro de toda interpretación.
Representación y reconocimiento aquí son dos conceptos fundamentales, empero, no lo son solo porque ayuden a definir la iconicidad, la plasticidad o la identidad de los signos como uno o como otro, lo son porque definen el esquema que tiene el autor para entender el mundo y para entender la semiótica; que es su forma de entender el mundo.
Greimas asume que el mundo está para ser leído, no que está como productor de sentido; además, asume que lo leemos a partir de categorías y que en estas categorias las cosas deben cumplir requisitos de cierta similitud y diferencia; esto es: reconocemos en tanto somos capaces de encontrar similitudes y diferencias entre lo que hay en el mundo y en tanto logramos categorizar el mundo a conveniencia y en concordancia con nuestras capacidades interpretativas. Así, estando el mundo para ser leído y estando nosotros para leerlo, entiendo que, según la propuesta del autor, los humanos reconocemos los objetos del mundo no como objetos del mundo sino como objetos que hacen parte de nuestra lectura del mundo, y es en este momento de la discusión en el que la rejilla de lectura se hace fundamental.
Ahora ¿es la rejilla de lectura imprescindible para el reconocimiento de las entidades visuales como objetos, el asunto que más atañe a este tema?, pues creo que sí, lo que me molesta un poco de esta lectura es que siento un poco abandonado el contexto dentro de toda la exposición teórica. Las entidades del mundo sí son objetos del mundo, otra cosa es que no son, en sí mismos, los objetos que pretenden representar. Así y si el contexto es fundamental en nuestra lectura del mundo, entonces debe serlo también en la lectura de todo lo que producimos, que en últimas termina siendo, también, parte del mundo.
Todo objeto es semiótico, por supuesto, si bien un signo icónico debe mantener una relación de 'similaridad' con cierto objeto del mundo –aquel al que representa– una vez producida la entidad visual ésta se convierte en objeto. Algo es un objeto en tanto le reconocemos como 'algo', en tanto lo percibimos y lo diferenciamos de otro algo, de otro objeto. En el mundo no hay objetos, hay particulas y arrumes de particulas que forman cosas. Lo que para nosotros es un objeto para una planta no es nada.
Así pues, si esta rejilla de lectura es, como bien dice Greimas, una especie de significante del mundo que nos permite identificar figuras en el mundo, clasificarlas, relacionarlas, diferenciarlas e interpretarlas, de lo que estamos hablando no es otra cosa que de lo que una perspectiva, de una forma de ver el mundo; lo que nos lleva directamente a lo que yo creo es: una aceptación –que tal vez no sea evidente en el artículo– de que el contexto, en su función de condicionador de nuestra interpretación del mundo en tanto forma parte de una cultura, es fundamental en todo proceso de interpretación del mundo y sus objetos.
*En una semiótica plástica no hay una rejilla de lectura, en esta, por el contrario, hay una rejilla topográfica en la que toda lectura depende de las relaciones topográficas (de ubicación, orientación tamaño) que son diferentes para cada imagen. En lo plástico no hay códigos de lectura generalizables para todos los enunciados; los códigos son propios de cada uno y se configuran –y nos son legibles– en tanto hay oposiciones identificables presentes en ellos, en tanto hay categorías que se definen por su oposición y esta oposición es evidente en el enunciado y no fuera de él.
** Greimas no cree en el contexo, cree en la estructura de los textos. Yo ese cuento, aunque sea reiterativo en sus propuestas, no me lo como del todo, hay algo en el subtexto de sus escritos que no me deja creerlo.
Richitelli.