Contador Llano

Monday, January 27, 2014

LIBERTINOS, DISCRIMINADORES.

A mí no me vengan, por favor, se los ruego, con el cuentico de que todos somos libres de pensamiento y obra. La libertad es una invención postmoderna —o al menos, seguro, moderna o premoderna— consecuencia de eso que somos todos: pareciditos y a la vez distinticos, pero circunscritos. 

La libertad, pues (y me refiero a la idea esa de que podemos hacer y pensar como queramos sobre lo que queramos, o no), existe porque somos capaces de definirla como un concepto, una noción o una creencia, una suerte de unidades mentales que juntitas forman un todo que lo entendemos como, digamos en este caso: la libertad; pero que existen gracias a otros conjunticos de unidades mentales que nos permiten comprenderla como parte de un conjuntote más grande de unidades y unidades y unidades y unidades mentales. Como las reglas, los límites, las acciones, las reacciones, los principios y los finales.  Libres, entonces, lo que se dice libres, libres, libres del todo libres, no somos, ni seremos. No seamos ilusos.

Somos libres de movernos de acuerdo a lo que nuestro cuerpo nos permite, de acuerdo a sus características. Como son libres los perros de mover la cola y orinar alzando la pata; como son libres los gatos de lamerse el cuerpo o son libres las piedras de no moverse. La libertad –como la posibilidad– parece ser definida por los límites de aquello que puede o no pasar con un fenómeno (con una cosa, con lo que sea) dentro de las circunstancias de su entorno; y esto, creo yo, sucede también con las ideas, precursoras de nuestras acciones. Esto es: somos libres de creer y ejercer aquello que concibamos como libertad en la medida en que dentro de nuestro ahorro de ideas exista como tal –como idea– y esté relacionada con otras que nos permitan determinar sus límites de manera mental, así no sea consciente. 

Pero eso está muy enredado, aunque dentro de este fenómeno bloguero y cosal, estoy en libertad de escribirlo y no explicarlo. En resumen: la libertad no la hemos inventado nosotros, entonces no abusemos ¿sí? 

Toda esta lora viene a colación porque estoy desesperado de que todo lo queramos resolver con desprecio, con discriminación. Los antitaurinos desprecian a los taurinos porque creen que son mejores personas, los eruditos desprecian a los hinchas porque se creen mejores personas, los estudiados a los ignorantes, los blancos a los negros, los bonitos a los feos, los rockeros a los reguetoneros, los selectos a los populares... y así y así y así. 

El desprecio y la discriminación son la peor muestra que hay de libertad y de que es ejercida. Desprecien todo lo que quieran a los feligreses de la iglesia del Mira, a los hinchas de fútbol que se pelean  y nos atracan, a las farc y a los corruptos, a Santos a Uribe y a Petro y a mí si quieren, háganlo tranquilos, pero entonces sean consecuentes (y firmes, y continúos, y perseverantes) y desprecien también a los que discriminan a los gays y a las lesbianas, a los que desprecian a los pobres y desamparados, a los que maltratan a los animales y al ambiente, a los que nos roban y explotan. Háganlo, se los pido, pero háganlo cuando no sean evidentes, aunque no lo hagan de forma continuada y criminal, aunque sean nuestros amigos y familiares, aunque seamos nosotros mismos. 

Todos, ustedes y yo, somos libres de creer en lo que queramos, por supuesto, pero estamos limitados. Por nuestros límites seremos juzgados, o discriminados, como se juzga al que es libre fuera de nuestros límites.

R.

Thursday, November 28, 2013

Es Curioso

No sé sí aún haya quien lea este blog, sí aún exista alguien interesado en lo que digo o sí el que llega lo hace, como casi siempre, por casualidad. No me importa. Empecé a escribir porque me gusta y dejé de hacerlo porque a veces hay que descansar. 

A veces hay que descansar de lo que se es y lo que se hace, de lo que se cree ser y de lo que se quiere hacer. Creo, seguro, que es necesario que ocasionalmente dejemos descansar nuestra manera de ser, quizá así podamos reconocer lo que en serio queremos y necesitamos. 

En mi caso, por ejemplo, hacía falta descanso. Y es curioso. El descanso es también, a veces —por supuesto— una forma de olvido, de reflexión, incluso inconsciente. 

El caso es que había olvidado que este blog hacia parte de mi ¿qué tan importante? No lo sé, pero parte de mí. No estoy escribiendo hoy porque piense volver a hacerlo con alguna regularidad, no lo sé. Lo hago porque recordarlo me ha hecho reconocer su valor dentro de mi historia; como lo son los cuadernos que dibujé de pequeño, las fotos que he tomado o los relatos que he contado. Somos lo que hacemos, dicen. En cómo lo hacemos se puede reconocer nuestra personalidad, nuestras falencias y deseos. Sí. 

De nuevo: es curioso. Entré a una entrevista y me dijeron: "Lo estuve estalqueando" y eso me llamó la atención. "Me gustó mucho su blog" "¿mi blog? ¿Seguro? Jaja hace tanto que no escribo". Y la
Cosa siguió, bien o mal, no importa tanto para este texto. Importa esto: recordé parte de mi, una parte que está aquí para ser vista por quién quiera y necesite, y no me preocupó. Y eso puede tener varios significados, bastantes la verdad, de ninguno voy a elaborar. Me quedo con que la historia de todos y cada uno de nosotros está compuesta por lo que hacemos, más que por cualquier otra de las cosas. Espero haber hecho bien. Y sí no es así, espero haber corregido mejor, espero haberme disculpado mejor.

Richitelli.

Tuesday, December 18, 2012

Organización Personal

Estrenar computador es estrenar manías, organizativas pues. Cuando cambiamos de computador, hablando desde este momento de nuestro desarrollo como sociedad, cambiamos también una cierta forma de ver la vida: tenemos nuestra actividad en el mundo reflejada en una serie de circuitos que de alguna manera, tan científica como mágica –dependiendo de donde tengamos puesto el turmequé de la fé– se nos presenta visualmente en un espacio que por ahora, y no por mucho, es de cuatro paredes: fronteras, bordes, píxeles. Somos pixeles. 

Nos enfrentamos a nuevos viejos dilemas: dónde poner las fotos, dónde los libros, dónde los recuerdos, dónde las emociones, dónde las deudas, los deberes, derechos, reclamos y san alejos ¿A dónde se supone que va nuestra memoria? No se me haría raro que en un futuro no muy cercano publicaran –si no está publicada ya– alguna investigación que arguyera sobre la posibilidad de que tanta interactividad tecnológica y tanta archivadera digital está menoscabando una de dos cosas: nuestra capacidad para recordar o nuestra capacidad para olvidar. Una de dos. Los discos duros son armas de doble filo. Ahora ¿cómo organizamos este chicharrón?

Simple: de la manera más conveniente posible. A mi me conviene, en este caso, recuperar, catalogar y y planificar mi investigación académica, pero antes organizaré mis fotos porque tengo una impresión pendiente –una grande y hermosa, una recordable y escible– que irá a parar a algún espacio de mi hogar: una suerte de ancla, una especie de faro. Acto seguido, dirán fallido, querré enfrentar el infernal desorden de mi producción personal ¡Cómo me gusta decirle así a lo que sale de mis haceres! Ese profesor mío de cuarto de bachillerato estaba muy loco pero dio en el clavo con esa definición: no somos más que producción personal. Fabricantes de nuestros decires, de nuestros ires y venires. 

Mamba Out. Digo, Richitelli Out.

Friday, October 19, 2012

Conmoción social: ¡bloquearon Facebook!


Llegué a la oficina y creo que me encontré con un estado de shock casi generalizado entre mis compañeros, lo siento por ellos pero creo que está cerca de parecerse a uno de conmoción social ¿neo-social, social-virtual, virtua-social? qué se yo. Les bloquearon el acceso a Facebook y a Twitter, ¿ahora, quién podrá ayudarlos, perdón, socializarlos?

Digo les bloquearon porque aunque tenía cuentas en estas redes sociales hace unos dos meses las cerré y ya ni 'feisbuqueo' ni 'tuiteo', entonces, no sufro del problema pero sí que sufro por las consecuencias. ¿Qué consecuencias? Pues pensemos: el estado de inmersión en el que muchas personas (lo he padecido, lo he hecho, también) se encuentran cuando están activos dentro de una red social son en ocasiones tan profundos que cambian su comportamiento habitual por actividades y actitudes de más ensimismamiento, más de mi gusto.

Por ejemplo, dejan de pasear de puesto en puesto de trabajo preguntando estupideces y se dedican a revisar, cual espías, cual acosadores, la vida y obra de sus conocidos, contactos y 'amigos'; cosa que pasa también con la vilipendiada actividad del intercambio de chismes, con la interrupción intermitente y poco agradable de la labor de otros para saludar, para querer hablar y con la tan aburridorsísima actividad de comentar el estado del arte de la nación con el primer aparecido; a ver, ¿para eso no están los mensajes privados de facebook y twitter, el chat de facebook, las menciones de twitter y los comentarios de cualesquier publicación, situación o acción existente o por existir? Es decir: creo yo que una buena  red social, de verdad buena, es aquella que logra cambiar el comportamiento de sus usuarios para hacer mi vida más fácil, menos bullosa, menos social.

