Contador Llano

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Friday, January 27, 2012

PERIODISMO DE CONTIGÜIDAD (2.0).

Mucho gusto, mi nombre es Ricardo Bustamante Echeverry y tengo dudas sobre muchas cosas, hoy tengo un cierto inconveniente con el periodismo '2.0', veamos. 

Sigo teniendo problemas, los he tenido desde hace un buen tiempo, con el uso de twitter (esa red del microblogging que ya nos van a censurar, perros) por miembros de medios de comunicación —y para el caso, por miembros de cualquier tipo de organización, pero enfoquémonos en lo periodístico— que publican todo tipo de contenidos amparados, en algunos casos, y relacionados, en otros, con medios con algún nivel de reconocimiento. A ver, mi problema es el siguiente: si un periodista no anuncia que sus publicaciones en twitter no comprometen al medio en el que trabaja ¿qué? ¿se convierten esas publicaciones en asuntos de su 'mera', y única, autoría? ¿se convierten tales publicaciones en contenidos que le deberíamos cuestionar a los medios en los que tales personajes trabajan o es responsabilidad única de quien las publica? Hay tres cosas que me parecen importantes en esta discusión y que me disponto a tratar, levemente, como siempre, a continuación: la credibilidad, la identificación y la contigüidad (alejándome de los ya controvertidos asuntos de neutralidad y afiliación ideológica sobre los que tampoco tengo la menor idea, pero lucubremos). 

Lo que creo, enunciémoslo de una vez, es que todo periodista (término que bien podríamos reevaluar, —cosa que no haré, faltaba más— si pensamos que con ciertas herramientas tecnológicas de hoy todos nos podemos convertir en una suerte de medio de comunicación) con una cuenta en twitter debería dejar claro en su bio (su perfil, su identificación) si sus tuits compromenten, o no, al medio para el que trabaja. Se me ocurre a mí que es lo mínimo que deberían hacer, pues, para uno saber a qué se atiene, a qué tipo de información se está exponiendo.

CREDIBILIDAD.

Y digo lo anterior porque la información que un periodista–periodista (como me referiré al periodista ligado a cualquier medio de comunicación a diferencia del periodista–medio, como creo se podrían definir los sujetos sin medios, o en proceso de convertirse en uno, con algún reconocimiento; pero eso es harina de otro costal) consigue evidentemente le llega debido, en alguna medida, a su posición en dicho medio; no nos hagamos los inocentes, insisto, es una cuestión de credibilidad. La credibilidad en periodismo, a mí parecer, es la suma de varias cosas (como en cualquier otro oficio, tampoco me veo descubriendo la segunda ley de la termodinámica): 1] Conocimiento (sobre todo lo que rodea aquello en lo uno se desempeña, mientras más mejor), 2] Trabajo (—en apariencia, quien sabe si en esencia— honrado y sincero a través del tiempo), 3] Constancia, y 4] Experiencia (acumulada a través del tiempo en el oficio que se tiene, tanto como para discutirlo como para ejercerlo), y 5] Valores agregados (como: haber trabajado en una o varias empresas de comunicación, una o varias campañas políticas, una o varias empresas de relaciones públicas, y así sucesivamente, tristemente, o no, depende del marrano).

Por supuesto, esa credibilidad de la que tanto se habla a la hora de calificar, sobre todo, el trabajo de un periodista no viene sola, en periodismo la credibilidad viene acompañada de todos esos asuntos que no tienen nada, ni miércoles, que ver con lo que es en serio importante sino con cuántas veces se sale en televisión, cuántos libros con la recopilación de sus columnas se venden o cuántos rifirrafes se ha tenido con uno u otro periodista. Y es que pareciera que no es suficiente con entender que un periodista conocedor, trabajador, constante y con experiencia pueda parecernos creíble.

