Contador Llano

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Friday, April 01, 2011

Empanadas inmigrantes; integrantes.

La vida sin suficientes horas de sueño y ocio es inoficiosa, aburrida y sumamente bipolar. Hoy no me siento capaz de preguntarme nada semiótico, nada icónico ni plástico, nada retórico ni gramático, nada literal o figurado; hoy, !hoy! estoy exhausto y por eso, y debido a eso, y gracias a eso, ha dádome por escribir sobre empanadas, ha dádome por calcular mi conocimiento empanadístico: nada más inoficioso y bipolar, sí, pero no aburrido. 

Ley #1: "Empanada aseada: sin mugre de carne".

Una empanada es un comestible en forma de media luna en el que una fina masa de pan, hojaldre, maíz u alguna otra harina es rellenada de lo que sea, y cuando digo lo que sea es: lo que sea. Dentro de la gastronomía colombiana la empanada es un snack, o digamos: bocadillo, elemento de merienda, adminículo del algo, bocata del refrigerio, cosita pa comer, que aventaja al resto de sus congéneres porque es mucho y nada a la vez. Una empanada es una melcocha, un sancochito de cosas, un rejuntado de sobras y cositas dentro de una masa frita ¿o no? no me van a decir pues que la empanada –la colombiana, al menos– nació como entrada para los platos más sibaritas del país, a otro Nule con esa estafa que conmigo no es. ¿Acaso no escucharon que la empanada fue la merienda oficial del mundial de micro? claro, Pinilla y Cuervo apostaron con los paraguayos: ¡el que gana invita a Colombiana y empanada!

Una empanada, para mí, es –como todo lo que emerge en una cultura– también un reflejo de idiosincracias y deseos, de personalidades y cohibiciones; una empanadita es, en sí misma y en el contexto en el que se la vende, un faxímil de quienes la comen y la hacen, de quienes la compran y no.

Oráculo #1: "Tiene más carne una empanada de huevo".

Empanadas hay muchas, cada región tiene una que le representa más que otra y, en ese caso, en mi caso, por ejemplo, puedo decirles que si hay algo que define esa unión casi umbilícal entre el colombiano paisa paisa y el colombiano del eje cafetero es la empanada, la empanada paisa. Hasta los ventiún años viví en Manizales y a la empanada de mi tierrita, la clásica, la que me gusta más que cualquier otra, no se le llamaba ni 'empanada del cable' ni 'empanada tipo manila' ni 'empanada manizaleña' ni 'empanada cafetera'; se le llamaba 'empanada paisa', a secas. Y expliquemos pues que: no soy paisa, soy Manizaleño, que es distinto, hoy es muy distinto, pero reconozco que tenemos raíces comunes y ellas podrían resumirse en el devenir de la empanada, por no ir más lejos. 

Una empanada paisa es hecha con maíz, no con hojaldre ni harina sintética, está rellena de carne de res (ojalá desmechada, que se siente más real que molida, como dice papá) y papa; y ya, !ná más!. Y es que si hay algo en lo que somos congénitamente parecidos los grecocaldenses-paisas-manizaleños-ejecafeterianos-antioqueños-y tal es en nuestra repulsión al cambio extremo. Esto es: si el cambio proviene de nosotros, es impulsado por nosotros y nosotros lo queremos, pues lo acometemos; pero que no venga ningún aparecido a decirnos qué comer, cómo comer, qué pensar ni por quien votar. Y tened ahí le mejor forma de persuadirnos: hacernos sentir que la idea viene de nuestro interior. 

Ley #2: "No existe ninguna ley empanadística, exepto la ley de que no existe ninguna ley empanadística". Parafraseando a Jhon A. Wheeler. Físico teórico.

Somos ególatras, por supuesto –¿y cómo no serlo?, nos preguntamos sin querer escuchar la respuesta–, inventamos la bandeja paisa y las empanadas paisas –sendas comidas pletóricas de sobrao's– porque definimos la economía en términos de no desperdiciar, de aprovechar hasta el último recurso aprovechable. Le dimos a Colombia los impulsos que necesitaba con: la re-colonización antioqueña, la bonanza cafetera (luego del gran incendio) y la bonanza turística (luego del gran terrémoto); díganme ¿cómo no?, y díganme, entonces, cómo vamos a aceptar de un momento a otro una empanada que tenga arroz y sea mixta ¿cómo?, es inconcebible, inadmisible, inviable.

Y es que uno llega de la tierrita diciendo: Empanada, claro, eso es pura masita de maíz amarillo con relleno de papa, carne y picadillo, deme una y !tran, tope-tope-tope-tas!, aquí –en Bogotá– todas tienen arroz, arbejas, lentejas, queso y hasta piña. No jodás. Una cosa, por supuesto, es que uno vaya a un sitio especializado en empanadas de todo tipo, eso es otro cantar. Allá, por supuesto, con toda razón, uno asume que debe mirar la carta y escoger la empanada que quiera, uno está incluso –a veces– dispuesto a probar cosas nuevas, pero es porque uno así lo quiso, no porque a uno así se lo impusieron. Sin embargo, llega uno desprevenido a un sitio que osa llamarse: 'Empanadas Beatriz', 'La esquina de la Empanada', 'el Palacio de la Empanada' o 'Empanadas colombianas', pide una empanada y le salen con una masa frita y tostada de ayer, incluso de hojaldre, con un arroz entremezclado y arbejas por doquier.