En serio, imagínense ustedes las conversaciones y comentarios del día de hoy: ¡No cargaaaaa! ¿ole, pispirispis, usted tiene internet, seré solo yo? Maldita ballenita ¿Santos se iranizó, digo, ironizó? Si ve, yo le dije a Zuckerberg que no entrara a la bolsa y toma, se quedaron sin con qué pagar las facturas. Ah ¿y ahora? En serio. Ellos y yo, por consecuencia, estamos abatidos. Ahora vendrán más chascarrillos como: ¿y qué más? ¿Qué tal el fin de semana? ¿vio al Once Caldas? Este Petro sí que es mucho pendejo ¿y cómo sé a qué horas irá al baño mi actriz favorita? ¿y qué le digo a mis seguidores, que perdieron mis valiosísimas opiniones de por vida? NOOOO!

Pero, y fuera de chistes, este estado de conmoción está durito. Veamos: "en términos generales, la palabra conmoción hace referencia a un estado de ánimo que se caracteriza por la presencia de elementos tales como desesperación, pánico, angustia, alteración, nerviosismo y stress. La conmoción puede ser generada por diversas causas y puede ser un fenómeno tanto individual como grupal, en cuyo caso las consecuencias pueden ser mucho más graves al generar pánico y descontrol en una cantidad importante de gente." (Bembibre, Cecilia).

Ya me dirán ustedes, amigos lectores, si acaso les ha pasado algo parecido en sus oficinas, si el comportamiento (ese nuevo comportamiento que tenemos desde que la interacción social vía internet es tan común, tan nuestra) dentro de sus entornos ha cambiado ¿ha habido desesperación, una necesidad incesante por conexión, una urgencia por revisar quién cumple años hoy o qué nuevos mensajes hay en el inbox? o ¿ha habido pánico porque en uno de esos mensajes puede estar una próxima oportunidad laboral, digamos? (vea, que no bloquearon linkedin, hombre) o ¿ha habido angustia, una suerte de desesperanza porque ya se olvidó cómo conversar en la vida real, cómo comportarse en un mundo sin internet? Ay Dios, y ¿se ha alterado la rutina, lo primero en hacer ya no puede ser mirar el timeline de uno u otro personaje, o la rutina de nuestros famosos? De lo que sí estoy seguro es que hay algo que cambia, un nosequé nosedónde que no es el mismo. Y todo cambio es bueno, creo yo. Natural, es más.

Ahora, viene el pensamiento empresarial y tecnológico sobre el asunto. Facebook y Twitter perdieron, al menos en mi empresa, con Google +. ¿Por qué? Veamos: En mi oficina gran parte del sistema de correo electrónico es administrado por Google, cosa que permite que en la plataforma de Gmail (y en la nube, su nube) esté almacenado el archivo de correos electrónicos de la compañía. En términos operativos dicho proceso permite que desechemos el uso de servidores, discos duros y cintas para sostener el funcionamiento y hacer backup de la información corporativa, además, permite que tengamos acceso fácil e ilimitado a nuestro correo, chat empresarial, google docs, agenda y todos esos buenos servicios de la gigantezca empresa americana. Además es barato, quién iba a pensar. Pero, en adición, evita que su red social sea bloqueada.

Así pues: si se bloquea Google+ se bloquea Gmail, ergo, si se bloquea Gmail se bloquea el sistema de flujo de información de la compañía, ergo: jugada maestra, jaque mate, pues no se puede, o al menos eso parece, bloquear esta red social ¿conoce usted algún método? Si lo sabe no dude en avisarme, me gustaría experimentar con los googlemásmaníacos. Pero comparemos: Facebook no tiene sistema de correos ni de documentos, tiene un sistema casi único de interacción social y otro más o menos como una agenda (sí, esos cumpleaños y esos eventos) y una base de datos casi incalculable que le hizo creer a sus dueños que dominarían la bolsa una vez debutaran en ella; Facebook, también, está lleno de aplicaciones y juegos dedicados a producir inmersión fanática de sus usuarios. Twitter no tiene sistema de correos, no tiene agenda, no tiene cumpleaños ni tiene documentos; twitter es un alimentador, digamos, de expresiones (de todo tipo: informativas, de opinión, multimediales en tanto enlazadas, expresivas, poéticas... etc) cortas; y sí que hay gente adicta a compartir sus pensamientos ¿no? Unos tenemos blogs, otros hacen propaganda, otros trabajan en medios o en política, a cada trompo su cuerda ¿no?. Google +, en cambio, tiene no solo cosas de la una y de la otra sino propiedades que no tienen estas; puede ser un sistema de interacción social como puede ser un sistema de transmisión continua de información —concisa o no— y está amarrada a un sistema masivo de correo electrónico que puede ser corporativo o no, y que implica almacenamiento en la nube y conexión con documentos y agendas, es decir: se me hace vencedora.

Lo que digo es que bloquear a Google + debe ser un chicharrón de por lo menos unas trescientas patas, y ese, imagino, debe ser su objetivo. Google + ya tiene los usuarios (ha logrado conectar a millones de sus usuarios de Gmail, incluyéndome) pero carece, por ahora, de tráfico másivo de contenido e inmersión de sus usuarios (incluyéndome, también) ¿Cómo lograrlo? Con precisamente eso: contenido, contenido adictivo. Por tal razón, parece también, no veo otra razón, han permitido que desarrolladores de software independientes empiecen a trabajar en aplicaciones para su red social, lo que implicará que a ella lleguen los SongPop's, Sim's, Farmville's y demás Ville's del mundo del facebook (ya tienen Hangout, una suere de remedo mejorado de las Twitcams) y encuentren usuarios (muchos obligados porque sus accesos a FB y TW fueron prohibidos en sus lugares de trabajo, que digo yo: en muchos casos —no en todos— con toda razón) ávidos entretenimiento rápidoy sencillo.

Ojalá pase eso en mi empresa: así tendré menos gente preguntándome: ¿Y qué más?

Richitelli. Publicado originalmente en http://www.lapatria.com/blogs/razones/

Friday, September 21, 2012

Sobre las ideas, re–ideadas

Cantante recibe carta, cantante arma canción con carta, cantante saca sencillo en iTunes, cantante gana –al menos– popularidad.



No soy tanto de baladas, ni de tarjetas, ni de canciones; soy de, digamos, inventicos, ideítas, producticos, cuenticos, relaticos y artificiecitos en los que se puede ver lo que siento y cómo; sin embargo, pensando en el video que acompaña este post, no puedo dejar de aceptar que me caen bien los lores que se entienden con sus serviles, los famosos con sus fans, los políticos con sus ciudadanos, los amos con sus perros, los directores con sus foquistas; y eso, incluso, si al hacerlo ganan publicidad inmerecida, incluso, si ganan dinero con lo que para otros es solo necesidad y admiración, incluso, si se apropian de —o mejoran, digamos— las ideas de otros. 

En serio, no es ironía. El joven que quiso ayuda de ese tal Tommy [cantante que no conocía hasta hoy, que no conoceré mañana] probablemente estará encantado ¿qué decir de su novia, todavía la tendrá? ¿estará feliz? Estará feliz. ¡Tommy ha hablado de mí, y de tí, en una canción, que nos hizo un video, coño! Y me hizo 'mention', me dijo que te dijera que él me dijo que te amo, y nada más. 

Pero ¿de quién es la canción? ¿quién debería recibir el rédito de su publicidad, o sus likes, o sus RT's, o toda la atención que está teniendo en el social media? Pensemos: ¿es de Tommy? ¿o es de Paco? Mejor dicho: ¿quien compuso la letra? porque otro cantar es, por supuesto, la música y la interpretación, pero este no es un blog musical y mucho menos uno legal. Aquí hablamos de ideas, de cosas, de abusurdos. 

http://rafaeltuduri.com/index.php/blog-by-rafaeltuduri/18-inspiracion/13-increible-contestacion-de-un-musico-a-un-fan


Y es absurdo pensar, por supuesto, que todo no haya comenzado con la mera idea de complacer a un fan, ofrecerle cariño y una amable respuesta sino [no piensan ustedes, como yo, que esta palabra sino debería ir tildada en la ó como: sinó] con una metódica estrategia comercial. ¿Pero hasta donde es todo esto un proceso inocente y cándido? Cuando le dijo el 'tío' Tommy a su agente que quería hacer un video para el 'viejo' Paco ¿cuál fue su respuesta? ¿llamó a la agencia de PR, a la Native Advertising Agency de su sello, a su asesor de redes, a su consultor ético y al legal?  

Unas más ¿está la canción registrada en derechos de autor? ¿quienes aparecen como compositores de la letra, quién como autor de la música? ¿a quién van las ganancias de las compras del sencillo en iTunes? ¿Paco realmente existe? ¿Es posible que Paco sea un invento más, de los tantos, de los multiples, de los incontables, dentro del grandioso entramado de la mercadotecnia? Si fuera así, mayor sería mi admiración. Mayor, mayúscula, capital. 

Ahora, me quedan muchas preguntas, sí, pero el video me gustó, la canción me gustó, el gesto me gustó, y si es una estrategia montada de cabo a rabo, más que gustarme me fascinó. Sin embargo, también, lo que más resalto de esto, o al menos de lo que esto me puso a escribir, de lo que esto me puso a pensar, es la la idea de que en cada cosa reside, a la vez, la potencialidad de cualquier idea.