Aquí (momento en el que me refiero a Colombia y su 'inclusive' sociedad, para no ir más lejos) el periodista conocedor es el que más amigos tiene, no el que más sabe sobre cómo hacer periodismo; aquí el periodista constante no es el que más investiga o el que con mayor regularidad publica artículos y notas, es el que con mayor asiduidad llama a los políticos o el que no 'capa' un desayuno, perdón, rueda de prensa con refrigerio; aquí el periodista trabajador no es el que más fuentes visita, el que más preguntas hace o el que más entrevistas produce sino el que más boletines de prensa transcribe; aquí, sí, aquí, el periodista experimentado no es el que más tiempo, y con el mismo esmero, ha ejercido su oficio sino el que más incursiones ha hecho en diferentes medios sin ser realmente bueno en ninguno o el que más tetas tiene o el que más bonito se ve en los 50 bellos de TVynovelas. Así es aquí

Entonces si la información la publica el periodista y no el medio ¿qué? ¿es esa una forma facilista de soltar los datos, dejarlos correr y crecer sin comprometer al medio? No lo sé, no sé nada.

IDENTIFICACIÓN.

"Es que ese periodista tiene mucha credibilidad", "Lo que dice XXX hay que hacerlo, toca creerle", "Si lo dice La Patria (que uso como ejemplo pues podrían funcionar también El Espectador o Semana, cualquier medio, porque todos tienen un cierto nivel de credibilidad —por lo menos— con sus lectores más asiduos) es porque así es, no le busque la vuelta a la hoja". No, con cuentos no, a mí con cuentos no, por favor. Hablé de valores agregados y a esos me referiré porque cada vez lo veo más claro: aquí es más importante el añadido que el contenido.

Es distinto, es muy jodidamente distinto, identificarse como "Periodista" que identificarse como "Periodista, editor unidad investigativa revista Cambio (Q.E.P.D, funciona sólo como un ejemplo)" y eso se nota. Para quedarnos en lo supericial, en la forma y no en el contenido, en las estadísticas de seguidores que pueden tener los periodistas de uno u otro medio es muy evidente que el respaldo de una empresa de comunicación con reconocimiento implica que habrá una cierta cantidad de gente que querrá leerte así no tengas mucho qué decir, así lo único que hagas sea publicar las notas que escribes o comentar los titulares de lo que tu propia empresa publica. Un tuitero (personaje que escribe en twitter) escasamente reconocido por ser 'Trabajador, conocedor, constante y experimentado" que se hace llamar "Gerente de contenidos digitales de El Tiempo (a manera de ejemplo)" tendrá muchas más posibilidades de conseguir seguidores (lo que implica que sus publicaciones llegarán a más personas e influenciarán a más personas) que uno que se identifique como "Cinéfilo, apasionado por el séptimo arte y la producción cultural". Simple.

CONTIGÜIDAD.

Y tenía que llegar hasta este punto que es el que más me gusta, el que más ahúna mis dudas, veamos: si un sujeto se identifica como miembro de tal o cual organización periodística ¿no debería compartir una especie de responsabilidad sobre lo que dice en su cuenta de twitter? Yo creería que sí, me parece obvio. 

Hay un asunto muy teórico que me podría llevar este texto por lugares a los que no quiero llegar pero que quiero mencionar brevemente: la metonimía (que con la metáfora conforman algunos de los métodos por medio de los cuales hacemos asociaciones conceptuales de forma casi automática, ver Metáforas de todos los días, de George Lakoff y Mark Johnson, El Cuerpo en la mente de Mark Johnson) como manera de asociación conceptual, como forma de entender unos conceptos a partir de otros, es una cuestión de economía cognitiva, es una cuestión de asociación conceptual muy arraigada en la forma en que razonamos y en la forma en que nuestro cuerpo permite que lo hagamos; no es sólo un ejercicio retórico. Ahora, no es este un espacio para tal discusión pero sí para un par de ejemplos:

Si veo una uña me imagino un dedo, que me lleva al brazo, que me lleva al cuerpo, que me lleva al ser humano, que me lleva a la raza humana, a la sociedad humana. Si veo una hoja me imagino una rama, que me lleva a un montón de ramas, que me lleva a un arbol, que me lleva al reino vegetal, al planeta. Si veo la hoja seca me imagino la rama seca, el arbol muerto, el reino vegetal en peligro, el planeta sin agua, el calentamiento global. Si veo, entonces, una hoja seca siendo sostenida por una mano imagino la mano que la arranca, el brazo que hace la fuerza, el cuerpo que la produce, el humano que toma la decisión de hacerlo, la raza humana que es la responsable y vuelvo al calentamiento global, a los humanos como sociedad, al reino vegetal y a todas las relaciones que entre unos y otros hay, relaciones de contigüidad, del todo por la parte o de la parte por el todo. 

