Contador Llano

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Wednesday, March 14, 2012

Prostituto del cine. Cinco párrafos sobre cine.

Hace muchos días no escribo de cine, qué cosas. Me gusta el cine —me fascina—, me gusta escribir sobre él y me encantaría tenerle un espaciecito exclusivo, pero, al menos en esos términos, este ya no es el lugar y creo que no tendré uno pronto, qué le vamos a hacer. Este blog se transformó más en un conjunto de reflexiones sobre todo aquello que me interesa, sobre lo que quisiera decir acerca de unos u otros temas. Aquí hay textos sobre cine, hay cuentos, pensamientos, alegatos, griteríos, quejas, cartas, aquí hay un poquito de todo, parece que soy un tipo bien variopinto. Aquí me refiero a lo que sea, a lo que sea que esté pasando por mi mente en el momento de decidirme a escribir; y sí, qué cosas, hoy le dedicaré cinco párrafos —y sólo cinco— al cine.

Uno. Hablando en plata blanca (que no existe ¿cierto? La plata es como plateada, como gris, como una combinación de grises y negros brillantezcos ¿cierto? Esas metáforas nuestras hombre) podríamos decir que soy un prostituto del film: veo lo que sea. Casi todas las películas me gustan, a casi todas les encuentro algo bueno, algo rescatable. El mero hecho de que en Colombia (El país del 4x1000!!!) alguien se arriesgue a hacer un largometraje ya me merece respeto y admiración, por ejemplo. Eso debe tener que ver con esa línea de vida que tengo: hay algo de bueno en todo lo que existe, simplemente hay que querer buscarlo. 

Dos. Ahora, no quiere eso decir que todas las películas me gusten o que todas me parezcan buenas, maravillosas; hay ocasiones en las que simplemente no se puede. Evidentemente hay unas películas que me parecen malas y otras que detesto porque simplemente no me gustan, aunque sean buenas; todos tenemos nuestros afectos, eso es indudable. Otra cosa es, también, que tenga una cierta formación audiovisual que me permita (si eso es acaso posible, que me gusta ponerlo en duda) entender más o menos el fenómeno cinematográfico y, a la vez, tener un cierto criterio para decidir qué película es buena o no. 'Buena' o 'mala', por supuesto, en términos puramente cinematográficos y no en términos emocionales, que es a lo que me refiero, son apenas una suerte de categorías que me permiten deducir si el trabajo del artista (y del artesano, y del profesional, y del técnico, y de todos los que trabajan en un film) es correcto o no, si puedo tenerlo como ejemplo de una gran realización, de un producto bien hecho, no es más. 

Tres. Pero, por otro lado, vienen luego ese montón de discusiones sobre ¿qué película es mejor? ¿cuál te gustó más? ¿cuál te dejó un mejor mensaje? ¿cuál te parece que debería ganar el Oscar? Que tanto me molestan, y me gustan, y me molestan, y me gustan; bueno, más bien me molestan. Sobre el cine —y sobre cualquier producción artística, cualquier producción de conocimiento— todos podemos tener nuestras opiniones, porque a todos nos afecta de uno u otro modo. Tener algún bagaje en un tema específico lo único que nos permite es poder determinar si aquello es correcto o no, no si aquello nos gusta o no. Tomemos el fútbol como ejemplo. Como su seguidor incansable durante los últimos 15 o 16 años de vida puedo decir que nunca vi a un equipo jugar mejor que el Barcelona, nunca vi un équipo más armónico y sutil, nunca vi un équipo ganar con más facilidad; sin embargo, lo detesto. No me gusta ese futbolito tristongo de pasar y pasar, como no me gustaba en la selección Colombia y no me gusta en el Once Caldas. Me gusta el ataque, me gusta el Real Madrid, me gusta el Bayer Munich, me gustaba el Once Caldas de Álvarez en el 98, el de Osorio en el 2010, me gusta que el único plan B sea ser superior y más fuerte que tu oponente, así me gusta el fútbol. Y pasa con el cine, también, aunque a diferente escala. Hay películas que me gustan, que me encantan, como Duro de Matar o Inquebrantable que nunca van a ganar un Oscar y que nunca las pondré en mi TOP 10 de mejores películas (que lo tengo, claro) pero que me entretienen, me divierten, me emocionan. 