De artificios, re-inventos, ideas re–ideadas, está hecho el mundo de lo comunicable, de lo social. Somos imitadores por excelencia (sobre la mimesis baste lo hecho en todo este proceso, más lo dicho por Aristóteles, más la historia de las neuronas espejo, más la risa de un bebé que imita los gestos de su padre) y en tanto tales, por supuesto, somos inventores. 

Inventamos —pensamos, conocemos, experimentamos, producimos, somos— sobre lo existente, lo ideado y lo pensado. Nada es del todo nuestro ni, tampoco, pues, del todo original. Somos lo único realmente original que existe. 

Richitelli

Sunday, September 02, 2012

Camino hacia el ser superior, qué cosa.

Mi mamá me manda un mail que por título dice: "Camino hacia el ser interior". Yo creí leer "Camino hacia el ser superior", algo anda mal, qué le vamos a hacer. Ya me pasó hace meses leyendo a un comentador de Charles Sanders Peirce; él escribía, obvio, sobre teleología, yo creí leer teología. Supongo que es un síndrome, qué se yo, Terrence Deacon sabrá más que yo. Por supuesto, tuve que releer todo el capítulo y reentender toda [ja, bueno, al menos un poquito] la filosofía peirceana antes de asumir mi error en frente de toda la clase, nunca he temido a burlarme de mí mismo. 

Ahora, volviendo a lo del ser interior o superior, a ese ser, creo que la culpa del malentendido es de la incesante piquiña de mis ojos, los tengo rojos porque hace poco pasé un muy buen ¡muy buen! rato en el baño. El agua no es buena con mis carnitas, mi exagerada tendencia a la otitis puede ser la prueba, o quizá simplemente sea cosa de un cuerpito debilucho y cansón. No es que nos cansemos, es que nos hacemos viejos ¿cierto?

Retomando, pues, el asunto este del mail, quería decirles que yo también fui némesis de los forwards, pero ya no más, al menos con los de mamá: a las mamás, y sobre todo a esas tan bellas, cuidadosas y cariñosas como la mía, hay que escucharlas, atenderlas. En su mail, digo, en el listado de direcciones de correo que había en él, me encontré un nombre que detonó en mí unas grandes ganas de escribir ¿No es curioso que un nombre, un mero nombre, pueda producir deseos de pensar, escribir, decir? No me parece, cualquier cosa puede darle a alguien ganas de hacer algo, esa no es la cuestión, pero me gusta preguntarme cosas antes de dormir.

Siguiendo, entonces, con esto del nombre ¿qué les dice a ustedes que un nombre esté en diminutivo? Más o menos así: Amparito, Lucerito, Estelita, Arturito. Sé que hay muchos que son meros apodos, esos no los veo tan mal. ¿Pero que el nombre registrado de la persona esté en diminutivo? Venga, a lo bien, dejemos de menospreciar a lar personas ¿Qué es una persona sino su nombre, a ver? No sé, no debería importar, pero yo soy Ricardito para mi mamá y Ricardo para ustedes, gracias. Un apodo es una cosa que va y viene, puede proceder del cariño o de otro montón de cosas. Como esas cosas de las que escribo aquí, insignificantes cosas, algunas, otras, muy maravillosas cosas. Como mi mamá, maravillosa sobre todas las cosas; como un buen baño, una insignificante pero bonita cosa. 

Muy bien, pero lo del mail ¿ser interior o superior? Nadie es superior, nadie es interior. Ser es ser, ser es naturalidad. Ser es espíritu y carne, huesos y pensamientos. Unos animales somos unos tipos de seres, otros animales son otros. No dividamos tanta cosa que los propósitos, esos del estudio teleológico, siempre pueden mandarnos a estudios teolóficos, y la fe es una cosa, sobre todo, insisto, que está fuera del ser. Yo tengo fe en el ser, el ser en sí mismo. El ser superior es solo un ser, qué cosa.

Richitelli



Monday, August 06, 2012

De taurinos y antitaurinos, excusa para la 'terraqueidad'.

Lo único que me gusta de la tauromaquia es la discusión que genera, lo que no me hace antitaurino, me hace humano, digamos. Pero ¿qué es un humano, qué nos hace diferentes? Somos organismos vivos, como los perros, los gatos y los toros, como un eucalipto o un guayabo; en eso deberíamos estar de acuerdo ¿cierto, o pareciera que estoy en algún exabrupto? No es que seamos razón y ellos instinto, es que hemos evolucionado de forma distinta, porque como diría mi viejo amigo Sebastián Mendieta "Todos venimos del mismo estómago", la tierra.
 
!Somos manizaleños, somos taurinos por naturaleza! (será por naturaleza cultural, si es que existe). A otro torero con ese traje de luces que yo soy XL. La cultura no es otra cosa que patrones de comportamiento propios de grupos sociales, patrones que se van modificando con el tiempo y que, por supuesto, no dependen de qué tan conscientes o no seamos de nuestra experiencia en el mundo. La cultura es tan nuestra como nuestro cuerpo, es más, podría argüirles que es metafóricamente orgánica, pero este no es el espacio. Pensémola, sin embargo, como una consecuencia de nuestra humanidad.
 
Entonces somos antitaurinos o taurinos, al menos en términos de identificación cultural, pongamos costumbrista. Si pasa lo primero: nos molesta que maltraten animales, que los maten, que no se respete el derecho a la vida, nos molesta la violencia, que los torturen, nos molesta la cultura de la muerte, que no se respeten sus derechos… todo nos molesta, todo menos lo que pareciese ser intrínsecamente nuestro. Si pasa lo segundo: nos molesta que no se respeten las tradiciones culturales, que se trate de violencia una experiencia de puro orden artístico, que no se respeten nuestros derechos, que quieran asesinar la cultura, que no se conserven las tradiciones. que no se entienda la idea del hombre en contra de la bestia… todo nos molesta, todo menos lo que pareciese ser intrínsecamente nuestro.
 
Cosas tan nuestras como comer o beber, destruir el planeta para sobrevivir. Y así pues, en ese entorno tan nuestro, tenemos vegetarianos taurinos, antitaurinos carnívoros, gente que ataca la tauromaquia mientras deja que perros drogadictos y entrenados revisen sus maletas en el aeropuerto, gente que toma leche entera y protesta contra los toros. Así somos, decimos unas cosas y hacemos otras ¿acaso al sacarle la leche al animal no lo estamos “exprimiendo”, acaso al usar bueyes como tractores (hace unos muchos años) no estábamos explotando a esos animales, no los estábamos “herramientizando”? Seamos serios, asumámonos.
 
Y en el mismo sentido, situándonos en un ambiente más caldense, ¿acaso no comemos gallina despescuezada, acaso el ritual de matarla no es uno de los más nuestros a la hora de hacer un sancocho o un buen sudao’, a la hora de pedir al hijo mayor que le tuerza el cuello con energía? O, pensemos, ¿las marranadas tan populares en navidad no son un ritual gastronómico e intrínsecamente cultural, lo mismo que el pato a la naranja o el conejo al ajillo en otras latitures? Es decir, ¿el proceso de engordar al marrano durante el año para que esté gordito y sabrosón, dejarlo amarrado a un palo mientras se prepara el caldo, oírle chillar y perseguirle para acuchillarle, es una tradición, una costumbre cultural defendible, o una tortura inconcebible? No lo sé, me gusta dudar.
 
Hagámoslo ahora con la humanidad. El humano es un organismo que se define por las herramientas que construye y eso determina su identidad como especie, como conjunto de organismos con las mismas capacidades y características corporales. A ver, usemos tres ejemplos, para no exagerar, con la idea de exponer tal posición:
 
(1) Nuestro cuerpo sufre de hambre, de sed ¿cómo sobrevivimos? Comiendo y bebiendo, esas acciones tan propias de la terraqueidad y que definen lo que somos como miembros del planeta: seres con necesidades que se usufructúan de los recursos que en el planeta hay para mantenerse vivos, nada más. Pues comemos y bebemos. Primero fuimos especie vegetariana y carroñera: tomábamos lo necesario del reino vegetal, lo encontrado (¡las sobras!) en el animal y lo bebible del natural. ¿Qué somos? Somos sobrevivientes. La ley del más fuerte no se aplica solo para los animales distintos a nosotros. Luego descubrimos las herramientas: aprendimos a tirar piedras para golpear, a construir lanzas y flechas para matar (para cazar y pescar) aprendimos a extender nuestro cuerpo, base de nuestra experiencia, de forma que fuéramos más que nuestra configuración original: sobrevivimos dándole al mundo la categoría de herramienta.
 
(2) Nuestro cuerpo, lánguido y frágil como es, empezó a sentir frío, a necesitar calor y su única manera de sobrevivir se devino de la capacidad superior de nuestro cerebro, esa que nos permite usar unas cosas para lograr otras, esa que nos permite usar herramientas para extender nuestro actuar en el mundo. Así: descubrimos el fuego y con él una forma más de eliminar el excesivo frío y encontrar calor. Descubrimos con él, también, una forma más de matar: de destruir —adrede, con intención, con propósito y razón— unas cosas para lograr otras. Aprendimos a sacrificar el mundo para nuestro beneficio personal.
 