O mejor así: leo un tuit que dice: "Mataron a Cano, me contó un pajarito" de un periodista, el tuit es tan interesante que me voy a ver su bio y en ella dice "Presentador–Periodista Canal Caracol (o algo así, súmenle un programa en Caracol Radio)", qué hago, el periodista informa y se identifica como miembro de dos empresas reconocidas, yo entonces lo veo como parte de esas empresas, lo veo como una persona co–responsable de lo que dice ¿creo o no creo en esa información? Le creo ¿por qué habría de no creerle? Es un tipo que trabaja en dos de las más grandes empresas de información de mi país. Cuestión de contigüidad. Lo que pasó después no importa, el problema es que le creí.

O otro caso: leo un tuit que dice: "Por qué ponen cortometrajes de ballenas y de indígenas antes de las películas? Yo vine a ver trailers y una película, ya me aburrieron" y busco al personaje y resulta que tiene muchos seguidores y que su bio dice: "Gerente de Contenidos digitales de El Tiempo" ¿Qué puedo pensar? Pues pienso que los directivos de El Tiempo todos piensan lo mismo, pienso que en la gerencia de contenidos digitales de El Tiempo no les interesa, no saben, o saben y no les importa que exista una ley nacional de cine que incentiva la producción nacional; o pienso que les importa un pedazo de popó que las ballenas se mueran o que los indígenas tengan una cultura tan válida como la nuestra. Es una cuestión de contigüidad, lo que pienso de uno, ergo, es lo que pienso del otro.

IDENTIFICACÓN, CONTIGÚIDAD Y CREDIBILIDAD.

Todo es cuestión de contigüidad. La forma en que un periodista se identifica en la red, para mí, en unión con aquello que publica determina qué tan creíble pueda ser su información. Seamos serios, una empresa no puede andar haciéndose responsable de las opiniones de sus periodistas en twitter y los usuarios, nosotros que les seguimos y leemos, tenemos todo el derecho de saber a qué atenernos, seamos claros en la información y en la forma en que nos identificamos, es lo único que pido, pero ya sabemos que a mí nadie me hace caso.

Richitelli.

Thursday, February 11, 2010

Tiempos Aquellos

Ayer mi querido amigo Leozales tuvo la delicadeza de recordarme un episodio único, irrepetible e infinitamente gracioso. Es una anécdota larga o corta, depende de por dónde se le mire, en últimas no es gran cosa, pero trae a mi mente momentos que hace más de una década no vivía, que hace más de una década no reía.

Aquella historia, no, mejor (como dicen los periodistas deportivos cuando se equivocan y en vez de corregir su adefecio 'mejor' lo mejoran) aquella serie de historias es una colección de sucesos, penurias, infortunios, menesteres, felicidades y su conexión con nuestras vidas. No las escribiré todas, es más, no escribiré ninguna. Esto no es un informe, es un recuerdo y como está un tanto borroso no exijan mucho.

Ninguno de nosotros tenía más de 19 años ni menos de 16 y de seguro ya nos habíamos afeitado por primera vez; podría ser nuestro último año de colegio (que para algunos duró más que para otros) o podría ser el primer semestre del resto de nuestras vidas. Habíamos construído una amistad que ya superó su primera década, el internet había aparecido hace poco en nuestras vidas e igualmente lo había hecho el pasatiempo preferido de todo jóven manizaleño que ya sabe lo que es darse un 'Borondo' por la 23. Normalmente eramos 5, a veces 6 y a veces 4. Casi todos teníamos ya claro que ibamos a estudiar o teníamos algo que queríamos hacer con nuestras vidas.