Cuatro. Y hablando de los Oscar, de esos premios de la academia norteaméricane de artes cinematográficas, esos premios de la industria (LA INDUSTRIA) ¿Qué le vamos a hacer? Eso es lo que hay. Creo haber visto todas las películas nominadas a mejor película este año y todas, podría sonar tautológico incluso, me parecen buenas películas, como casi todos los años. ¿Qué quieren que hagan los Oscar? ¿Quieren que premien a las mejores obras de arte como obras de arte per sé o que premien a las mejores películas con respecto a su definición canónica como industria? Esas son preguntas que dudo tengan respuesta y que la academia se encarga de controvertir más con sus ambivalente decisiones anuales y que, la verdad, no afectan más allá de las taquillas porque el arte cinematográfico le sobrevive. 

Cinco. A mi me gusta el cine por el cine, no por los Oscar; sin embargo, como buen fanático barra brava y siendo estos los premios más importantes del planeta (no los más artísticos, sobre los que podríamos discutir) pero sí los más importantes en términos de industria y repercusión) claro que me ofendo y hago fuerza por una u otra película, por uno u otro director, qué le vamos a hacer. No quiere decir esto, sin embargo, que hasta ahí llegue mi neutralidad (que tampoco creo que exista pero tratemos de ejercerla hoy). Este año hubiera querido que ganara Hugo (porque me fascinó) pero creo que lo merecían más The Help o Barney's Version (Grande Paul, grande!, peliculón). ¿Y de Descendants? Yo hasta se lo hubiera dado pero no exageremos. ¿Midnight in Paris? Linda, deliciosa, pero tampoco pues —me pareció mejor lograda You Will Meet a Dark Tall Stranger, de 2010, también de Woody Allen)—. ¿y The Artist? Grandioso film, merecidas todas las nominaciones, sus premios técnicos, el de actuación y tal vez el de dirección, pero el Oscar a mejor película... mmm yo no se lo hubiera dado, es decir, la película usa todas las técnicas de los 30's para hacer un hit hoy en día, valiosísimo, pero ¿se hubiera ganado el Oscar en 1930? Lo dudo. Recordar es vivir, sí, vivir es acumular experiencias y retenerlas para elaborar sobre ellas, claro, pero recordar no es progresar, es apenas vivir. Y creo, sin duda, que las mejores películas son aquellas que marcan un cambio, no sólo un recuerdo, aquellas que determinan la vanguardia. 

Richitelli.

Monday, November 09, 2009

De La Sangre y la Lluvia ¿Torrente o simple llovizna?

*El ya clásico: fotos y videos propiedad de su propietario, punto.
Ayer, de rebote, vi La Sangre y la Lluvía. Quería ver Bastardos sin Gloria y en Cinecolombia me apuñalaron por la espalda, triste por mi, da igual para ellos. Ahora, dedíquemosle unos párrafillos a la película de Jorge Navas.

 Ley #1: "La sola idea de generar expectativa debería ser una expectativa en sí misma".

Desde hace 15 días me he sentido bombardeado, atacado y casi acorralado por la estrategia armada alrededor de la película. A todos los mails que tengo, en todas las redes en las que estoy y en cada lugar que frecuento encontré un afiche, una reseña o una invitación a verla; lo cual me parece muy bien, loable y casi imposible en el caso de otras producciones nacionales, pero igual me saturó. Y así, rodeado cual defensor del AIS en el congreso, decidí no leer los mails, voltear al ver los afiches y evitar los spoilers. ¿La razón? simple: ante una película colombiana prefiero la sorpresa, prefiero llegar inocente. Tal cual. Así llegué y así me fui: sorprendido e inocente.


Oráculo #1: "Al mal tiempo, buena cara".

Lo mejor de La Sangre y la Lluvia está en sus apartados técnicos, ejemplo claro de que la industria nacional ya tiene bastante claro cómo se hace cine en países en desarrollo.

Su fotografía es de lo que más me ha gustado en el últimpo tiempo en Colombia. Es bastante coherente y tiene un estilo que le va de perlas al film. Esa sensación de que la oscuridad te atropella y que al salir lo único que te puedes encontrar es desolación en gotas es bastante abrumadora.
 
La película está postproducida con mucha pulcritud y aunque su ritmo no me convence por razones distintas a las técnicas, su montaje merece una segunda revisión. Lo sonoro es, de lejos, lo mejor en su haber; tiene un trabajo de planos exquisito, una recolección de ambientes que se roba el show en lo estético y en lo técnico y una impresionante conexión con el universo de la película. pero, ¿por qué no me gustó?