(3) Nuestro cuerpo pasó de la mera transmisión de información [sí, esa comunicación 'animal'] a la interpretación [sí, esa comunicación 'humana'] y con ello nuestra forma de dar sentido al mundo cambió [porque los animales también lo hacen, aunque distinto]. Así, adquirimos capacidades comunicativas: inventamos el lenguaje (los lenguajes ¡todos!, que son muchos) como herramienta de interacción, lo que permitió que nuestras sociedades evolucionaran a lo que hoy podemos llamar cultura: culturas, símbolos y conjuntos de ellos, sociedades humanas. ¡La comunicación es una herramienta!
 
Entonces tenemos la terraqueidad: un montón de organismos que sobreviven en la Tierra usando los recursos que en ella hay; y la humanidad: un montón de organismos que sobreviven en la Tierra usando los recursos que en ella hay pero que, además, están capacitados para extender su experiencia en el mundo a través del uso de herramientas.
 
Por eso ¿que lo taurino es cultural, que lo debemos rescatar, que no puede morir? No lo sé, no me interesa tanto como su discusión. En nuestros patrones culturales está la respuesta, en el uso de nuestras herramientas comunicativas está la manera de lograr lo que a cada cuál le guste más. Es decir, cuando haya más personas en contra que a favor de lo que simboliza la tauromaquía hoy, lo que simbolizaba hace cincuenta años, será historia, veremos cuánto se demora en pasar. Pero eso no quiere decir que la prohibición sea el camino a seguir: prohibir es castrar, que es regularizar, que es desestimar la emoción y el instinto, que es deshumanizar. Si la prohibición no proviene de un acuerdo más general que particular, tiene tanta validez como una palabra nunca dicha, un papel nunca firmado. Esto, por supuesto, lo digo con la convicción de que toda prohibición que no esté fundada en un conjunto de patrones de comportamiento aprobados y experimentados por un grupo social mayoritario no debería ser válida: somos nuestra configuración corporal y, también, la configuración que permitimos tenga lo cultural.
 
Lo aquí he escrito sobre los toros no quiero que se vea como una discusión taurina sino, en cambio, como una humana. Asumamos lo que somos y cambiémoslo, si queremos, pero discutamos con argumentos; eso sí, hagámoslo no solo respetando las opiniones de otros sino, también, pelándolas con la pasión propia de las nuestras: creo con dureza que en la discusión reside nuestra única posibilidad de acuerdo. La cultura es una producción nuestra, no es inamovible ¿quién dijo que los símbolos son estáticos, quién? En las transformaciones residen las experiencias, no en la inmovilidad.

Richitelli.

*Texto publicado originalmente en www.lapatria.com

Tuesday, July 03, 2012

Hagamos fila!

Me explico: ¿Qué nos cuesta hacer fila? Es decir: ¿Acaso nos es muy difícil entender que alguien llegó antes que nosotros, que se tomó el tiempo de vestirse más temprano, bañarse más rápido, desayunar 'antesitos', poner su alarma 15 minutos antes? Mejor dicho: ¿Por qué pedimos que nos guarden el puesto, adelantamos en curva, en doble línea amarilla, en filas de bancos, en colas de restaurantes, en todo tipo de momentos de espera? ¿Qué nos cuesta esperar, vivir sin palanca, ignorar los atajos y tomar el camino que es? Es que no me explico.

Aquí estoy, haciendo una fila de banco mientras para mis adentros —o sea: para el bloc de notas del celular— critico todo lo que alguna vez he hecho. Claro que he dicho "me guarda el puesto, es que debo llenar el recibo" o "Yo venía antes del señor" o "¿La señora se demora?"; por supuesto que lo he hecho, pero desde hace un tiempo lo denigro, lo evito, lo repelo. ¿Que si he tomado atajos? Claro: he adelantado en curva (oh! la juventud, la inexperiencia, la estupidez), he caminado más rápido para coger ese único y solemne taxi que ha de sacarme de la lluvia, he preguntado "¿Acaso no hay más cajas?" He alegado "¿Es que mi plata no vale, es del narcotráfico, de lavado de activos o un sueldo del senado? Porque yo pago impuestos, y bien caros". 

Pero, peor aún: he esperado. Sí, me he alineado, también lo he hecho, y me gusta. No como el señor que antes de llenar sus recibos y viéndome al final de la fila vino a decirme "eh, yo voy detrás de usted" para tomarse 10 minutos y luego venir a quitarle un puesto a la señora de atrás diciéndole "yo estaba antes del señor". Es decir: hagamos fila hombre, que a todos nos llega el turno. 

Richitelli.

Friday, April 20, 2012

Papalabras.

Hay días de días, festividades de festividades. Uno puede celebrar cualquier cosa en la vida —la que sea y como sea— pero no hay ningún día más nuestro, más propio, más único para cada ser humano que el del cumpleaños. Cumplir años no es hacernos más viejos, no es andar más lento o tener un poco más de carne encima de los huesos; cumplir años es estar vivos, conscientes de que hemos acumulado un año más de experiencia, de recuerdos, de emociones, de vida. No hay día, pues, que merezca ser celebrado con mayor ahínco que aquel que nos define, aquel que nos recuerda cuando —al aire libre— respiramos, lloramos, gritamos, nos movimos y vivimos por primera vez.

Así, hoy, 19 de abril de 2012 nos reunimos aquí para celebrar, muy a nuestra manera, muy en familia, muy amorosamente, el cumpleaños número 70 de Iván de Jesús Bustamante: nuestro esposo, padre, abuelo, amigo, tío, hermano; faro de muchas de nuestras vidas. No nos juntamos hoy solo para darte abrazos, apá, que lo haremos, ni vinimos solo a darte besos, Ivancito, que lo haremos, ni acudimos aquí solo para verte ser bendecido, ‘que Dios te bendiga pá’, o para partirte una torta, que lo haremos; vinimos para decirte que te queremos, que te amamos y que te agradecemos profundamente tu presencia en nuestras vidas.

Consuelo, Gloria María, Jorge Iván, César Augusto, Ricardo, las familias que tus hijos hemos conformado, los nietos que te hemos dado, en nombre de las grandiosas vidas que hemos tenido y queremos seguir teniendo, vinimos hoy para estar contigo, para recordarte que la vida no es tan efímera como parece, que tu historia es uno de los principios de las nuestras, que somos tu familia y tu legado, que te admiramos y queremos; pero, por sobre todas las cosas, vinimos para desearte un feliz cumpleaños. 

Monday, March 26, 2012

AMBIVALENCIAS

Publicistas que odian el catolicismo, critican la visita del Papa y adorarían una conferencia de Ogilvy o un encuentro fortuito con alguna 'deidad' del mercadeo. Políticos que detestan a Uribe y fungen como representantes locales de sUs ideas, del que fuese su partido. Músicos que odian el reguetón y para demostrarlo hablan de él con insistencia, casi con tozudez. Ex–aficionados al fútbol (si acaso existe cosa tal) que critican la filiación por equipos no locales mientras adoran cantantes más foráneos que el euro, o el dólar, que ya no lo son tanto ¿en qué vienen empacadas, originalmente, las remesas de sus ex-patriados? Profesores que pregonan querer mejorar la educación y sólo se educan por escalafón. Periodistas que adoran la comunicación pero no son capaces de ser directos, tajantes, abiertos. Ateos que creen en la astrología, en el destino como medio para un fin. Científicos que se persignan, católicas que usan anticonceptivos, teóricos que prefieren la asunción que la investigación, automovilistas que odian a los motociclistas y peatones pero paran en la cebra, ciudadanos que no votan y critican, feministas que quieren que les cedan el paso en la fila, machistas que quieren a sus esposas trabajando, racistas que pagan por prostituras de color —de cualquier color—, comunistas que venden libros, capitalistas que evaden impuestos, mamagallistas de malos chistes, humanos que piensan que pensar no es tan humano. En fin, opinadores (digamos que como yo) que hablan de casi todo y no dicen nada, que pontifican sobre la vida y temen a la muerte, que hablan de paz y en todo lo que escriben no se les lee sino odio.

Todo es cosa de doble racero, de direccionamiento compartido, de reflexión referida a lo externo y no a lo interno; mala cosa, buena cosa, ambivalente cosa. Despotrico de lo que odio, lucubro sobre lo conozco, ataco lo que no me pertenece, aquello que no comparto, soy individualista en una sociedad interaccionista ¿qué diablos estoy haciendo mal, qué dioses estoy haciendo bien, qué diantres debería hacer, qué cielos no debería prometer? Soy reactivo, universal, no soy equilibrado. Soy humano, como algunos otros, pero parece que no lo entiendo; parece que no acepto que todos deberían tener, al menos, quizá más, iguales derechos y obligaciones. Igualizar no es más que des–aprender, humanizar es existir en co–relación, en interacción. Demonios.

Richitelli.

Wednesday, March 14, 2012

Prostituto del cine. Cinco párrafos sobre cine.

Hace muchos días no escribo de cine, qué cosas. Me gusta el cine —me fascina—, me gusta escribir sobre él y me encantaría tenerle un espaciecito exclusivo, pero, al menos en esos términos, este ya no es el lugar y creo que no tendré uno pronto, qué le vamos a hacer. Este blog se transformó más en un conjunto de reflexiones sobre todo aquello que me interesa, sobre lo que quisiera decir acerca de unos u otros temas. Aquí hay textos sobre cine, hay cuentos, pensamientos, alegatos, griteríos, quejas, cartas, aquí hay un poquito de todo, parece que soy un tipo bien variopinto. Aquí me refiero a lo que sea, a lo que sea que esté pasando por mi mente en el momento de decidirme a escribir; y sí, qué cosas, hoy le dedicaré cinco párrafos —y sólo cinco— al cine.

