Contador Llano

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Thursday, September 30, 2010

De la muerte y sus alrededores. Balas, verdades y pijamas.

Hace días me dieron muchas ganas de ver una buena película del oeste y, entretanto, en medio de esta paranoía y sobreexposición del 3D me preguntaba cómo sería un western hecho con dicha tecnología ¿será posible? yo creo que si los valedores de las tres dimensiones quieren alcanzar más que plata, reconocimiento y admiración, deberían lanzarse a por el cine del viejo oeste; sin duda. ¿Se imaginan un duelo de esos clásicos y lentos en 3D? valdría la pena el intento, pienso, ¿podrían resignificar el valor del plano américano, tal vez el último nuevo plano que jamás habrá? qué cosas. Pero no quiero hablar de 3D, ese es apenas el detonante de lo que viene, que no sé qué es.

El cine es sencillo y el género que me puso en estas -a escribir, digo- es uno de los que más claro tiene sus límites y posibles variaciones. Al enfrentarse a cualquier película uno va se sienta como ante una ventana y se dedica a mirar qué pasa del otro lado. Puede ser entretenido, demasiado tecnológico, triste o muy simple; pero es tan sólo una manera más de pasar el tiempo. Sí, claro que el cine es arte, pero cuando se aprecia arte uno lo que hace es pasar el tiempo ¿o no?. Pues para mí sí, entre otras cosas; y a eso vienen las referencias al western, que es un tipo de cine que me gusta montones.

Siento una profunda fascinación por la muerte y sus alrededores. Le tengo miedo, respeto y aversión; le tengo por desconocida y cuenta pendiente, le tengo como parte del proceso, no necesariamente como el final y le tengo como inspiración. ¿Y de qué se trata el cine del oeste? pues de la muerte y sus alrededores. Se trata, sobre todo, de narraciones sobre la lucha entre el bien, el mal y sus puntos medios. Se trata de gente luchando por lo que quiere y se trata de un mundo sin muchas leyes distintas a aquella que dice: "Aquí sobrevive el más fuerte".

Pero lo que quiero decir no tiene mucho que ver con muertes inesperadas e indeseadas, con asesinatos por la espalda ni con tomarse la ley a mano propia, no, no se relaciona con la violencia ni con el afán de conquista y dominación de unos sobre otros. El western es así, lo acepto, pero es ficción, son puras narraciones que nos entretienen con ires, venires y finales. Quiero decir otra cosa, tal vez incoherente, pero muy distinta.

Quiero celebrar, a la vez y al mismo tiempo, el coraje y la cobardía. La única imagen que se me viene a la cabeza al pensar en esto es la de un vaquero en pijama y con sus botas puestas que carga una Colt 45 con balas sucias y peligrosas. ¿Acaso hay una imagen que describa la valentía y la cobardía con mayor presición que la de un hombre que se pasa la vida empijamado aguardando de día y de noche el momento preciso para descansar, el momento preciso para disparar, el momento preciso para morir?

Odio odiosamente que haya personas dispuestas a matar, no lo concibo ni lo soporto. Amo amorosamente que para liberar esas sensaciones de opresión y desenfreno exista el arte. Amor, acojonantemente, que podamos desahogarnos a punta de ficción y me gustaría que las muertes no naturales sólo existieran por allá, donde el entretenimiento es sólo eso: formas de pasar el tiempo.

Valiente el vaquero por estar preparado, cobarde por tener que estarlo. Es una dicotomía sí, una muy bella. Quiero ser un vaquero de verdad, digo, uno que duerma empijamado de valor y que esté dispuesto a disparar verdades a diestra y siniestra. No quiero balas, quiero palabras. No quiero duelos, quiero discusiones. Quiero dormir tranquilo y sobrellevar mi cobardía con decisiones demoradas y prolongadas. Quiero que la muerte violenta sea exclusiva del arte y que cuando lo sea, tal vez deje de ser violenta. Quiero ser valiente, valeroso y disciplinado. Quiero, por demás, que la verdad y sus aledaños sean la antesala de una muerte natural, de mi muerte natural.