Ley #2: "Llámese tibio a algo que no está ni caliente ni frío, a algo que no se compromete. Digo".
No me gustó porque la película se plantea tantas posibilidades que no resuelve ninguna. Para mí, se queda en meras premisas y no define cuál es su camino, cuál es su guión. No me gustó porque a los argumentos más interesantes los echó por la borda. Una cosa es que Jim Jarmush lo sorprenda a uno con Broken Flowers y su facilidad de sacar subtextos de la nada, de hacer personajes intrigantes con mucho más que diálogos, pero otra cosa es querer generar tanto misterio alrededor de una situación que es tan evidente. Además, no me gustó que se esforzarán tanto por crear personajes memorables y que terminaran haciéndolos inverosímiles e incoherentes.
 
Si, como creo yo, la idea era contar cómo era una noche en los sitios perdidos de Bogotá a través de una pareja de enamorados repentinos, ¿para qué meter el interesantísimo conflicto de guerrilleros y paracos en el medio si no lo van a aprovechar? ¿para qué emocionarnos con el personaje de Victor si no lo van a usar?, ¿para qué el incongruente personaje del Teniente si no nos van a dar bases para, al menos, llenar los espacios en blanco?.
 
Me quejo públicamente porque esperaba mucho más de Jorge Navas y, en menor médida, de Carlos Henao (su guionista). La película, que prometía ser mucho mejor, me sorprendió quedándose en una tibiedad en la historia que me entristece. Gran aparato técnico, gran expectativa, gran formato y salí como entré, inocente. La historia se quedó en unas tres o cuatro premisas.

Oráculo #2: "A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César".

Un personaje: 
Víctor, el dueño del burdel y jefe del clan taxiparaco. Podría haber sido un gran elemento dentro de la parte de la historia que no se contó, con sólo unos minuticos más de él en pantalla hubiera salido féliz.
 
Un apunte: 
El Teniente, sus dos compinches y su mujer metidos en el taxi. El teniente le dice a ella que hoy le toca irse temprano para la casa y ella responde algo como: "Claro, yo soy siempre la que se tiene que ir sola para la casa, la que duerme sola, la que, la que, la que... ".
 
Una secuencia: 
En la camioneta van todos para el botadero, pasan por la circunvalar, el Teniente le dispara a unos perros y se ve una panorámica de la ciudad, en ese momento, de reojo. logro ver el edificio donde vivo y la luz de la sala de mi casa prendida, así que: Pues ahí van unos píxeles, o fotográmas, o lo que sea a nombre de Arnulfo, el dueño de la casa.
 
Una cita: 
"Es que ustedes creyeron que estaban de luna de miel". - o algo así - Dice el moreno conductor del Teniente luego de decirle a su mujer (supongo) que está trabajando, jaja, lo mejor que ví ayer.

 
Richitelli.

Saturday, July 25, 2009

ÉRASE UNA VEZ UN LUNÁTICO

*La foto, como la película, pertenece a sus dueños, yo apenas le hago eco.
En el cine una cosa es el personaje, claro; otra cosa es el actor, por supuesto; pero otra cosa distinta también es el director. Aquí, lo que asumo como el principio de la caracterización.

Los directores de cine no son raros, no, qué van a ser raros. Ellos simplemente son individuos que deben estar siempre pendientes de que su película salga bien; porque si no es así no les pagan, o si les pagan no los vuelven a contratar y por eso no se les debe tratar como neuróticos lunáticos que joden todo el día, no, se les debe tratar sólo como gente que necesita comer, como todo el mundo.

Los que quieren, queremos, quisimos o trabajamos en audiovisuales deberíamos entender que para directores y actores ni la vida ni el trabajo son fáciles y es por eso que hoy quiero dedicarle un poco de mi tiempo a las diferencias que hay entre los ellos, aquellos y los personajes; ¿por qué?, sencillo. Primero porque quiero, tal vez puedo y no me da miedo, y segundo, porque creo que es necesario entender que los actores solitos no son los personajes, que los personajes solitos no son la historia y que los directores solitos no son el cine. Sin embargo, que quede claro lo siguiente: sin ellos no habría cine de ficción.

Para tal efecto apúntemos algunas cosillas.

1. Los personajes cinematográficos son producto de la ficción, por ende, son el fruto de una construcción abstracta que pretende simular emociones, afecciones, disgustos, acciones, historia y todo lo que podría hacer que una persona aparente ser otra durante un determinado tiempo.