Uno. Hablando en plata blanca (que no existe ¿cierto? La plata es como plateada, como gris, como una combinación de grises y negros brillantezcos ¿cierto? Esas metáforas nuestras hombre) podríamos decir que soy un prostituto del film: veo lo que sea. Casi todas las películas me gustan, a casi todas les encuentro algo bueno, algo rescatable. El mero hecho de que en Colombia (El país del 4x1000!!!) alguien se arriesgue a hacer un largometraje ya me merece respeto y admiración, por ejemplo. Eso debe tener que ver con esa línea de vida que tengo: hay algo de bueno en todo lo que existe, simplemente hay que querer buscarlo. 

Dos. Ahora, no quiere eso decir que todas las películas me gusten o que todas me parezcan buenas, maravillosas; hay ocasiones en las que simplemente no se puede. Evidentemente hay unas películas que me parecen malas y otras que detesto porque simplemente no me gustan, aunque sean buenas; todos tenemos nuestros afectos, eso es indudable. Otra cosa es, también, que tenga una cierta formación audiovisual que me permita (si eso es acaso posible, que me gusta ponerlo en duda) entender más o menos el fenómeno cinematográfico y, a la vez, tener un cierto criterio para decidir qué película es buena o no. 'Buena' o 'mala', por supuesto, en términos puramente cinematográficos y no en términos emocionales, que es a lo que me refiero, son apenas una suerte de categorías que me permiten deducir si el trabajo del artista (y del artesano, y del profesional, y del técnico, y de todos los que trabajan en un film) es correcto o no, si puedo tenerlo como ejemplo de una gran realización, de un producto bien hecho, no es más. 

Tres. Pero, por otro lado, vienen luego ese montón de discusiones sobre ¿qué película es mejor? ¿cuál te gustó más? ¿cuál te dejó un mejor mensaje? ¿cuál te parece que debería ganar el Oscar? Que tanto me molestan, y me gustan, y me molestan, y me gustan; bueno, más bien me molestan. Sobre el cine —y sobre cualquier producción artística, cualquier producción de conocimiento— todos podemos tener nuestras opiniones, porque a todos nos afecta de uno u otro modo. Tener algún bagaje en un tema específico lo único que nos permite es poder determinar si aquello es correcto o no, no si aquello nos gusta o no. Tomemos el fútbol como ejemplo. Como su seguidor incansable durante los últimos 15 o 16 años de vida puedo decir que nunca vi a un equipo jugar mejor que el Barcelona, nunca vi un équipo más armónico y sutil, nunca vi un équipo ganar con más facilidad; sin embargo, lo detesto. No me gusta ese futbolito tristongo de pasar y pasar, como no me gustaba en la selección Colombia y no me gusta en el Once Caldas. Me gusta el ataque, me gusta el Real Madrid, me gusta el Bayer Munich, me gustaba el Once Caldas de Álvarez en el 98, el de Osorio en el 2010, me gusta que el único plan B sea ser superior y más fuerte que tu oponente, así me gusta el fútbol. Y pasa con el cine, también, aunque a diferente escala. Hay películas que me gustan, que me encantan, como Duro de Matar o Inquebrantable que nunca van a ganar un Oscar y que nunca las pondré en mi TOP 10 de mejores películas (que lo tengo, claro) pero que me entretienen, me divierten, me emocionan. 

Cuatro. Y hablando de los Oscar, de esos premios de la academia norteaméricane de artes cinematográficas, esos premios de la industria (LA INDUSTRIA) ¿Qué le vamos a hacer? Eso es lo que hay. Creo haber visto todas las películas nominadas a mejor película este año y todas, podría sonar tautológico incluso, me parecen buenas películas, como casi todos los años. ¿Qué quieren que hagan los Oscar? ¿Quieren que premien a las mejores obras de arte como obras de arte per sé o que premien a las mejores películas con respecto a su definición canónica como industria? Esas son preguntas que dudo tengan respuesta y que la academia se encarga de controvertir más con sus ambivalente decisiones anuales y que, la verdad, no afectan más allá de las taquillas porque el arte cinematográfico le sobrevive. 

Cinco. A mi me gusta el cine por el cine, no por los Oscar; sin embargo, como buen fanático barra brava y siendo estos los premios más importantes del planeta (no los más artísticos, sobre los que podríamos discutir) pero sí los más importantes en términos de industria y repercusión) claro que me ofendo y hago fuerza por una u otra película, por uno u otro director, qué le vamos a hacer. No quiere decir esto, sin embargo, que hasta ahí llegue mi neutralidad (que tampoco creo que exista pero tratemos de ejercerla hoy). Este año hubiera querido que ganara Hugo (porque me fascinó) pero creo que lo merecían más The Help o Barney's Version (Grande Paul, grande!, peliculón). ¿Y de Descendants? Yo hasta se lo hubiera dado pero no exageremos. ¿Midnight in Paris? Linda, deliciosa, pero tampoco pues —me pareció mejor lograda You Will Meet a Dark Tall Stranger, de 2010, también de Woody Allen)—. ¿y The Artist? Grandioso film, merecidas todas las nominaciones, sus premios técnicos, el de actuación y tal vez el de dirección, pero el Oscar a mejor película... mmm yo no se lo hubiera dado, es decir, la película usa todas las técnicas de los 30's para hacer un hit hoy en día, valiosísimo, pero ¿se hubiera ganado el Oscar en 1930? Lo dudo. Recordar es vivir, sí, vivir es acumular experiencias y retenerlas para elaborar sobre ellas, claro, pero recordar no es progresar, es apenas vivir. Y creo, sin duda, que las mejores películas son aquellas que marcan un cambio, no sólo un recuerdo, aquellas que determinan la vanguardia. 

Richitelli.

Monday, March 12, 2012

EN COMÚN, POR AHORA.

No me gusta la mala comunicación, la comunicación poco efectiva. Es decir, nuestras sociedades están donde están debido a que en algún momento hace unos dos mil o tres mil millones de años pudimos empezar a poner en común las reflexiones que ya parecía eramos capaces de hacernos en privado; nos preguntamos por qué le quitabamos la cáscara al banano y luego se lo dijimos a uno de los nuestros que, quizá, estaba preguntándose lo mismo. A ver, antes de que se desarrolle cualquier sociedad es necesario que se produzca comunicación entre sus miembros, pero, para que sea humana, antes de que haya comunicación entre sus miembros es necesario que haya auto–reflexión, pensamiento autoreferido y autocomparado; esto es: la comunicación humana es una transferencia de datos cuestionados y reflexionados, ergo, revisados, dudados, analizados.  

Auto–reflexión + comunicación = sociedad. Los animales no tienen capacidad de auto–reflexión, aunque tengan comunicación. Los humanos a veces tenemos comunicación, aunque no usemos nuestra capacidad de auto–reflexión. Hacerse preguntas a sí mismo es quizá más difícil que hacérselas a alguien más; pedir consejo es quizá más fácil que entender nuestros más internos dilemas, nuestras más personales dudas, nuestros más dolorosos recuerdos. Por eso digo: no me gusta la mala comunicación, la poco efectiva. Ser auto–reflexivo es ser capaz de comunicarse con aquello que está en nuestro interior, con nuestra conciencia, nuestro conocimiento, nuestros recuerdos y nuestra esencia. Preguntarse cosas no es encontrarse a sí mismo. No estoy hablando de espiritualidad, de hacer yoga o meditar tratando de dejar nuestra mente en blanco; estoy hablando de conocimiento, de razón. Estoy diciendo que: es bueno preguntarnos cosas. 

En nuestra memoria (en nuestro cerebro, en todo nuestro cuerpo) está nuestra vida, y nuestra vida no es otra cosa distinta al cúmulo de nuestras experiencias, de nuestras acciones, de nuestras respuestas. ¿Pensar antes de actuar, actuar sin pensar? ¿pedir consejo, dar consejo? Pues sí, y no, también, o no. Más importante aún, al menos para mí: pensar antes de hablar, antes de decidir, antes de poner en común aquello que no te atreves siquiera a pensar en privado, antes de pontificar sobre lo que ni siquiera te has cuestionado, antes de proponer aquello que ni tú mismo harías, o que no sabes porque no te lo has preguntado ¿ya pensaste si lo que quieres decir es, en efecto, lo que te conviene decir; o si esa decisión es la correcta, o si ese insulto es el correcto? ¿No sería mejor una palabra distinta, tomar el camino difícil o usar ese otro improperio más indecente y apropiado? Y es ahora que me pregunto ¿publico o no publico este post, sigo o no sigo en este blog, abandono o no abandono la puesta en común de mis reflexiones? No lo sé, al menos me lo estoy preguntando; soy la única persona que me puede responder. Pongámoslo, pues, por ahora, en común.

Richitelli.

Friday, February 10, 2012

PRESIDENTE X

Y tras pronunciar las siguientes palabras en su, creálo usted o no, característicamente pausado y enérgico tono...

