Ley #1: “No hay vida sin narración”.
El cine era un tema muy reiterativo en este blog y no dejé de escribir sobre él porque no quisiera o pudiera, tampoco porque hubiera dejado de verlo o hubiera cambiado de gustos; simplemente he redescubierto, gracias a lo variopinto de lo que escribo y a los recuerdos de lo que hice y dejé de hacer, que me gusta tanto expresar sándeces que no me importa tanto la forma como el fondo, prefiero una historia bien contada a una inentendible en un formato traído de los cabellos. Sí, me gustan los formatos traídos de los cabellos (y mucho), pero los prefiero si su contenido es tan coherente que pudiera usarse en otro totalmente distinto y de todas formas se puediera plasmar la esencia del cuentillo original.
Oráculo #1: “Do you dream? Or should I say... can you put a price on your dreams?
(¿acaso tú sueñas? O debería decir... ¿te sientes capaz de ponerle precio a tus sueños?)
(¿acaso tú sueñas? O debería decir... ¿te sientes capaz de ponerle precio a tus sueños?)
El imaginario no es la película más hermosa ni bien contada que he visto. Se queda en el intento de reemplazar a su famoso actor fallecido y tiene algunos problemas para concentrar la atención del espectador (el suspense que llaman). Por supuesto, entiendo que no sea fácil sustituir a un actor que murió en pleno rodaje y que logró (tal vez) la mejor actuación de su carrera apenas unos meses antes de morir y luego ser encumbrado dentro de aquella élite de estrellas finadas, pero, la solución me pareció más bien simplona, al menos para una película enmarcada dentro de un terreno en el que todo es posible.
Sin embargo, la película tiene cosas realmente bonitas; por alguna razón fue nominada a mejor dirección de arte y diseño de vestuario en los óscares, pero eso, por lindo que les haya quedado (que me pareció en serio muy lindo) no es lo que más me afectó. A mí me impresionó (me fascinó, la verdad) la facilidad con la que está película logró conectarme con mis sueños, la tranquilidad con la que definió la viabilidad de la vida como, en principio y desde el principio, una continuidad de historias.
Y ese mero apunte, que luego termina en un encadenamiento de apuestas y decisiones, hace de esta una película que merece ser vista.
Un personaje:
Anton, el chico enamoradizo y fantasioso que presenta las funciones de Parnassus, es tal vez el único que realmente entendió lo peligroso y hermoso de entrar en aquel espejo. Buena actuación de Andrew Garfield y mejor final para Anton.
Un apunte:
El diablo, más conocido como Mr. Nick, acaba de detener abruptamente las interminables relatorías de los monjes que supuestamente nos mantienen vivos con sus relatos. El mundo no se acaba y él está feliz, su hipótesis es correcta. Pasan unos segundos y un pájaro se caga en el diablo – maravilloso -. Parnassus ríe, tapa su boca para no parecer exageradamente burlesco, no se aguanta y habla: “You can't stop a story being told” - “No puedes evitar que una historia sea contada. En este momento millones de historias están siendo contadas en todo el mundo; nuestro trabajo ya no es necesario”. Hermoso. ¿Es acaso la vida tan sólo eso, una continuidad de historias?.
Una secuencia:
Un jóven arriesgado y borrachín entró por el espejo. Luego de deambular por lo imaginable e inimaginable cayó al piso y su rostro golpeó con fortaleza un charco lleno de fango. Al levantarse notó que algo había cambiado. A su alrededor todo seguía igual, incomprensible, diverso, dudoso. Él no era el mismo, su rostro no era el mismo. Con un mero golpe y esta mera secuencia Terry Guillian (el mismo director de 12 Monos y Fear & Loathing in Las Vegas) nos revela, desde el principio del film, cómo intentará sopesar la ausencia de Ledger. Mal. No me gustó. Uno puede mostrar una cosa sólo una vez en un relato así en la historia se repita en innumerables ocasiones; pero lo que no se puede hacer es meterlo al principio de la película creyendo que con eso se va a ahorrar una explicación posterior y, tal vez, sólo tal vez, un poco menos simplona. No importa Guillian, con hacerme recordar el valor de contar historias te ganaste un puesto en mi cielo del Film.
Una cita:
"Damn. I won”. Dice Mr. Nick interpretado por el inmejorable Tom Waits, Grande.
Richitelli.

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