¿Pero qué fue lo que Leozales trajo de nuevo a mi mente? Pues me recordó una de las bandas sonoras de aquellos tiempos, me puso a buscar en anaqueles insospechados y me hizo caer en la cuenta de que: no estamos viejos pero ya somos adultos. Claro, por esa época bajar música a 1.4 Kb/s era un hit y yo no pagaba la cuenta, mi papá sí; hoy hay triple play y lo pago yo. En aquella época el trago no me caía tan mal, hoy sí. Eran los días en que o eras virgen o no sabías qué hacer (hoy probablemente tampoco, pero se intenta). Eran los tiempos de la risa, la falta de preocupación, los amores platónicos y la ingenuidad; hoy no es tanto así. Quedarán siempre las risas pero ya no hay ingenuidad; las preocupaciones abundan y el amor platónico se me hizo realidad, ahora ya sé lo que es enamorarse y no me quiero devolver, en el hoy estoy feliz.

Tiempos aquellos son los que hicieron lo que somos hoy, son nuestro curriculum vitae. Tiempos Aquellos en los que bajabas una canción en 12 horas simplemente para musicalizar la historia (asombrosa) de tu amigo al se le perdía el buen gusto con un par de frías; tiempos aquellos.

¿quieren oir aquella canción? aquí abajo está, sólo hay que dar click.





Jajaja, qué buena excusa para recordar.

Richitelli.

Saturday, July 11, 2009

RESERVOIR DOGS: ERASE UNA VEZ EL TIEMPO PERO TUVE QUE CONTARLO.

*Se acerca el estreno de Inglorious Bastards, la última película de Tarantino, y cómo tengo tantas ganas de volver a ver una de sus producciones no me aguanté y volví una de sus obras cumbres: Reservoir Dogs. Aquí dejo mis impresiones.
LEY # 1: ¨Las apariencias engañan, pero no son mentirosas¨.
Pregunta: ¿Qué es más fácil y menos comprometedor, 1) analizar una película desmenuzada en pequeños adminículos que no hablan de un todo sino, por el contrario, de un cada uno por separado o, 2) interpretar esa misma película desde la relación que se genera entre el que la hizo, el que la ve y ella misma?

Respuesta:
es lógico pensar que es mejor y menos engorroso despedazar la película en planos, escenas y secuencias; ahorrarse todo ejercicio de asociación y, además, no tener un verdadero compromiso con eso que llaman apreciación. Pero es que el cine existe, como el hombre, en ese preciso momento en el que está, en esa precisa relación... en esta precisa interpretación. Y esa interpretación es el tiempo.

Sí, es que el tiempo es cosa seria, pero no seria en el sentido de rigurosa, estricta, rígida y poco comprometida, sino en el sentido de la interpretación. El tiempo no se puede agarrar, ni manipular, ni desmenuzar, no, qué es eso, el tiempo es el hombre y el hombre el tiempo.

Claro, los animales están vivos porque funcionan bien, los humanos también están vivos porque funcionan bien, pero existen porque funcionan y están-ahí. Primero aparentemente vivimos y luego aparentemente existimos.

LEY # 2. ¨La distancia más corta entre un punto y otro es una línea recta, aunque sea larga¨.
Eso es lo que la vida no compadece. ‘Una’ existencia humana no es una crónica lineal, no es una estadística de lo que se hizo año tras año, ni día tras día, eso no es. Una existencia es una relación entre el hombre y el mundo un asunto de compenetración entre lo que el mundo propone y el hombre dispone. Es cierto que el hombre vive, de acuerdo al calendario, en una línea temporal decreciente en la que mientras más días se tengan en el haber menos habrá en el llegar, pero es que la existencia no radica en contar los días en el calendario, no, la existencia radica en el estar ahí. El humano existe porque necesita –más que querer, poder o deber– sentir, recordar, olvidar, retener, repetir o hacer lo que le de la gana con esas experiencias que son suyas y sólo suyas hasta que decida compartirlas (bueno, en ese momento dejarían también de ser suyas para ser de aquellos que las experimentaron por primera vez).