2. Los actores de cine son sólo seres humanos que tienen habilidades para aparentar ser otros (tan simple ¿no?). Los actores pueden ser: (1) Naturales; no profesionales y que se representan a sí mismos o a individuos de sus mismas características en diferentes situaciones, (2) Profesionales; que tienen experiencia y están adiestrados en el arte de aparentar y parecer, esto significa que pueden (o al menos deberían poder) interpretar cualquier papel sin estar necesariamente conectado con las características del personaje, y, (3) las Estrellas, que son los que cobran duro y que hacen cualquier papel, así no siempre les quede bien.

3. Los Directores, por último, son aquellos que visualizan -antes que el actor- las características y los atributos físicos y psicológicos que deberían tener los personajes que desean en sus películas. Además, estos son los encargados de guiar a aquellos hacia la interpretación que necesitan y que quieren en su personaje. En resumen los directores son padres que incuban, traen al mundo, educan y guían a sus personajes por la vida fílmica.

Ahora, entrando en materia. ¿A qué viene todo esto?, pues digamos que es una especie de reivindicación para uno de esos actores que, aunque no pareciera, pueden hacer buenos papeles. ¿Qué pasa con el personaje de Jim Carrey en “The Man of the Moon”.

El lunático es un personaje perfectamente caracterizado, encontrado en los anáqueles de la historia americana y construido especialmente para el actor que lo representó y que demuestra que el director y su actor no están perdiendo ni su dinero ni su tiempo.

Jim Carrey y el director de la película lograron un personaje que con sus acciones cuenta la historia de una película sencilla y enganchadora. The man of the moon (película biográfica de un famosísimo comediante gringo) es un personaje que se contonea entre todos los arquetipos: es protagónico pero luego deja de serlo, se convierte en antagónico de sí mismo y al final, combina el protagónico con el agónico para estremecer al espectador de manera tal que quien ve la película no sabe si reir o llorar, si odiarlo o quererlo. Esto porque el ser humano no es un ser de extremos, no es blanco o negro. El ser humano tiene niveles de gris, de bondad y de maldad y aquél que logre simular la humanidad de tal manera no será simplemente inolvidable, será también aquel que cuente la historia con un solo gesto.

Pero ¿de quién es la culpa de los personajes de este tipo, del actor, del director? No es responsabilidad de ninguno de los dos. Es un asunto de alianza y compenetración. Si los dos hacen bien su trabajo y son talentosos, están en capacidad de simular la humanidad de forma coherente (Ja, cómo si la humanidad fuera coherente) y convertir los perfiles físicos, sicológicos e históricos en un ser que vive en el espíritu de los que lo ven; entonces ahí se encontrará un personaje inolvidable.

Así, creería yo que el principio de la caracterización no está en ninguno por separado, está en una construcción conjunta que simula humanos que viven en la conciencia de quienes los vieron en las salas y los recuerdan como un conocido más, un vecino más.


Richitelli.

Saturday, July 18, 2009

JCVD o el regreso de Van Damme.

* Todos los derechos de esta película, incluído este afiche, pertenecen al dueño, no a mí.
Ajá, me apresto a chequear la última película de Jean-Cluade y creo que no debería estar tan emocionado. La ví porque en uno de esos maravillosos malentendidos de la red pensé que la había dirigido Darren Aronofsky y, pues, resulta que no. Pero qué más da, igual me sorprendió bastante. 

Empecemos por el principio y en orden. 

1. Van Damme. JCVD Ha sido, es y será recordado como uno de los grandes valuartes del cine de acción basado en la lucha cuerpo a cuerpo y, aunque hoy no me cuento dentro de sus fanáticos más aserrimos, puedo recordar claramente que cuando tenía 8 años quería repetir esa patadota que le zampó al caradura de Tong Po en Kickboxing; que Nowher to Run fue la 3ra o 4ta película que ví en mi vida y que en Universal Soldier ví algunas de las secuencias futuristas más pesadas ( no mejores, simplemente pesadas ). 

2. Drama vs Acción y el problema de la viceversa: ¿es un acto de estupidez o uno de valentía?, no lo sé, creería yo que es más bien de necesidad porque al ver esta película uno no sabe a que se enfrenta. Resumamos: JVCD es una película que pasa por biográfica pero nos muestra uan nivel de dramátismo muy distante a lo que nunca vimos en la carrera del ´belga pateador´, que tiene acción, algo de humor y una lucidez en la dirección que me asombra. Técnicamente es una peli bastante bien lograda, que tiene una fotografía con ese tono europeo que no se suele ver por aquí y un diseño sonoro delicioso. Valió la pena verla, sí, y sobre todo por la monumental actuación de su protagonista, lo que me empuja a lo que viene.   