"Compatriotas, congéneres, connacionales, hermanos, camaradas, amigos, enemigos. Mi trayecto hasta el maravilloso día de hoy ha sido díficil y tumultoso, sin embargo, siento que es mi deber agradecer a cada uno de ustedes la oportunidad que me dan hoy, este impresionante e inolvidable día, de dirigir los destinos de nuestra inigualable nación, de este barco pintado de arcoiris, de esta sociedad guerrera y generosa que convertiremos en incluyente y amigable, que llevaremos al máximo de su esplendor en tanto faro de la inclusión y la razón, la comunión y el consenso, la solidaridad y evolución, gracias. A quienes votaron por mí como consejero estudiantil en los bellos y ya casi irreconocibles años de la primaria, a los que dijeron que mi homosexualidad era el peor de los crímenes en épocas de bachillerato cuando me crecían esos pocos pelos en la barba, a ese maravilloso primer novio que motivó las peores de mis tristezas y que decidió casarse antes que conocerse; a ti, amor, mi más grande tesoro: mi esposo, amigo y confidente, gracias. Gracias a todos los que me gritaron y escupieron, a quienes creyeron que la política era para hombres–hombres o mujeres–mujeres y no, simplemente, para hombres y mujeres;  gracias, gracias a quienes pensaron que la fuerza se medía en el tamaño de la puñalada y no en la fuerza de la mirada, a quienes iluminaron mi camino con preguntas, a quienes me obligaron a ser fuerte, humilde, guerrero y orgulloso. Porque ya ustedes lo saben, lo han sabido desde siempre. Soy un gay orgulloso, soy un humano orgulloso. En mi gobierno no habrá segregación alguna, no habrá exclusión alguna. Nada de cuotas escritas en letra de piedra para llenar cupos de mujeres en el gobierno, nada de cuotas obligadas para homosexuales en el gobierno, o para blancos, enanos, inmigrantes, colorao's o renegados. No más, nunca más, etiquetaremos las zonas incluyentes como espacios de tolerancia. Hasta aquí, hermanos, llegó el reinado de la exclusión y la desigualdad. Hoy un excluído ha alcanzado la presidencia, mañana, mañana no habrá excluídos, mañana habrá iguales; porque con lo que hoy está pasando, con lo que hoy está por pasar, todo el mundo, el planeta entero, la constelación completa, sabrá que la exclusión no es el camino, que la matanza debe terminar, que este discurso se tendrá que recordar. Hoy, iguales, somos más que una lucha de clases o de sexo, que una lucha de razones o corazones, que una lucha de grandes y pequeños: hoy somos una raza unida, atravesada, definida, por la igualdad. Gracias, gracias a todos por estar aquí. Gracias por votar por mí y en mi contra, gracias por criticarme y obligarme a repensar, gracias por odiarme y obligarme a amar, gracias, amigos, por matarme y obligarme a vivir. Viva el mundo, viva la nación, gracias, un futuro igual para todos los espera".

... una bomba estalló bajo el atril en el que hablaba; lo demás ustedes deberán recordarlo, lo habrán ustedes estudiado, lo habrán ustedes revivido. Su discurso inmortalizó la lucha por la igualdad, la lucha por la inclusión. Su discurso, tan hermoso como premonitorio —¿sí?—, es lo único que nos queda del punto más bajo de nuestra historia reciente. 

"Viva el mundo, viva la nación, gracias, un futuro igual para todos los espera".

Recuérdese y cúmplase. Planeta Tierra, Junio de 2051.

*Un escrito de* Richitelli.

Thursday, February 09, 2012

FESTIVAL DEL FESTEJO, FELIZ DÍA.

Feliz día del periodista, del comunicador, del abogado, del médico, del contador, de la secretaria, del conductor, del paseaperros, del acomodador, del taquillero, del tramitador, feliz día mi gente, feliz día incomprendidos. ¿Cuál es ese afán poético y festejón que nos lleva a celebrar los días de las profesiones que ejercemos? Díganme porque yo no entiendo.

¿Por qué, !por qué demonios!, celebramos aquello a lo que nos dedicamos? ¿quizá porque el trabajo dignifica al hombre, porque nos define lo que hacemos, nos enorgullecen lo noble que puede ser nuestra profesión? Porque no nos digamos mentiras, tampoco, todos creemos que nuestras profesiones son las más nobles, las más lindas, las más preciadas. Los abogados son los más nobles, los maestros son los más nobles, los periodistas los más nobles, los médicos los más nobles. 

Noble Patch Adams, noble Cristo, noble Buda, noble Yoda, Spock, Clark Kent, Peter Parker; nobles ellos, todos personajes cuyas historias fueron construidas desde el discurso de la ficción, más allá de su (verificable o no) origen real. A a mi no me vengan con la nobleza del periodismo, de la politología, de la investigación, de la heroicidad, de la filosofía o la lógica, no, no me vengan con la nobleza de ninguna ocupación, de ninguna, cojan oficio. Noble, lo que se dice noble, ni San Agustín, Descaretes, Verne, Aristoteles, Kant, Locke, Hume, Platón o James, ni siquiera nuestros pensadores más grandes. La nobleza, amiguitos, no es una cualidad ocupacional, es una humana, que es distinto, lo que no la hace, ni mucho menos, presente en toda nuestra masacradora raza ni en todas nuestras acciones diarias. 

Dice la RAE que la nobleza puede ser: 1) la calidad de noble, de lo que dice que es un personjane honrado, generoso, sincero y leal o digno de estima por su categoría moral; o 2) el conjunto de los nobles de un Estado, personas de ilustre linaje, herederos de títulos reales; o 3) hablando de químicos, aquellas sustancias que no reaccionan con otras y permanecen inalterables, como el oro y el platino, entre los metales, o el helio y el argón, entre los gases. 

Y, ¿entonces? La nobleza es y no es una cualidad, es eso a lo que deberíamos llegar si fueramos buenos humanos, al menos, pues, decentes humanos. Qué delicia que todos fueramos honrados, generosos, sinceros, leales; qué delicia, también, que esas calidades tan nuestras —una vez adquiridas, claro— las pudieramos endosar, heredar, y que nuestros hijos no las tuvieran que aprender; qué delicia que no tuvieran que recolectar de sus errores, que no sufrieran el dolor de la burla, del manoseo, la mentira, que no vivieran la injusticia y la prepotencia, qué delicia que nos heredaran una nobleza real e inalterable como la de los químicos, no un nobleza real, no una monárquica.

!Celebremos! Claro, qué más podemos hacer. El mundo se va a acabar, o al menos eso están diciendo desde antes de que la tierra era cuadrada, los malos no van a morir, la injusticia no va a acabar, la mentira sequirá igual, qué más da entonces !CELEBREMOS! Celebremos nuestros oficios, que es quizá esa única cosa tan nuestra como las uñas de nuestros dedos. Nuestras ocupaciones son lo único que nos define, porque son lo que hacemos, en lo que ocupamos nuestro tiempo, en lo que matamos nuestros sueños.
  
Ahora, hoy es el día del periodista ¿cierto? Ya recibí dos felicitaciones y no sé qué decir. Nunca pensé que la entrada número 100 de este blog hablaría, en alguna medida, sobre periodismo, quién iba a pensar. El periodismo marcó mi infancia, mi adolescencia y el principio de mi adultez, pero yo no me considero un periodista. El cartón de mi pregrado dice: Comunicador Social y Periodista pero nunca ejercí como tal después de estudiarlo; si mucho lo ejercí antes, por allá cuando hacía caricaturas para el periódico de mi papá o cuando tenía un periódico con unos amigos scout, el Scout Informativo. Creo yo, no obstante, más allá de que deteste el festival de la celebración, de que a uno deberían felicitarlo —si acaso— por aquello en lo que se desempeña, pero qué más da, gracias. 

La pasión por la comunicación me llegó de mi papá y aún no sé por qué me caló, o sí, pero no viene al caso. Tuvo periódicos, tuvo un programa radial, escribió en La Patria. Toda, toda su vida, se dedicó a comentar la actualidad, a opinar de ella, a contarla. Pero esa no era su profesión, esa era una de sus pasiones. Mi 'apá' fue educador, es abogado, pero más allá de eso, es mi papá, un gran papá, un papá noble. Ese es un día que sí vale festejar, el día del padre, o el día de la madre, ah, mi mamá no es más noble porque el término se le queda pequeño. Pero aún así, siendo ellos tan nobles, tan hermosos, la celebración debería ser todos los días, a toda hora. Feliz día papá, Feliz día mamá, los adoro, les agradezco su nobleza.

Y es que sí, debo aceptarlo, esa gente que arma celebraciones indiscriminadamente, esa no es mi gente. A ver, pongamos un ejemplo ¿Por qué no celebramos con tanto ahínco el día del banquero? ¿Será que nos parecen agiostistas, que el mero hecho de que sean prestamistas de cuello blanco, nobles en el sentido casi monárquico del asunto, inalterables en el sentido químico, los hace menos merecedores de una celebración? En México les tienen su día, es el Día del Banquero cada 12 de diciembre; en Argentina también, cada 19 de junio lo celebran, país en el que además celebran —en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires— el día del Trabajador de Banco cada 6 de noviembre, que parece que no es lo mismo ¿acaso es más noble el Banquero que el Trabajador de Banco? Esas cosas con las que uno se encuentra, si seremos desgraciados los humanos ¿no? Ea.