El cine existe, como el hombre, en ese preciso momento en el que está, en esa precisa relación y por lo tanto al cine no se le puede exigir tan sólo la linealidad en su devenir, no. La temporalidad es un tema que nunca va a escapar a la obtusa necesidad de contar. Si, el orden es muy importante, claro, dispone de los hechos en una línea temporal y permite ver cómo sucedieron las cosas, pero es que no siempre debe ser en línea, o en círculo, o en zig-zag, además, qué beneficios tiene conocer el orden temporal de una película si no se siente el tiempo de la misma. Es que hay que entenderlo con claridad: el tiempo no es que la película dure 10, 70 o 8 minutos, no. El tiempo es la existencia de la película, es la fluidez narrativa que a unos los atrapa y a otros los aleja de los filmes. El tiempo es una característica que une lo que pasa con lo que se siente.
ORACULO # 1: “El cine no es cosa de locos, es cosa de hombres, y los hombres están locos”.
¿Existirá alguna mujer que no haya tomado su primera menstruación como una experiencia más de vida sino como un asunto de segundos y minutos? Sí, seguro que la hay, y lo más seguro es que en este momento es la mujer más frígida del mundo.

El cine de Quentin Tarantino no es fácil de ver, es cierto. A veces se caga en la temporalidad, a veces exagera con la sangre y a veces, sólo a veces, hace cosas normales; pero es que hacer películas no es cuestión de normalidad o anormalidad, es cuestión de narrar, y cada quien narra como quiere.
ORACULO # 2: “Si él pudo, pues yo también. Patos al agua¨.
“Érase una vez el tiempo pero tuve que contarlo, érase una vez la bala que atravesó mis entrañas pero tuve que aguantarla, Sí, tuve que aguantarla. El desayuno no estuvo mal pero Mr. Pink no quiso pagar la maldita propina, es un tacaño de mierda. Yo estaba ahí tirado en el auto gritando porque iba a morir y mi amigo no pudo entregarme porque yo conocía su secreto. Desgraciado seas Joe, no debiste contratarnos en primer lugar. Estoy ahí tirado y entra Eddie, se va y me deja con Mr. Orange y mi compañero, Joe llega, paga el desayuno, discute con Mr. Pink por el dólar de la propina y me apunta con su pistola, yo estoy ahí tirado, él me apunta con su arma y dice que soy un policía. Prendo un cigarrillo, cuento mi escena de 4 páginas y todos ríen, Mr. Orange le arranca una oreja a mi compañero y marca su rostro, lo va a quemar y yo le disparo, Joe me dispara, mi amigo le dispara a Joe, Eddie le dispara a mi amigo y los tres caen. Yo le digo a mi compañero que soy policía y que hasta que no entre Joe por esa fucking puerta nadie entrará a rescatarnos. Eddie lo mata y yo le confieso a mi amigo, que se hizo disparar por mi, que soy policia, el va a matarme y mis amigos policías entran. Estoy en el bar, le confieso al negro que voy a ser un policía incubierto, hablamos y me entrega un guión, si quiero sobrevivir voy a tener que ser buen actor”.

Exactamente, como quiere. Como en el texto anterior (no muy bueno pero si ilustrativo) los Perros de la Reserva es una cinta que no resulta para nada fácil de apreciar pero que es una muy buena experiencia asociativa. No todo lo que se ve tiene que ser inteligible en primera instancia, no, ¿por qué?, ¿hay alguna regla que prohíba el desorden en los relatos?, no, no la hay. Cada uno cuenta como le fue dependiendo de cómo le haya ido, eso es básico. Qué buena película, qué buena película. Los Perros de la Reserva es un film que reafirma el hecho de que la existencia es asunto de desordenes ordenados por el desorden. El cine no es cosa de locos, es cosa de hombres, y los hombres están locos, claro, los hombres estamos locos porque no somos una estadística exacta ni son una estructura cerrada, los hombres estamos locos porque existimos en ese preciso instante en el que se es estando, estando ahí.

Richitelli.