3. El Acting o la proeza de hacer lo que nunca pensaste: Sinceramente no se me ocurre qué pasaba por la cabeza de Van Damme cuando decidió prestarse para este proyecto pero sí sé que me agradó. El cine existe porque, a cada tanto, hay gente que está dispuesta a dar todo de sí por hacer lo que a muchos les parecería una locura. Ya me sorprendió Jim Carrey haciendo de Joel Barrish y Andy Kauffman y aún no lo creo, porque cuando un actor se encasilla en un tipo de cine de ahí es muy díficil sacarlo y Van Damme esta vez se salió. Claro, su carrera estaba en el fango, venía de hacer sólo peliculillas que iban directo a las videotiendas y viajando de país en país sin exito... pero no importa, lo logró. Pedazo de actor, o de director, quién sabe. Luego del monólogo que se hecha en mitad de la nada, del planazo secuencia al mero comienzo, del lloriqueo y de las risas no queda más que enaltecer la labor de alguno de los dos, o de los dos.  

Un personaje:  
El del secuestrador fanático. Grandes líneas, muy buen casting, excelente actuación y un final muy merecido. 

Un apunte:  
Los tirazos en contra de Steven Seagal y Jhon Who. Ja ja, de muy mala leche. Así es que me gustan. 

Una secuencia:  
En la videotienda. Fánaticos que botan corriente, estrella que pasa, fanáticos que corren y lo de siempre, la foto. 

Una cita:  
¨Central to Unit 27. Jean-Claude Van Damme's robbing a post office. I need back-up¨.  
...quién lo hubiera pensado. Van Damme is back and kicking butts.

Richitelli.


Monday, June 01, 2009

STAR TREK, EL COMIENZO

Acéptemoslo: me encantan las historias de ciencia ficción, soy fanático la saga y esto, aunque podría nublar mi juicio, también podría hacerlo bastante extremista. Pero, basándome en lo que me dijo mi esposa, me voy a desahogar escribiendo lo siguiente.

Hace mucho quería ver la nueva Star Trek y ahora que ya lo hice, lo único que espero es poder verla de nuevo. Es cierto, me gustó mucho y creo que a cualquier persona, fanática o no, podría proporcionarle 126 minutos de valioso entretenimiento.

Empecemos diciendo que Star Trek, aún con su fama, prestigio y trayectoria, nunca fue una saga de acción llena de aventuras sobre la lucha entre el bien y el mal (como Star Wars o The Lord of The Rings) o una de esas historias en las que vemos cómo la humanidad se autodestruye trágicamente (como El Planeta de los Simios, 28 hours Later o The Last Man on Earth, entre muchas). No, Star Trek, desde sus inicios, quiso tomar otro rumbo bastante distinto.

En sus series y películas se ha visto siempre a la humanidad más que como la paria y menos desarrollada de las razas, cómo una sociedad líder en la búsqueda de la paz, la integración y el conocimiento del universo. Star Trek siempre fue una serie que incluía ese misterio y deseo por conocer nuevos mundos e ir donde ningún hombre ha ido antes, pero sobre una estructura dramática más densa y profunda que cualquier otra producción de ciencia ficción.

Así, el conflicto presente durante todas sus series y películas no es quién dominará el universo o cuál planeta se autodestruirá primero, sino: cúal es el paso a seguir, y éste ha estado reflejado desde el principio en dos elementos imprecindibles el uno del otro: La razón y la emoción, representados a su vez en personajes complementarios que han liderado las diferentes épocas de la saga: Kirk y Spock, Picard y Data, Janeway y Tuvok, Sisko y Odo, Archer y T'Pol.

Hoy, JJ. Abraams (creador de Armaggedon, Felicity, Alias, Lost, Fringe y Cloverfield), nos trajo una versión moderna de esta vieja historia pero no se inventó "the next, next generation", o "The Klingons Strikes Back" por el contrario, se metió (bajo un alto riesgo) con la historia de los dos personajes más carismáticos de la saga y nos mostró cómo debe hacerse una 'precuela' sin olvidar ni perturbar en exceso, el universo de una historia existente y exigente. Es así como en esta película coexisten la aventura, el drama, el humor y el deseo por la exploración de nuevos mundos con las dualidades del ser humano y 126 minutos de puro entretenimiento. Hay que verla.