Somos una parrandada de doble moralistas. El periodismo es noble porque nos informa y denuncia pero cuando nos miente y desinforma no ¿cierto? Periodistas buenos y malos hay en todas partes; festejemos con los buenos y denunciemos a los malos. Los abogados son nobles cuando defienden a inocentes pero ¿cuándo defienden a culpables no? Todos tienen derecho a una legítima defensa ¿o es que nos olvidamos de los derechos humanos y toda esa chachara? Ah, claro, y los banqueros, mi ejemplazo ¿acaso no merecen también su celebración? Nuestra sociedad está construida basada en la deuda, el usufructo nos sostiene, el lucro nos motiva, dejemos ese doble racero para medir todo lo que en la vida pasa. Nada es gratis en la vida, nada.

Ni en sistemas capitalistas ni en sistemas comunistas ni en sistemas digestivos ni en sistemas neurológicos. El lucro, es decir, la obtención de dividendos —de cualquier tipo— por lo que sea que uno haga es natural, naturalmente natural. Comemos para calmar el hambre, nos esforzamos para conseguir alimentos y para pensar procesos que nos permitan hacerlo de la manera más fácil y productiva posible, así, nuestro cuerpo obtiene sus dividendos al mantenerse funcionando. Producimos conocimiento (cultura, información, lo que sea) y nuestro cuerpo (porque nuestro cerebro es nuestro cuerpo, nuestras emociones son nuestro cuerpo) obtiene dividendos: calma su necesidad de investigar, su necesidad de emocionarse, su necesidad de vivir.

El dinero es lo que mueve esta sociedad no porque sea simplemente lucrativo en tanto productivo y enriquecedor sino porque es la forma más concreta que tenemos para materializar nuestro deseo innato de superación, nuestra deseo incesante por satisfacer ese animal que quiere ser más fuerte que los otros; somos una raza que devora lo que encuentra, y, siendo así ¿porqué no celebranos la mayor de nuestras creaciones, la más grande de nuestras metáforas, la institución que guía nuestro camino? Claro, el Día del banquero es, a su vez, el día de la hipoteca, del ajiotista, del préstamo, de la deuda, de la superación, de la compra, del capitalismo, de la explotación, de la desigualdad, de la lucha de clases, !mierda!.

Claro, pero como somos unos achapados que pensamos que el dinero es necesario pero demoniaco entonces festejamos cualquier otra cosa, o si celebramos el día del banquero —como en México o Argentina— lo hacemos con la excusa de dar una chocolata o un ramo de flores (que con comprarlas ya estamos celebrando el día del banquero, oiga) o el día del trabajador (para la igualdad de clases), de la tierra (para creer que somos ecologistas), del periodista (para creernos demotratas de la información), del tuitero, del community manager, del editor, del perrero, del hamburguesero pero no lo hacemos con la claridad que deberíamos. 

Muchos son los que dicen que esas celebraciones nos permiten repensar nuestras profesiones, reflexionar lo que hacemos, y esa es la peor perogruyada que he oído. Si lo que tenemos que hacer para evolucionar —como sociedad, como raza, como gremio, como gente— es esperar a que cada año nos celebren el día de tal o cual cosa para preguntarnos qué estamos haciendo mal, cómo podríamos mejorar, qué debemos denunciar o cuál es la dirección a seguir entonces estamos es sonándonos la nariz sin papel hiniénico. La investigación es la madre de todos los avances; las preguntas solo producen respuestas, y más preguntas, y no podemos andar esperando que un día al año nos preguntemos cómo va el mundo, cómo van sus disciplincas, qué dicen los que saben sobre aquello que yo debería saber. Mediocres, somos una sociedad mediocre, somos una raza mediocre.

Pero celebremos, qué mas da. Celebrar el día del periodista es celebrar la historia, celebrar nuestra capacidad de poner en común aquello que pensamos y hacemos, es celebrar esa facultad tan nuestra de articular pensamientos y compartirlos con otros, esa forma tan nuestra de construir sociedad. Celebrar el día del periodista no es ir a desayunos, no es mandar flores, decir feliz día, contar cabezas caídas o preguntarnos qué es el periodismo una vez al año, no. Celebrar el periodismo es celebrar nuestra capacidad de autorreflexión, celebrar nuestra humanidad, es celebrar lo bueno que hicieron los buenos que nos antecedieron y denunciar lo malo que hoy hacemos, que ayer hicimos y que mañana haremos. Celebrar el día del periodista es no caer en el facilismo de hacer una pregunta sino en la díficil tarea de hacernos dos, y tres, y cuatro, miles. 

Feliz día periodistas, felices preguntas.  

Richitelli.

Tuesday, February 07, 2012

MINÚSCULO

¿Cuántas veces ha escrito usted el nombre de su peor enemigo con mayúscula inicial, cobarde? Dígame, apreciado lector ¿cuántas veces ha insultado usted a sus contradictores con una palabra bien escrita, con una intencionalmente mal escrita? ¿Ha usted, docto visitante, menoscavado la aparente sueperioridad de sus detractores con un punto final? No lo sé, no me responda, al menos no lo haga si no piensa insultarme creativamente, si no piensa plantearme una batalla letrada.

Ser valiente, señores, no es darse golpes en la calle, no es poner bombas en los pueblos ni lo es asesinar inocentes. Ser temerario, humanos, amigos, no es acuchillar por la espalda ni de frente, no es disparar a matar ni a herir, no es creer que nuestra seguridad depende de qué tan armado esté el ejercito que nos corresponda, la guerrilla que nos corresponda, el criminal que nos corresponda o la vida que nos corresponda.  NO, por ejemplo.

Ser valiente, colegas de raza, es escribir con minúscula el nombre de la gente que no te gusta, es deletrear esas palabras que necesitas se entiendan: "N O – M A T A R Á S", es escribir: NO cuando 'no' no es suficiente. Ser temerario, gente, es gritar de frente lo que pensamos a espaldas, relatar con calma lo que merece prisa, alegar con pasión aquello que urge, enumerar con exactitud eso que necesita cambio, eso que discutir se debe, eso que necesita solución, eso que N O – P U E D E – V O L V E R – A – P A S A R, eso por lo que vale la pena pelear. Pero, ¿pelear? ¿cómo? ¿no es éste un alegato por abolir las peleas, o no? ¿acaso hay otras maneras de solucionar nuestros dilemas que yéndonos a las patadas, escupiéndonos las caras, matando nuestros hijos, destruyendo nuestras escuelas, torturando nuestras madres, flajelando nuestras vidas, violando nuestros derechos, acaso?

Pues sí, yo lo he hecho, de eso quiero escribir hoy, de eso quisiera escribir mañana, por eso quisiera pelear el jueves, cualquier jueves. Yo prefiero la lucha de palabras, la puja simbólica, la contienda de la interpretación. Es cuestión, creería su humilde servidor, de proferir el argumento indicado y pelear con él, pelear por él, pelear junto a él, pelearle a él; es cuestión de, con todo, pelear en la esfera de lo simbólico, dar la lucha en el nivel de la razón incluso si nuestra contienda sea por derogar toda razón. No importa: peleemos, sí, simplemente no nos matemos, para qué.

Para qué masacrar, desenfundar, escupir, patear o matar si con escribir el nombre de nuestro némesis en minúscula queda todo dicho: minúsculo, por ejemplo. No estoy definiendo aquí el principio por medio del cual la evolución de las especies es lo que es, no nos digamos mentiras, tampoco sería capaz, apenas estoy proponiendo —si mucho, si acaso— que nos agarremos a palabras, que nuestras masacres sean relatos, que nuestras guerras sean novelas epistolares; a ver, lo que estoy diciendo, bueno escribiendo, es que, de ser necesario, acabemos primero con nuestras lenguas antes que con nuestras lenguas, pues. Usemos el lenguaje como arma, las palabras como armamento, dejemos que las letras sean nuestra munición.

¿Cuántas veces ha escrito usted el nombre de su peor enemigo con mayúscula inicial, cobarde? Más vale una minúscula bien puesta que una mayúscula inmerecida.

Richitelli.

La banda sonora de este post: 





Friday, January 27, 2012

PERIODISMO DE CONTIGÜIDAD (2.0).

Mucho gusto, mi nombre es Ricardo Bustamante Echeverry y tengo dudas sobre muchas cosas, hoy tengo un cierto inconveniente con el periodismo '2.0', veamos. 

Sigo teniendo problemas, los he tenido desde hace un buen tiempo, con el uso de twitter (esa red del microblogging que ya nos van a censurar, perros) por miembros de medios de comunicación —y para el caso, por miembros de cualquier tipo de organización, pero enfoquémonos en lo periodístico— que publican todo tipo de contenidos amparados, en algunos casos, y relacionados, en otros, con medios con algún nivel de reconocimiento. A ver, mi problema es el siguiente: si un periodista no anuncia que sus publicaciones en twitter no comprometen al medio en el que trabaja ¿qué? ¿se convierten esas publicaciones en asuntos de su 'mera', y única, autoría? ¿se convierten tales publicaciones en contenidos que le deberíamos cuestionar a los medios en los que tales personajes trabajan o es responsabilidad única de quien las publica? Hay tres cosas que me parecen importantes en esta discusión y que me disponto a tratar, levemente, como siempre, a continuación: la credibilidad, la identificación y la contigüidad (alejándome de los ya controvertidos asuntos de neutralidad y afiliación ideológica sobre los que tampoco tengo la menor idea, pero lucubremos). 