¡Traición! Se ha corrompido la esencia de lo nacional, se ha transgredido la norma de lo esencial. Nosotros inventamos la nación, nosotros definimos lo que se come y lo que no, nosotros, inventores del comercio y la evasión, del colombianismo y su noción, del conservatismo y la pasión, del estocismo de profesión, nosotros, no podemos aceptar tamaña traición.

Oráculo #2: "Si quiere empanadas de hoy venga mañana, si quiere empanada paisa, hágala usted, amigo paisa"

Hoy aprendí que sí puedo aceptar la empanada mixta de arroz como un refrigerio, más que como un exabrupto, estoy tácitamente aceptando mi aclimatación como ciudadano bogotano, como inmitrante integrado. Bogotá: asúmeme que yo te asumiré, digo, te asumí. Sí, porque es, entonces, momento de reconocer que el mundo no gira a nuestro alrededor, que no somos más ni menos, ni el todo ni ná'; que somos distintos, como todos. Es momento de asumir el cambio y –al fin– reconocer al bogotano como un coterráneo más, como un ciudadano más y no como un enemigo más. Es momento, pues, de entendernos como colombianos, no como legionarios, es momento de asumir a Bogotá como la capital, no como un terreno de guerra más.

¿Pero es que los bogotanos nos odian, no nos aceptan, nos discriminan?, argüirán algunos, yo no. Si fuera así muchos de nosotros no tendríamos trabajo, no tendríamos esposas ni hijos, de ser así no tendríamos carro o salud, casa o bienestar, y muchos no podríamos comernos una empanada paisa de cuando en vez. ¿Y si lo son qué, y si hay algunos que sí, qué? ¿ojo por ojo? ¿diente por diente? dejemos la animosidad, la animadversión, el odio y demos el primer paso, sean ustedes y nosotros, colombia somos todos, empanadas somos todos, sancochémonos de una buena vez.

Richitelli.



Wednesday, August 25, 2010

Dia Internacional del Pandebono


Ley #1: "No hay dulce como el de casa, hogar como el de tu madre ni mecato como el de tu padre".

En casa siempre hemos sido un tanto mecateros, digamos, para no exagerar la cosa. No somos excesivamente obesos, no somos excesivamente esbeltos. No importa, somos felices.

Cada paseo brilla siempre por la parada clásica a mecatear. Nos gusta la comida colombiana, nuestro mecatico criollo. No se imaginan a lo que sabe una natillita de mi mamá, su colada, su postre de las tres leches o esa milhoja que hace años no prepara. Es más, no se imaginan las tortas de mi hermana, sus galletitas, aquellos hojaldres que alguna vez vendí en la universidad o lo que hace de mí el Arroz con Leche de mi esposa. En fin, quesitos, cuquitas negras, gelatinas de pata de vaca, pandebonitos, arepitas campesinas y las ya glorificadas (sólo por mí pero no importa) empanaditas paisas, hacen parte de nuestro dossier de antojos.

Por eso, sin miedo a que me llamen apátrida, forajido o iluso por querer instaurar un nuevo día de feria, y porque ayer entre ires y venires, sin preparaciones y de una forma quizá totalmente coincidente Papá, Mamá, Julieta, el primo Rogelio, su familia y yo acaparamos casi 40 pandebonos en un mero nucleo familiar; anuncio a todo pulmón que desde ayer, el 24 de Agosto de cada año, celebraré el Día Internacional del Pandebono como una oda a esa mezcla escandalosa de harina y queso que llevo comiendo desde que tengo uso de razón. Y es que ya celebramos tanto festivo estúpido que en qué nos afecta uno más, y sobre todo uno que ensalza nuestra deliciosa glotonería.
Oráculo #1: "Lo que no mata engorda".

Acéptemoslo de una buena vez: el hombre, como el resto de especies, es un animal de costumbres (a veces pensamos, sí, pero eso ya casi que lo hacemos por costumbre) y yo quiero celebrar la costumbre ya barrigona, harinosa y deliciosa de comer harina porque sí, porque no y por si las moscas.

¿Ha comídose usted una arepita con mantequilla y sal en la mañana, después del desayuno? ¿un pansito calientito a deshoras? ¿una empanadita crocante antes, durante, después, mientras o en medio de la tarde? ¿Ha engullido usted un Buñuelito, o 2, estando lleno? ¿un Churrito azucarado en plena tarde? ¿Gusta usted de las tajadas, la yuquita frita, los anillos de cebolla apanados, las papas fritas, las papas chips, la arepa frita con gucamole, las, obleas, milhojas, cruasanes o almojabanas?

Si lo ha hecho al menos una vez, como yo en innumerables ocasiones, pues únase a mi causa y celebremos, porque nunca es tarde para un bocadito de sabrosura.

Richitelli.