Lo que creo, enunciémoslo de una vez, es que todo periodista (término que bien podríamos reevaluar, —cosa que no haré, faltaba más— si pensamos que con ciertas herramientas tecnológicas de hoy todos nos podemos convertir en una suerte de medio de comunicación) con una cuenta en twitter debería dejar claro en su bio (su perfil, su identificación) si sus tuits compromenten, o no, al medio para el que trabaja. Se me ocurre a mí que es lo mínimo que deberían hacer, pues, para uno saber a qué se atiene, a qué tipo de información se está exponiendo.

CREDIBILIDAD.

Y digo lo anterior porque la información que un periodista–periodista (como me referiré al periodista ligado a cualquier medio de comunicación a diferencia del periodista–medio, como creo se podrían definir los sujetos sin medios, o en proceso de convertirse en uno, con algún reconocimiento; pero eso es harina de otro costal) consigue evidentemente le llega debido, en alguna medida, a su posición en dicho medio; no nos hagamos los inocentes, insisto, es una cuestión de credibilidad. La credibilidad en periodismo, a mí parecer, es la suma de varias cosas (como en cualquier otro oficio, tampoco me veo descubriendo la segunda ley de la termodinámica): 1] Conocimiento (sobre todo lo que rodea aquello en lo uno se desempeña, mientras más mejor), 2] Trabajo (—en apariencia, quien sabe si en esencia— honrado y sincero a través del tiempo), 3] Constancia, y 4] Experiencia (acumulada a través del tiempo en el oficio que se tiene, tanto como para discutirlo como para ejercerlo), y 5] Valores agregados (como: haber trabajado en una o varias empresas de comunicación, una o varias campañas políticas, una o varias empresas de relaciones públicas, y así sucesivamente, tristemente, o no, depende del marrano).

Por supuesto, esa credibilidad de la que tanto se habla a la hora de calificar, sobre todo, el trabajo de un periodista no viene sola, en periodismo la credibilidad viene acompañada de todos esos asuntos que no tienen nada, ni miércoles, que ver con lo que es en serio importante sino con cuántas veces se sale en televisión, cuántos libros con la recopilación de sus columnas se venden o cuántos rifirrafes se ha tenido con uno u otro periodista. Y es que pareciera que no es suficiente con entender que un periodista conocedor, trabajador, constante y con experiencia pueda parecernos creíble.

Aquí (momento en el que me refiero a Colombia y su 'inclusive' sociedad, para no ir más lejos) el periodista conocedor es el que más amigos tiene, no el que más sabe sobre cómo hacer periodismo; aquí el periodista constante no es el que más investiga o el que con mayor regularidad publica artículos y notas, es el que con mayor asiduidad llama a los políticos o el que no 'capa' un desayuno, perdón, rueda de prensa con refrigerio; aquí el periodista trabajador no es el que más fuentes visita, el que más preguntas hace o el que más entrevistas produce sino el que más boletines de prensa transcribe; aquí, sí, aquí, el periodista experimentado no es el que más tiempo, y con el mismo esmero, ha ejercido su oficio sino el que más incursiones ha hecho en diferentes medios sin ser realmente bueno en ninguno o el que más tetas tiene o el que más bonito se ve en los 50 bellos de TVynovelas. Así es aquí

Entonces si la información la publica el periodista y no el medio ¿qué? ¿es esa una forma facilista de soltar los datos, dejarlos correr y crecer sin comprometer al medio? No lo sé, no sé nada.

IDENTIFICACIÓN.

"Es que ese periodista tiene mucha credibilidad", "Lo que dice XXX hay que hacerlo, toca creerle", "Si lo dice La Patria (que uso como ejemplo pues podrían funcionar también El Espectador o Semana, cualquier medio, porque todos tienen un cierto nivel de credibilidad —por lo menos— con sus lectores más asiduos) es porque así es, no le busque la vuelta a la hoja". No, con cuentos no, a mí con cuentos no, por favor. Hablé de valores agregados y a esos me referiré porque cada vez lo veo más claro: aquí es más importante el añadido que el contenido.

Es distinto, es muy jodidamente distinto, identificarse como "Periodista" que identificarse como "Periodista, editor unidad investigativa revista Cambio (Q.E.P.D, funciona sólo como un ejemplo)" y eso se nota. Para quedarnos en lo supericial, en la forma y no en el contenido, en las estadísticas de seguidores que pueden tener los periodistas de uno u otro medio es muy evidente que el respaldo de una empresa de comunicación con reconocimiento implica que habrá una cierta cantidad de gente que querrá leerte así no tengas mucho qué decir, así lo único que hagas sea publicar las notas que escribes o comentar los titulares de lo que tu propia empresa publica. Un tuitero (personaje que escribe en twitter) escasamente reconocido por ser 'Trabajador, conocedor, constante y experimentado" que se hace llamar "Gerente de contenidos digitales de El Tiempo (a manera de ejemplo)" tendrá muchas más posibilidades de conseguir seguidores (lo que implica que sus publicaciones llegarán a más personas e influenciarán a más personas) que uno que se identifique como "Cinéfilo, apasionado por el séptimo arte y la producción cultural". Simple.

CONTIGÜIDAD.

Y tenía que llegar hasta este punto que es el que más me gusta, el que más ahúna mis dudas, veamos: si un sujeto se identifica como miembro de tal o cual organización periodística ¿no debería compartir una especie de responsabilidad sobre lo que dice en su cuenta de twitter? Yo creería que sí, me parece obvio. 

Hay un asunto muy teórico que me podría llevar este texto por lugares a los que no quiero llegar pero que quiero mencionar brevemente: la metonimía (que con la metáfora conforman algunos de los métodos por medio de los cuales hacemos asociaciones conceptuales de forma casi automática, ver Metáforas de todos los días, de George Lakoff y Mark Johnson, El Cuerpo en la mente de Mark Johnson) como manera de asociación conceptual, como forma de entender unos conceptos a partir de otros, es una cuestión de economía cognitiva, es una cuestión de asociación conceptual muy arraigada en la forma en que razonamos y en la forma en que nuestro cuerpo permite que lo hagamos; no es sólo un ejercicio retórico. Ahora, no es este un espacio para tal discusión pero sí para un par de ejemplos:

Si veo una uña me imagino un dedo, que me lleva al brazo, que me lleva al cuerpo, que me lleva al ser humano, que me lleva a la raza humana, a la sociedad humana. Si veo una hoja me imagino una rama, que me lleva a un montón de ramas, que me lleva a un arbol, que me lleva al reino vegetal, al planeta. Si veo la hoja seca me imagino la rama seca, el arbol muerto, el reino vegetal en peligro, el planeta sin agua, el calentamiento global. Si veo, entonces, una hoja seca siendo sostenida por una mano imagino la mano que la arranca, el brazo que hace la fuerza, el cuerpo que la produce, el humano que toma la decisión de hacerlo, la raza humana que es la responsable y vuelvo al calentamiento global, a los humanos como sociedad, al reino vegetal y a todas las relaciones que entre unos y otros hay, relaciones de contigüidad, del todo por la parte o de la parte por el todo. 

O mejor así: leo un tuit que dice: "Mataron a Cano, me contó un pajarito" de un periodista, el tuit es tan interesante que me voy a ver su bio y en ella dice "Presentador–Periodista Canal Caracol (o algo así, súmenle un programa en Caracol Radio)", qué hago, el periodista informa y se identifica como miembro de dos empresas reconocidas, yo entonces lo veo como parte de esas empresas, lo veo como una persona co–responsable de lo que dice ¿creo o no creo en esa información? Le creo ¿por qué habría de no creerle? Es un tipo que trabaja en dos de las más grandes empresas de información de mi país. Cuestión de contigüidad. Lo que pasó después no importa, el problema es que le creí.

O otro caso: leo un tuit que dice: "Por qué ponen cortometrajes de ballenas y de indígenas antes de las películas? Yo vine a ver trailers y una película, ya me aburrieron" y busco al personaje y resulta que tiene muchos seguidores y que su bio dice: "Gerente de Contenidos digitales de El Tiempo" ¿Qué puedo pensar? Pues pienso que los directivos de El Tiempo todos piensan lo mismo, pienso que en la gerencia de contenidos digitales de El Tiempo no les interesa, no saben, o saben y no les importa que exista una ley nacional de cine que incentiva la producción nacional; o pienso que les importa un pedazo de popó que las ballenas se mueran o que los indígenas tengan una cultura tan válida como la nuestra. Es una cuestión de contigüidad, lo que pienso de uno, ergo, es lo que pienso del otro.

IDENTIFICACÓN, CONTIGÚIDAD Y CREDIBILIDAD.

Todo es cuestión de contigüidad. La forma en que un periodista se identifica en la red, para mí, en unión con aquello que publica determina qué tan creíble pueda ser su información. Seamos serios, una empresa no puede andar haciéndose responsable de las opiniones de sus periodistas en twitter y los usuarios, nosotros que les seguimos y leemos, tenemos todo el derecho de saber a qué atenernos, seamos claros en la información y en la forma en que nos identificamos, es lo único que pido, pero ya sabemos que a mí nadie me hace caso.

Richitelli.